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Por qué nos gustan las películas de adolescentes moribundas (y cuál es la próxima que veremos)

Amor y muerte, 'eros' y 'thanatos', amantes condenados. El concepto no es nuevo (¡hola, Edipo!), pero los guionistas de Hollywood se las ingenian como nadie para actualizarlo. Y tienen en el punto de mira a las espectadoras más jóvenes. 

ANA CORTIZO| WOMAN.ES

Chica conoce a chico, chica consigue a chico, chica muere de horrible enfermedad dejando a chico reflexionando sobre la fugacidad de la vida y sus placeres. Es el esquema habitual de las películas de romance terminal en las que la chica moribunda suele ser la estrella absoluta (aunque a veces son ellos los que mueren: 'Posdata, te quiero', 'Antes de ti'). Clásicos como 'Love Story' o 'Esplendor en la hierba' podrían encuadrarse en este género, y también películas más recientes, como 'Noviembre dulce' o 'Un paseo para recordar'. Pero, en los últimos tres años, estas películas que combinan hormonas, romance y fallo multiorgánico abundan como champiñones. 

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El pistoletazo de salida lo dio 'Bajo la misma estrella' (2014), una película que lo tuvo todo para triunfar y triunfó: se basaba en un 'best-seller' juvenil, el 'casting' (Shailene Woodley, Ansel Elgort) era infalible y la premisa apuntaba a lo más tierno del corazón 'teen': dos adolescentes afectados de cáncer se enamoran durante las sesiones de un grupo de apoyo para terminales. Él mejora, ella no. Los espectadores lloran ríos de lágrimas, se tatúan frases de la película, escuchan temas de 'My chemical romance', se peinan tapándose un ojo. Y luego, con suerte, se ponen a estudiar para los exámenes finales.

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Después de 'Bajo la misma' estrella llegaron 'Si decido quedarme' (adolescente comatosa repasa su vida a base de 'flashbacks' para intentar dilucidar si merece la pena despertar de nuevo) o 'Yo, él y Raquel' (chico perdido en la vida entretiene los últimos meses de una adolescente terminal, y ella, a cambio, consigue póstumamente que le admitan en la universidad). En agosto llegará a nuestras pantallas 'Everything, Everything', una cinta que aporta una sutil diferencia al género, convirtiendo el amor en el riesgo definitivo y no en la última cena de la joven protagonista. Maddy (Amandla Sternberg, Rue en 'Los juegos del hambre') es una adolescente que vive aislada en su casa por un raro síndrome que afecta a su sistema inmunológico y que, aun así, conoce a un chico del que se enamora. Por él decidirá que vivir en una burbuja no merece la pena, y por él desafiará a la autoridad materna y médica, con románticos (y, suponemos, letales) resultados. 

Pero, ¿por qué estas tristísimas historias sin final feliz fascinan hasta la obsesión a nuestros (y sobre todo a nuestras) adolescentes? Se nos ocurren tres razones. En primer lugar, la adolescencia, tal vez por su necesidad de emociones extremas, vive un peculiar romance con la muerte. Lo vemos en sus tribus urbanas (góticos, emos), en sus altas tasas de suicidio (el 7,7% del total) y en su afición por las actividades peligrosas. Además, y a pesar de que nos educan para creer lo contrario, en la vida no necesitamos solo felicidad.

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Y si, en muchas ocasiones, los jóvenes reclaman películas masturbatorias, que satisfagan sus ansias eróticas, en otras piden historias 'sadturbatorias', que estimulen hasta el éxtasis su necesidad de melancolía. Por último, los amores perfectos de la ficción son un consuelo para las decepciones de la vida real, tan deficitaria en finales redondos. Para esas adolescentes que han descubierto que su primer amor era un muermo, que han sufrido sus primeros cuernos a sus manos o que han sido abandonadas por razones tan difusas como la mente 'teen': ¿qué puede haber más satisfactorio que un romance imposible de estropear, congelado en el tiempo por las garras de la muerte? Supera esto, segunda novia, podrían decir las protagonistas de estas películas según aparece el “The end” en pantalla.

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