Retrato de la escritora Elena Medel, autora de "Las maravillas" (Anagrama). | Lisbeth Salas

Elena Medel: "El feminismo lucha contra la precariedad y el clasismo"

Firmó una de los debuts más exitosos del año pasado: 'Las maravillas' (Anagrama), una novela sobre la precariedad con un discurso deliberada y políticamente femenino. 

Isabel Loscertales | Woman.es

Con solo 35 años es una de nuestras poetas más famosas, directora de la editorial La Bella Varsovia y autora de ensayos como 'El Mundo Mago. Cómo vivir con Antonio Machado' o 'Todo lo que hay que saber sobre poesía'. La primera incursión en la novela de Elena Medel, 'Las maravillas', le ha supuesto el aplauso de la crítica y el Premio Francisco Umbral al Libro del Año. 

'Las maravillas' nos adentra, por un lado, en la vida de María, una mujer madura que dejó su Andalucía natal y a su pequeña hija, para ir a ganarse la vida en Madrid. Vive en la periferia y trabaja en la limpieza. Y por otro, en la vida de Alicia, una joven desengañada con la vida, que no ha podido superar la ruina de su familia y la muerte de su padre. Trabaja en una tienda en Atocha. Aunque no se conocen, ambas están conectadas.

¿Cómo ha sido el paso de la poesía a la novela?
Siempre he escrito tanto poesía como prosa (narrativa, ensayo, artículos): de hecho, en mi infancia comencé con pequeños relatos, y la poesía no la descubrí hasta la adolescencia. Antes de 'Las maravillas' escribí otras tres novelas que descarté: creo que alguien que decide leerte merece un respeto. En mi caso, y recalco que se trata de mi experiencia -y de que variará si preguntas a cualquier otra persona-, cada uno de los géneros que escribo me pide un tempo de escritura diferente: en poesía surge una idea o un verso o una música, y otra idea u otro verso u otra música al mes, a los dos meses, y así se forja el poema; en ensayo leo y tomo notas durante meses, y luego escribo de manera más concentrada, en un periodo corto de tiempo; y en novela debo respetar un horario casi de oficina, un momento diario y constante de escritura, sin interrupciones para no perder el hilo ni alejarme demasiado de la historia.

'Las maravillas' es una novela sobre la precariedad. ¿Qué has querido que simbolizaran sus protagonistas, Alicia y María?
No simbolizan nada. Quiero decir: en la poesía sí trabajo con símbolos, pero los códigos que manejo al escribir narrativa son diferentes. María y Alicia, Carmen, Chico y Nando y Pedro, etcétera, no existen en cuanto a que no son personas reales sino personajes de ficción, pero he intentado dotarles de historia propia, circunstancias cambiantes, etcétera. No representan nada, no son una metáfora. María y Alicia, las protagonistas, viven en la precariedad con trayectorias diferentes: María desde su infancia, asumiéndola y armando su rutina por una parte en torno a la supervivencia, y por otra buscando esos espacios de intervención en la sociedad, con su militancia en el asociacionismo feminista, convencida de que pequeños cambios y esfuerzos forman una revolución; y Alicia desde el desclasamiento, porque su infancia transcurre en la burbuja de los años 90 -aquella época en la que nos creíamos primer mundo, capaces de todo: el festín de los nuevos ricos-, y en su adolescencia el sueño se ha derrumbado, y su familia regresa a la casilla de salida, en un trayecto que ella no asume y que termina definiendo sus relaciones con los demás. La experiencia al respecto de cada personaje es distinta, porque distintas son nuestras vivencias y opiniones sobre un mismo tema.

Portada de "Las maravillas", de Elena Medel (Anagrama). | Cortesía Anagrama

No es casualidad que sean mujeres, ¿de qué manera el feminismo puede ayudar en la lucha contra la precariedad y el clasismo?
Para mí el feminismo es la lucha por la igualdad: por la igualdad de géneros, por supuesto, pero también de clases, de razas... El feminismo en el que creo tiene que ver con la interseccionalidad. De manera que no se trata de que el feminismo pueda ayudar en la lucha contra la precariedad y el clasismo, sino que el feminismo lucha contra la precariedad y el clasismo. Por otra parte, desde hace varios libros -sobre todo en 'Chatterton', mi libro de poemas más reciente, que publiqué en 2014- yo intento construir un discurso que es deliberada y políticamente femenino para hablar sobre temas universales. Nos han enseñado que una novela protagonizada por un hombre o que un poema con voz masculina apela a las grandes cuestiones de la humanidad, y que cuando se escucha a una mujer en un texto se refiere a “cosas de mujeres”, parciales, que interesan solo a las mujeres. "Las maravillas" está protagonizada por María y por Alicia, por Carmen, por mujeres, pero trabaja sobre cuestiones que no se limitan a un género: la precariedad, la falta de dinero, la diferencia entre clases... aunque los estragos de la precariedad, la falta de dinero o la diferencia entre clases se acentúan cuando las sufren las mujeres.

La precariedad se ha convertido en una costumbre para muchos jóvenes (y ya no tan jóvenes), incluso en profesiones creativas (y engañosas) como la literatura o el periodismo, ¿de qué manera tu situación personal ha influido en la novela?
Entiendo que una costumbre es una práctica habitual que se adopta, y en el caso de la precariedad no decides si vives en ella o con ella: ocurre, y lo afrontas como puedes. La precariedad no tiene que ver con generaciones o crisis puntuales, sino que tiene que ver con una clase social. Quisiera pensar que escribo desde mis circunstancias, como dice Annie Ernaux, y desde mis circunstancias he escrito 'Las maravillas': las de ser mujer, de clase obrera, que vive en la periferia de una gran ciudad y es trabajadora precaria. La novela no es autobiográfica, pero de manera evidente en ella se filtran mi experiencia y mi mirada.

¿Qué mujeres escritoras admiras?
A muchísimas. A Ángela Figuera Aymerich, por su discurso político desde los espacios de la intimidad, es decir, los espacios de las mujeres. A Carmen Martín Gaite, a Ana María Matute, a Carmen Laforet, a Elena Soriano, a tantas inmensas narradoras de los años 50. Lo decía antes: a Annie Ernaux, por la lección de esa escritura desde las circunstancias. A Natalia Ginzburg, por la tensión entre los materiales de la realidad para construir la ficción. A Belén Gopegui y a Marta Sanz, por la mirada al presente. Y a muchas coetáneas: qué libros espléndidos acaban de publicar Lucía Boned, Paola Senseve o Teresa Soto.