La cantaora de flamenco Rocío Márquez.  | Flamenco on FIre

Rocío Márquez: "En el flamenco no cabe la frivolidad"

Hablamos con la cantaora, una de las más innovadoras del género y uno de los platos fuertes del festival Flamenco on Fire.

Clara Hernández | Woman.es

Rocío Márquez es una de las voces más interesantes (la mejor, para muchos) de la nueva generación del cante jondo, un universo de horizontes difuminados que se debate entre la tradición y vanguardia, equilibrios y revolución, partidarios y detractores. Y que significa, entre otros cosas, que un día podemos encontrárnosla en una peña flamenca y, al siguiente, en el Primavera Sound.

La próxima gran cita es el 23 de agosto con el cantautor Jorge Drexler en el Festival Flamenco on Fire –otro proyecto melómeno y aperturista, que también contará con Rocío Molina-. Dos días después, protagonizará uno de los conciertos en balcones que celebra el mismo festival, en Pamplona, junto a la artista de viola solista Isabel Villanueva. Una aventura mágica, admite la artista, al otro lado del teléfono. Charlamos con ella: 

La cantaora Rocío Márquez y el cantautor uruguayo Jorge Drexler, juntos para el Flamenco no Fire. | Juan Perez-Fajardo

'La Piriñaca' dijo una vez que cuando cantaba a gusto el flamenco, la boca le sabía a sangre. ¿El flamenco tiene que doler o hay formas más reposadas de vivirlo?

Creo que hay tantas maneras de vivir el flamenco como artistas lo interpretan u oídos que lo quieran escuchar. El flamenco tiene una cosa maravillosa: la variedad de palos que van desde la fiesta y el jolgorio de una alegría, a la tragedia, la pena y la soledad de una seguiriya. Como artista, da muchas posibilidades.

Y tú, ¿qué tipo de cantaora te sientes? ¿Reposada, con la lágrima a punto de salir, como se dijo una vez?

Con la lágrima a punto de salir… ¡qué bonito! Sí, es verdad que mi cante tiene ese punto de contención. Lo de poner etiquetas me resulta difícil: en los ambientes tradicionales me ven como un artista revolucionaria pero cuando estoy en ámbitos abiertos como un Primavera Sound, soy la más tradicional. Todo es relativo y prefiero compartir mi música sin etiqueta in prejuicios. Y depende del palo.  

Rocío Márquez, en una foto promocional.  | David Rojas

¿Cuál es el palo por el que sientes preferencia?

El vínculo con la tierra siempre es fuerte y yo empecé cantando fandangos. Luego, en 2012, bajé a las minas de Santa Cruz del Sil, en León, a cantar para apoyar a los mineros encerrados allí. Querían cerrar la mina y no cumplían el acuerdo que habían llegado con los trabajadores. Esa experiencia me marcó mucho y desde entonces cada vez que cantó por Levante (cantes minero-levantinos) me emociona de una forma especial. Las seguiriyas también, porque es uno de los cantantes que más me ha obligado a buscarme y a encontrarme.

¿En qué sentido?

Precisamente por los prejuicios que tenemos también en el flamenco siempre se asocia la seguiriya a voces más fuertes, más rotas y esas no son las características que más uso yo, solo lo hago en momentos concretos. El acercarme a la seguiriya me ayudó a encontrarme en esos recursos.

¿La idea es bucear en la tradición para expresar el cante a través de nuevas vías?

En principio amo la música y los códigos que conozco y manejo, y con los que me siento más cómoda, son los flamencos por una cuestión cultural, me he criado en Andalucía, he aprendido en peñas flamencas y festivales, y desde ahí filtro el proyecto. No quiero que el flamenco sea un límite, sino un punto de partida del que puedan nacer otras cosas

¿Qué tiene tu flamenco de no flamenco?

Supongo que la libertad que permito, que no en todos los momentos es la misma. Tengo la suerte de verme en proyectos en los que participan músicos maravillosos de otros géneros: hace poco, hice 'El amor brujo' con la Filarmónica de París; otro día estoy en una peña flamenca en Sevilla; otro, con los Derby Motoreta's, un grupo que lo está petando, y pronto estaré con Jorge Drexler y con la viola solista Isabel Villanueva en el Festival Flamenco on Fire. Con cada uno de sus proyectos aprendo algo.

¿Qué es lo único que no cabe en el flamenco? ¿La frivolidad, tal vez?

Sí, la frivolidad no cabe en el flamenco. Y la incoherencia con la verdad de la persona.

Eres cum laude por la Universidad de Sevilla por tu tesis sobre la técnica vocal en el flamenco. ¿Qué conclusiones llegaste con ese estudio?

La técnica vocal siempre me ha interesado y no únicamente desde el punto de vista de higiene vocal, que es la parte de cuidarte para no tener nódulos, sino desde las posibilidades que tenemos (para interpretar) y que son muchas más que las que usamos. Te resumo: El aire que nosotros echamos al cantar se percibe desde fuera según dónde lo proyectemos. En función del resonador que emplees, se consigue un color u otro. Conocer estas herramientas te permite tener más flexibilidad en la voz. Para mí, conocerlas fue algo liberador.

Entonces, ¿la Anatomía va bien con el flamenco, pese a que este pueda parecer puro sentimiento? 

Hay una diferencia entre lo que uno estudiar y lo que canta pero siempre hay grietas por las que se filtra el conocimiento de una forma menos consciente.

¿Qué ha perdido y ganado el flamenco por saltar de la calle a las academias?

Siempre me acuerdo de cuando flamenco se profesionalizó. Empezó en los cuartos y paso a los cafés cantantes a principios del siglo pasado. Demófilo, qué fue de los primeros que escribió flamenco, dijo que iba a perder la pureza por culpa Franconetti, que creó los conciertos de flamenco. Todo tiene su cara A y su cara B. El flamenco no le puede dar la espalda a la sociedad en la que vive: hoy cualquier materia se puede estudiar a nivel académico y el flamenco no es menos. Lo que estamos cambiando es el sitio en el que se está aprendiendo. También creo que los humanos cuando metemos la mano en las cosas no las terminamos cargando y eso me da pánico, así que hay que buscar un punto intermedio. 

Rocío Márquez estará en el Festival Flamenco on Fire, que se celebra del 20 al 25 de agosto en Pamplona. Allí ofrecerá un concierto junto a Jorge Drexler (23 de agosto, desde 27 euros) y otro junto a Isabel Villanueva y Ángel Cortés en uno de los balcones de la ciudad (día 25, gratuito).

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