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¿Por qué preferimos los emojis al lenguaje verbal?

Paola Lei | Woman.es

Cada noviembre, el Diccionario de Oxford elige la palabra más importante del año. Para hacerlo revisa numerosos términos y elige aquel que ha sido muy usado y que mejor define nuestro estilo de vida. Pueden ser palabras antiguas o de nueva creación.

Por ejemplo, en 2013 “selfie” se subió al podio de a palabra más prominente del año, en 2014 el puesto fue para el verbo “vapear”, es decir el acto de inhalar y exhalar humo a través de un cigarrillo electrónico. 

Lo interesante de 2015 es que en lugar de una palabra, el sitio de honor es para un emoji. Concretamente para este: 

Emoji

Esta cara que se muere de la risa, aunque en sus inicios hubo serias dudas de si lloraba, reía o sudaba, es, junto al corazón rojo, el emoji más usado del mundo. Sirve para un roto y para un descosido. 

Para los que quieran saber cuáles son los emojis más populares, se ha creado el experimento Emoji Tracker que informa en tiempo real de cuáles son los iconos que triunfan en un momento concreto en Twitter. Mientras lees esta noticia esta cara sigue siendo el emoji más popular del mundo. Pincha y compruébelo. 

El problema con la selección de un emoji en lugar de una palabra es que los académicos han puesto el grito en el cielo porque lo consideran la prueba definitiva de que ya nos expresamos mejor con estos iconos que con las palabras. Les preocupa que ya no nos guste hablar, que preferamos parapetarnos detrás de un emoji que arriesgarnos a llamar las cosas por su nombre. 

Los emoji son los primos sofisticados y japoneses de los emoticonos, y es cierto que aunque nos ponen una y otra vez en estado de "lost in traslation”, sirven para resolver de modo rápido situaciones comunicativas difíciles. No es lo mismo poner “jajajaj”, incluso “JAJAJA” con mayúsculas que enviar el emoji de llorar de la risa. Hay que reconocer que con el emoji nos entendemos mejor

Las razones por las cuales estos iconos que surgieron en 1995 y provienen del lejano mundo de las adolescentes japonesas han sido ampliamente adoptados para solucionar conflictos del mundo adulto occidental son un misterio. ¿Nos estamos infantilizando? Quizás ¿Preferimos el mundo ambiguo de las imágenes para evitar comprometernos con las palabras? Puede ser ¿Es la caca con ojos una ofensa o una broma? Ni idea.

Muchos han dicho que la elección del Diccionario Oxford es ridícula,  otros creen que en todo acaso habría que considerar otros emojis también útiles, versátiles y salvadores. Mencionan, por ejemplo el de la berenjena, un auténtico icono sexual de los tiempos que corren, o el de la manicura, incluso el de la bailarina flamenca. 

Por cierto, se dice que el furor de los japoneses por hacer turismo en España y comprar bolsos de Loewe fue suficiente para que una bailarina flamenca entrara en el paquete que Apple compró en 2011 para su sistema operativo IOS 5 y que acabó de afianzar la entrada de los emojis en nuestras vidas. 

Sin embargo, en el ambiguo mudo del emoji ni siquiera está tan claro que se trate de una flamenca. En esta página donde se puede conocer el significado real de un emoji según sus creadores, a este icono se le llama "dancer". En los blogs tecnológicos de Estados Unidos se le conoce como "lady dancing" y aquí en España decidimos llamarla  en su día "la flamenca de Whatsapp". Del mismo modo, hemos bautizado a "la mierda con ojos" como tal, mientras los usuarios estadounidenses, tan políticamente correctos, prefieren llamarlo "dog dirty" (caca de perro).

Creo que lo que queda claro es que el Diccionario de Oxford ha premiado la indefinición y la ambigüedad de los emojis, y su capacidad de cerrar conversaciones y saldar discusiones.  Nadie pondrá en duda los servicios humanitarios que ha prestado el emoji del guiño para quedar bien o para atenuar el impacto de algún comentario que a última hora (y con el mensaje ya enviado) nos ha parecido arriesgado o de mal gusto. 

Todos los expertos explican el éxito de los emojis por la dificultad y el poco tiempo que tenemos para transmitir verbalmente determinadas emociones. Hacerlo a través de dibujos es más gracioso y menos arriesgado, le quita solemnidad y peso al asunto y es mucho más rápido.  

Como ventaja adicional nadie podrá echarte nada en cara. Realmente no se puede atribuir a un emoji un significado concreto. De momento carecemos de un diccionario autorizado para hacerlo ¿Quién puede asegurar que mandar el emoji del anillo con el pedrusco es una propuesta de matrimonio? "Un emoji es muchas veces una evasión, una 'no respuesta', pero una simpática y cercana", dicen los estudiosos del tema. Su gran atractivo es precisamente la indefinición. Ese decir sin decir realmente nada. Es un modo de no quedarse callado cuando no hay nada que decir. 

Usar emojis es como quedar para pasar un rato con un amigo sin tener nada concreto que hacer. En el caso del emoji más popular del año se trata de un icono que expresa complicidad y buen rollo. No hay una sola palabra que pueda conseguir el mismo efecto. Aplaudimos la decisión del Diccionario de Oxford. ¡Emojis al poder!