Generación Z, conocida generación posmilénica​ o centúrica. | Priscilla Du Preez para Unsplash

¿Es la generación Z la más sobria de los últimos tiempos?

¿Una generación Alcohol Free? ¿Están menos interesados en la noche y el alcohol que la generación de sus padres, la de sus abuelos y hasta la de sus bisabuelos? ¿Puede ser posible semejante extravagancia?

 

Paola Lei | Woman.es

La también llamada Generación Z, nacida después de 1996 parece más interesada en cuidar su salud, su cuerpo y su agudeza mental; y sobre todo en salvaguardar su buena imagen en las variadas redes sociales que en irse de fiesta y emborracharse. Beber y salir les parece “demasiado repetitivo” y una actividad que consume demasiado tiempo. Al menos en teoría, y según su discurso oficial prefieren mantenerse sobrios y enfocados en crear relaciones más reales y profundas, y para ese objetivo, el alcohol les parece un agente peligroso.

Si en 2016 la generación anterior, los Millennials, se bebió el 42% del vino que se vendió en Estados Unidos, este patrón no se ha repetido en los que vienen detrás que han convertido en tendencia la abstinencia al extremo de organizar las Sober Parties (Fiestas Sobrias), también llamaas DOSE, unas reuniones donde buscan el bienestar a partir de sustancias químicas que se liberan de modo natural y que son fuente de placer, entre ellas la dopamina, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas (de ahí la sigla DOSE). En estas fiestas no se bebe alcohol porque – dicen- “el alcohol no les da lo que ellos quieren, encima les impide recordar con precisión los buenos momentos que han vivido.

Si revisamos las cifras en España, un país con una cultura mucho más permisiva con el alcohol, podríamos confirmar que el alcohol ya no está de moda. En 2017 tuvo lugar en España la primera Healthy Party (Fiesta saludable). Un oxímoron absoluto en nuestra cultur. Se llamó Soundrise y empezó con un desayuno y música en directo a la seis de la mañana. La Organización Mundial de la Salud informa de un aumento de la cifra de adolescentes abstemios entre 20012 y 2014. Según su informe “ en muchos países europeo se ha visto un descenso reciente del consumo de alcohol en paralelo de un aumento de los adolescentes que se abstienen de tomarlo”. El Plan Nacional de Drogas de España también detecta un aumento de los abstemios entre estudiantes de 14 y 15 años. Se observa un cambio en los hábitos de ocio de los más jóvenes. Si en 1999 el 65% decía en una encuesta que quería salir todos los fines de semana, en 2017 este era el deseo de solo el 26%.

Esta generación es una de las más educadas e informadas acerca de la salud de su cuerpo y se concentran en consumir superalimentos en lugar de sustancias tóxicas para escapar de su realidad. De hecho no buscan huir de su realidad, al contrario quieren documentarla en sus redes sociales del modo más perfecto e idealizado posible. Las fotos de una borrachera con su consiguiente resaca no entra en sus cánones estéticos. En su lugar prefieren la autenticidad, permanecer despiertos y conectados y hacer honor a otra tendencia, el mindfullness, que choca de frente con los efectos del alcohol.

Los expertos señalan a las nuevas tecnologías y a las redes sociales que propician cierta obsesión con la imagen y cierto culto al cuerpo, además de la preocupación por la salud que, en el caso de España, y según el informe ‘Jóvenes españoles entre dos Mundos’ es lo más importante por encima de la familia, el ocio y los amigos. En 2010 la cifra de jóvenes abstemios en España era superior a la media europea (cifras de la asoción Controla Club).

La generacion Z parece haber encontrado la salvación en la abstinencia. No es raro que algunos antropólogos sociales hablen de la “Sobriocracia” o del crecimiento de “los nuevos puritanos”. El asunto es que lo llamen como lo llamen han conseguido que no beber sea cool y que su cambio de hábitos empiece a alarmar a algunas industrias. No pocos expertos señalan que las redes sociales y la adicción al teléfono también están arruinando la industria del alcohol como ya hicieron con las discotecas, los restaurantes y todos aquellos templos del ocio pensados para beber, desinhibirse y conocer gente. ¿Quién necesita todo eso teniendo Tinder y Netflix? Otros miran a la generación de sus padres marcada por todo tipo de excesos en el consumo de susrancias y explican tanta moderación en la tradicional rebelión contra los padres.

Existe una categoría los curiosos sobrios (sober curious) que engloba a aquellos que beben poco o nada de alcohol pero que hacen alarde de ellos en sus redes sociales, igual que hace unos años se publicaban las mimosas de los brunch de los hipsters. Estos semi abstemios se proponen estudiar cada situación social para decidir si la pueden pasar sin probar una gota de alcohol.

El escritor británico Ruby Warrington, autor del libro Sober Curious, cree que reducir o eliminar el alcohol es “el siguiente paso lógico en la revolución del bienestar”.

Sus diez motivos para no beber

1. Experimentar una mejor conexión con el mundo.

2. Vivir alineado con tus valores: Prefieren ser íntegros y coherentes con sus ideas que complacer a otros o tratar de encajar en los intereses de otros.

3. Enfrentar mejor los conflictos: Creen que ser abstemios les permite dormir mejor y tener un pensamiento más claro y agudo para enfrentar la realidad y los conflictos.

4. Conectar mejor con el cuerpo.

5. Ser más productivos.

6. Estar más presente.

7. Dar un paso más en su vida hipersaludable.

8. Experiemnetar una mejoría en el estado de ánimo.

9. Mejorar las habilidades sociales

10. “Emborracharse” naturalmente: Creen que pueden alcanzar un elevado grado de bienestar a través de yoga, la meditación y la práctica de ejercicio físico.

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