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Cómo enseñar poesía a los niños

La poesía puede ser un instrumento perfecto para ayudar a desarrollar la sensibilidad de los niños, su amor por el lenguaje y su comprensión. Pero, ¿cómo conseguir que se interesen por ella?

Paka Díaz | Woman.es

Aunque la poeta Mar Benegas asegura que la poesía no se aprende, sino que se disfruta y se comparte, lo cierto es que muchos progenitores se pueden quedar a cuadros para intentar conseguir acercar a los peques a ellas. Quienes se animen a hacerlo no encontrarán grandes problemas ya que, según señala la propia Benegas, experta educadora de poesía, los niños está totalmente abiertos a ella y la disfrutan desde el primer momento.

Algo que corroboran poetas y profesores como Antonio Rubio o Carlos Reviejo. Eso sí, lo mejor, cuando son pequeños, es hacerlo jugando. Estos son algunos consejos para acercar la poesía a pequeños de la casa.

1. Comenzar desde el principio:

Según Antonio Rubio, la poesía es una compañera natural de la infancia “con que los niños y niñas saltan a la comba, hacen hileras y corros y filas, se destrabalenguan, cantan, descifran acertijos, invocan lluvias, convocan, exorcizan, imploran, principian, finalizan…”. Por eso, lo mejor es enseñarles canciones infantiles, trabalenguas y proponerles acertijos para que empiecen a jugar con las palabras y descubran lo divertido que puede llegar a ser el lenguaje. “La poesía infantil debe incorporar estas pautas, porque es la que responde a sus intereses, que no son otros que poner a bailar la lengua, extraer de sus manos todos los sones y ritmos, y poner a danzar su cuerpo plenamente, en su totalidad, aunando palabra, música y movimiento”, explica Rubio.

2. La unión hace la fuerza.

Lo mejor es comenzar leyéndoles, si son muy pequeños, o hacerlo juntos si ellos ya saben. Carlos Reviejo recomienda comenzar con juegos que necesiten rimas fáciles de memorizar. Sin embargo a los mayores, que ya sean lectores recomienda “acercarles a buenos libros de poesía y darles ejemplo, leyendo con ellos. De padres lectores suelen salir hijos lectores”, precisa y conviene recordar que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan.

3. Dejarse llevar… con ellos.

Para Mar Benegas, los niños están muy abiertos a la poesía que además de leerla hay que animarles a interpretarla, a vivirla. Lo mejor, preguntarles o pensar preguntas juntos, y dejar que todo fluya. Y, además, recuerda que eso “les ayudará a formarse como personas críticas, creativas, con la capacidad de sorprenderse, divertirse y pensar más allá de lo literal”. Además, les recomienda que se dejen llevar porque “no hay nada más hermoso que nuestros hijos nos recuerden como los padres y madres que jugaban a lo poético, que recitaban poesía”.

4. Recordar tu propia infancia.

Toca preguntarse, ¿qué me cantaban de niña? Y, si no lo recuerdas, puedes preguntar a tus propios padres. Y ya puestos, pedirles que te cuenten qué le cantaban a ellos. Según Antonio Rubio, es la mejor manera de convertirse en una madre o padre cántaro para ofrecen a sus hijos “la educación poética tradicional; esto es, los cantos de cuna, las rimas corporales para señalar al bebé las partes de su cuerpo, los primeros balanceos, primeros caballitos, primeras fiestas que se le hacían al niño, formulillas para nombrar a los animales del entorno, rimas a la luna, al sol, rimas para dormir, para implorar la lluvia, para contar con los dedos, la mano, etc…”.

5. Leer poesía en familia.

Y hacerlo como un juego. Que cada uno lea un poema, o lo memorice y lo declame para todos. Se puede optar por hacerlo aún más divertido y disfrazarse en concordancia con los versos elegidos. La poeta Pilar Heredia tenía esa forma de leer en familia cuando decidió en su último libro ‘Sin puntos ni comas’ (Ediciones Persona), incluir un último apartado de canciones y rimas infantiles. “Pensé que así no solo lo disfrutarían los mayores, sino que también despertaría el interés en los niños”. Su obra además carece de signos de puntuación para que “cada lector tenga la oportunidad de darle su propio ritmo”.

6. Fomentar su creatividad y su capacidad de análisis.

Cuando estén leyendo y no entiendan algo a la primera, puedes darles pistas y dejar que ellos mismos descubran qué quieren decir los poetas. A los niños les encanta el misterio y la poesía, precisamente, está llena de él. Plantear un poema cómo un misterio que tienen que descubrir hará que se fascinen con él.

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