El escritor Fernando Aramburu vive en Alemania desde hace más de 20 años: se enamoró de una alemana, la Guapa, y se fue con ella. Tiene dos hijas. | Iván Giménez

Fernando Aramburu: "Tengo mucho respeto por las mujeres, pero debo meter personajes que muevan a la acción"

Cinco años después del fenómeno “Patria”, el escritor vasco presenta 'Los Vencejo', una novela deslumbrante, ácida y descreída, pero también tierna y con humor, sobre un hombre que decide acabar con su vida.

Ester Aguado

Lo ha vuelto a hacer. En 2017, le concedieron el Premio Nacional de Literatura por «la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de puntos de vista». En su nueva novela, este genio madrugador, lúcido y metódico vuelve a deslumbrarnos. Lo encontramos en Hannover, charlamos con él vía Zoom y descubrimos que se toma la vida con sencillez, calma, gratitud y sentido del humor. Junto al amor de su vida.

Cuando se produjo el boom de “Patria”, ¿ya tenía esta historia en la cabeza?

No, estuve muy absorbido por la promoción y los viajes, y no estaba en condiciones de abordar una novela de estas dimensiones. Estuve preparando otros textos, porque no puedo estar sin escribir (“Utilidad de las desgracias”, que reúne sus mejores artículos literarios y el personal “Autorretrato sin mí”) y dos años después comencé despacio... Hasta que llegó la pandemia y me enfrasqué en mi nuevo juguete literario.

¿No le agarrotó la posibilidad de defraudar, con tantos ojos puestos en esta nueva novela?

No, nunca he sentido ese peso. Sí que pensé que después de la desmesurada atención de “Patria” no sería adecuado salir con otra novela, porque pagaría la factura de tanto elogio y tanto premio, por eso cambié de género. Yo ya me he lavado en todo tipo de aguas, como dicen en alemán, y estoy literariamente muy tranquilo. Sé que “Los vencejos” no tendrá la repercusión ni política ni social de “Patria”. Además, aspiro a la serenidad y, aunque tengo ambición literaria, no necesito el éxito a toda costa.

'Los vencejos' habla de un profesor de instituto que decide programar su suicidio, mientras pone en orden su vida. | Tusquets

¿Tiene algo de esa decepción con el mundo que embarga a Toni, su protagonista?

No, yo soy un enamorado de la vida. Sé que vivimos un número de años limitado, pero eso me lleva a la gratitud y mi relación con la gente que me rodea es cada vez más apacible. Lo único que me acerca al personaje es el amor por los libros y la perra... La mía no se llama Pepa, sino Luna.

Es el único ser femenino que sale bien parado...

No comparto esa afirmación, claro, la tuya es una lectura femenina. No creo que los varones queden mucho mejor. Lo que pasa es que vemos a los personajes a través de Toni, el protagonista... pero yo fui repartiendo algunos detalles que desmintiesen su perspectiva. Aparte de la perra, también está Tina, la muñeca sexual, que he desnudado de toda comedia; ambas son elementos que remarcan su soledad. Y luego, Águeda me parece fundamental, aunque esté metida poco a poco. A todos ellos, la vida les ha ido marcando a su manera. Yo tengo mucho respeto por las mujeres, pero debo meter personajes que muevan a la acción. Aparte de que tengo dos hijas (Cecilia e Isabel) y soy muy sensible al feminismo, que apoyo porque tengo un talante demócrata absoluto. Pero sé que me meterán caña por eso y estoy preparado (risas).

Le ha dedicado la novela a La Guapa, con mayúsculas... ¿A quién se refiere?

A mi mujer, Gabriele. La conocí cuando estudiaba Filología Hispánica en Zaragoza, hace ya 38 años, y ahí seguimos. Es una persona fundamental en mi vida, porque me ha hecho conocer el amor en multitud de facetas. Y me ha acompañado en la construcción de esta novela, sobre todo en los episodios más crudos: es una mujer sensata que tiene una percepción interesante y compleja de la realidad y las personas. Sus consejos fueron muy valiosos y quise agredecérselo: Guapa es como la llamo en la intimidad.

¿Ha pensado alguna vez en acabar con su vida a la carta, como los protagonistas de su novela?

Muchas. Alguna vez he definido la cultura como el arte de aprender a morir bien. Tengo mujer y dos hijas y no enfoco la muerte como algo privado o individual, tendría que contar con ellas. Pero si llegase a la vejez y no pudiera valerme por mí mismo, perdiera la lucidez... no me gustaría seguir viviendo. Me parece bien que haya una ley de eutanasia. Pero yo no tengo angustia existencial ni estoy al borde de un abismo psicológico, tiendo al racionalismo. como mi personaje, que se da un margen para averiguar por qué no quiere seguir viviendo.

¿Seguiría escribiendo si nadie pudiera leerle?

Creo que no. De joven, respondía que sí, porque mi vocación era intensa y me daba placer escribir. Pero ahora escribo para los demás y esto determina no solo los contenidos, sino también el estilo. Cuando escribo, tengo la sensación de que me estoy comunicando con otros.

Tantos años viviendo fuera de España... ¿Desde fuera se ve mejor o peor nuestro país?

Bueno, desde que hay internet, ya no sé qué es lejos o cerca... pero sí que se ve distinto. Soy como un jugador de ajedrez que ve todas las piezas repartidas en el tablero. Y es interesante.

¿Y en Alemania, la sociedad está tan polarizada?

No. La clase política, un poco más, pero aquí están más acostumbrados a las coaliciones. Y la gente ve que los políticos son capaces de llegar a acuerdos de gobierno muy diversos y se despreocupan: ellos ya se encargan. Cuando te reúnes con amigos, rara vez se habla de ello.

Patachula, uno de los personajes, es un político de izquierdas que en 2019 acaba votando a Vox...

Bueno, yo no soy mis personajes, tengo mi propia visión, pero con mis opiniones no puedo hacer novelas porque no iría ni de aquí a la esquina.

“Los vencejos” también es una historia muy cinematográfica, como “Patria”. ¿Le gustaría que la llevaran al cine o a la televisión?

Si hubiera una buena oferta, la aceptaría encantado. Ahora bien, no he escrito ni una línea pensando en que pudiera llegar a adaptarse a un formato visual. Quien trabaje así, no llegará muy lejos.

¿Qué suponen los premios, aparte de dinero y fama?

Dinero, a veces, y una pequeña gloria que dura lo que las noticias en los periódicos. Mi ambición, que es descomunal, acaba en el punto y final del libro. Uno no es de mármol: me pinchan las críticas negativas, aunque a menudo son razonables y tengo que admitirlas y lo positivo, me alegra. Me han educado para agradecer los premios. Pero mis obras no son un mero puente para obtener beneficios o satisfacción.

¿Y su ambición cómo se mide, en que cada vez le lean más personas?

No. Quiero escribir buenos libros, no repetirme, entrar por caminos creativos donde nunca he estado: hacer arte con palabras. Otra cosa es que lo consiga, porque la literatura me ha dado alegrías, pero también fracasos.

Además de escribir, ¿qué le divierte?

Llevo una vida hogareña, familiar, hace tiempo que desplacé las aventuras. Soy un hombre disciplinado, que hace todos los días las mismas cosas a la misma hora y un lector constante. De vez en cuando, voy al teatro o hago un viaje con mi mujer.