La periodista y escritora Ángeles Caso, en una foto de archivo. | GJD / GTRES

Entrevista a Ángeles Caso: "Tengo 58 años; mi 'fantasma' es el de no engordar ni envejecer"

La periodista y escritora repasa los fantasmas y presiones sociales femeninas en un encuentro literario. ¿Alguno de ellos es el tuyo?

Clara Hernández | Woman.es

Una mujer ha de ser madre "si o sí" para estar completa. Tampoco puede ser feliz si llega a una edad sin pareja. En el caso de que tenga hijos, la realización personal no debe obsesionarla. 

Estos son algunos de los prejuicios y presiones que acechan a las mujeres en el siglo XXI y que una campaña publicitaria de Pavofrío (hilarante, por cierto) se encargó de identificar recientemente. Esta semana, la misma compañía continuaba cazando fantasmas en una lectura colectiva de obras por y para ellas seleccionadas por la periodista y Premio Planeta de novela Ángeles Caso.

Mientras suenan de fondo las palabras de despedida que Jane Eyre dedica al señor Rochester en la novela cumbre de Charlotte Brontë, Ángeles Caso da voz a problemas y sensaciones en los que nos reconocemos. 

Han venido muchísimas mujeres al acto. ¿Algo está pasando?

Sí, se vio el 8 de marzo.  Creo que estamos muy cansadas ya. Después de tantos años de lucha, unas en su entorno familiar, otras en el entorno laboral, ¡encontramos aún tantas resistencias! Todavía está incrustado en la sociedad el seguir considerándonos inferiores, el pagarnos menos que a los hombres, el ser víctimas de malos tratos... Todo lo que se está moviendo tiene que ver con esa sensación de "¡ya está bien!" que tenemos todas.

¿Es unánime? Ante los actos del Día de la Mujer, no todas las mujeres de la clase política parecían de acuerdo

No estaban de acuerdo antes del acto, después de él se sumaron todas y todos cuando vieron que tenía una repercusión social tan grande, se dieron cuenta de que no se podían quedar fuera. Pero esto es normal, la sociedad siempre va por delante de los políticos, casi nunca los políticos van por delante, y esto tiene que ser así porque somos nosotros quienes tenemos que decir a los políticos lo que tiene que cambiar.

¿Qué dice la literatura? ¿Han cambiado nuestras reivindicaciones a lo largo del tiempo o no tanto?

Durante siglos muchos mujeres pidieron el derecho a la educación. "Si nos dejaran estudiar seríamos igual de sabias, igual de capacitadas para cualquier profesión que ellos", decían. Sobre eso, afortunadamente, creo no hay duda al respecto, se ha conseguido.  

¿Sin embargo...?

Sin embargo, sigue existiendo un techo de cristal terrible. Nosotras sabemos de nuestras capacidades intelectuales y profesionales, pero también somos conscientes de lo difícil que nos lo ponen siempre para llegar a lo más alto. A veces es nuestro propio entorno familiar, el hecho de tener hijos, las parejas que te acompañan, la profesión, la sociedad que cuestiona la idea de que se pueden tener hijos y, a la vez, ser una gran profesional. Las instituciones no facilitan la conciliación ni que existan lugares para dejar con calma a tus hijos. Se han logrado muchas cosas pero no hemos terminado. Mientras siga habiendo un solo acto de violencia sobre una mujer, no hemos terminado, está claro. 

¿Lo tenemos claro o la sorpresa que provoca toparse con un anuncio como el de Pavofrío delata que no? 

Lo sabemos pero, a veces, la vida no nos deja pararnos a pensar. Te ves envuelta en la vorágine de vivir y no tenemos el tiempo para reflexionar sobre lo que nos ataca, las obligaciones que tenemos añadidas por el hecho de ser mujeres... Cuando las ves reflejadas con tanto sentido del humor, dices: ¡Es que soy yo, o mi amiga, o mi hermana, o mi sobrina... Para eso existe la literatura, el arte, el discurso o esta campaña publicitaria tan bien hecha: para que paremos y cambiemos.

El anuncio de la campaña de Pavofrío que fascina a las mujeres

¿Qué presiones sociales has sufrido en primera persona?

Como escritora he tenido que soportar el menosprecio que hay por la literatura que hacemos las mujeres. Esta sigue siendo considerada una rama menor respecto a la gran literatura, que es la que hacen los hombres. De hecho se habla de literatura femenina pero no de literatura masculina, es curioso. Yo siempre digo: sí, yo  hago literatura femenina, soy una mujer, mi mirada sobre el mundo es la de una mujer; ahora, si yo hago literatura femenina, exijo que se diga que mi buen amigo Arturo Pérez Reverte hace literatura masculina. 

De todos los textos que has seleccionado para este acto, ¿cuál es tu favorito?  

Me gusta mucho el fragmento de 'Una habitación propia' de Virginia Woolf, de 1929. Habla cómo todavía a principios del siglo XX las mujeres no pueden acceder a la universidad en igualdad de condiciones y se pregunta si en el caso de que las mujeres se hubieran dedicado a hacer dinero, habríamos nacido todas las personas que estamos aquí reunidas, porque si tu madre y tu abuela se hubieran dedicado a ganar dinero, a lo mejor no se hubieran dedicado a tener tantos hijos. A lo mejor tú no hubieras nacido. 

Dicen que la natalidad en España bajó en 2017 a mínimos históricos. 

Es así, cuando las mujeres nos hemos dedicado también a actividades de prestigio y a ganar dinero, ya no tenemos tantos hijos. La de Virginia Wolf me parece una reflexión interesante.

¿Cuál es actualmente nuestro peor fantasma?

Creo que cada uno ve los fantasmas según su edad. El fantasma de tener hijos sí o sí yo ya lo he superado (Ángeles nos confirma que tiene una hija). Ahora mismo con mi edad me doy cuenta de que el fantasma fundamental es el de "no envejezcas, que no te salgan arrugas, no engordes, que no te salgan canas, sigue siendo guapa". Tengo 58 años y tengo derecho a envejecer, a engordar, a tener arrugas, a que me salgan canas... Me niego a negarme a mí misma  ese derecho. El anuncio de Campofrío lo protagonizan mujeres más jóvenes pero para mí edad, el no envejecer es el fantasma fundamental".