Intentar alcanzar la perfección en el sueño aumenta la ansiedad. | Istock

Dormir es el nuevo sexo

Así es mi vida con ortosomnia.

Paola Lei | Woman.es

Todo empezó la noche que confundí la alarma de mi teléfono móvil con la aplicación para conseguir un buen sueño. Descubrí que podía programar el teléfono para que me avisara a qué hora debía irme a la cama para conseguir ocho horas completas de sueño reparador. Yo que nunca me he ido a la cama antes de la una de la mañana y tenía, para cumplir con las exigencias de la app, que estar dormida a las 23.00. Ni una hora antes ni una después. Aunque era casi una misión imposible, lo intenté con poco éxito durante una semana.

Luego compré un dispositivo para contar los pasos y las calorías que quemaba en el gimnasio que resultó que también servía para medir las horas, la profundidad y la calidad del sueño. Lo configuré para que me informara de cómo dormía, no solo las horas necesarias sino también la calidad, la profundidad, las horas de sueño REM … todo lo podía comparar después con un patrón oro para evaluar la calidad de mi sueño.

Como siempre he tenido problemas para dormir, al principio no me extrañó que mi descanso estuviera muy lejos de los indicadores “oficiales” de un sueño de calidad. Hice algunos ajustes en mi vida, pero el dispositivo que me monitorizaba seguía emitiendo mensajes negativos. A veces me despertaba de madrugada y miraba el 'gadget' que me informaba que llevaba dormidas 4 horas y 25 minutos, miraba el reloj y hacía mis cuentas: no había manera de llegar a las ocho horas. Entonces me desvelaba y me quedaba despierta una hora, ansiosa, por no poder dormir las horas necesarias. A la mañana siguiente estaba más cansada e insatisfecha que nunca.

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En España se duerme poco y mal. Dedicamos una media de 7,1 horas cada noche a dormir. Mucho menos de lo recomendado por los expertos, que está en torno a las ocho o nueve horas. Una de las razones de la falta de sueño es que nos acostamos más tarde por dos razones, los hábitos sociales y porque nuestro huso horario no corresponde con nuestra zona geográfica. Según el estudio'El sueño de los españoles' publicado por el Centro de Investigación del Sueño de Flex,  el 51% de los españoles nos despertamos cada mañana con la sensación de no haber descansado bien. Por lo general dormimos unos 30 o 40 minutos menos que el resto de los europeos.

Las nuevas tecnologías prometen cambiar este orden de cosas con una gran variedad de apps y dispositivos que prometen mejorar la calidad del sueño a través de su monitorización para informarte al detalle de las características de tu sueño. Para este noble fin hay pulseras, mascarillas, bandanas para seguir las ondas cerebrales y todo tipo de aplicaciones en el teléfono.

Esta industria ha generado sujetos obsesionados con medir cada minuto de su sueño que persiguen cada noche un sueño neurologicamente perfecto. Estos perfeccionistas del sueño padecen un nuevo síndrome llamado ortosomnia, un término acuñado en 2017 en la revista Journal of Clinical Sleep Medicine, muy similar al que sufren aquellos sujetos obsesionados por la comida sana que se llaman otoréxicos. Me preguntaba si me había convertido a la ortosomnia.

Gif: Fátima García

Pregunté a varios expertos y la primera cuestión que quedó clara es que la ortosomnia existe, la segunda, que no es un diagnóstico formal. Los expertos en sueño reconocen que cada vez reciben a más pacientes que llegan preocupados por los datos que su dispositivo emite sobre la calidad de su sueño, aunque ellos no se sientan más cansados. Algo así como “yo me siento bien pero mira lo que dice mi dispositivo”.

Los médicos hablan de personas que no tenían problemas de insomnio hasta que empezaron a preocuparse demasiado por los datos y la calidad de su sueño. Uno de los riesgo de padecer insomio es esforzarse demasiado para quedarse dormido, poner mucha ansiedad en un acto que debía ser más natural y fluido. Eso puede causar un problema que antes no existía.

Si te sabes monitorizado por un aparato eso por sí mismo es suficiente para aumentar la ansiedad y por consiguiente empeorar el sueño.

El autor del libro El cerebro nocturno, Guy Leschziner cree que un 20% de sus pacientes sufren ortosomnia en algún grado. Otros esxpertos hablan de padres que colocan dispositivos en los tobillos de sus bebés para asegurarse de que duermen bien. A los adolescentes le colocan el monitor en las muñecas. “La gente está tratando de medir su sueño como nunca lo había hecho antes y eso tienen cosas positivas y negativas”, dijo el experto al diario británico The Guardian.

Entre las positivas está que estos aparatos y este interés por el sueño pueden conseguir que la gente se esfuerce por dormir más horas, pero entre las negativas está el aumento de la ansiedad porque la gente lee más en los datos de lo que realmente los datos le dicen. Es decir, el sueño es individual, depende de los hábitos y las necesidades de cada individuo y es difícil establecer unos parámetros generales que sean buenos para todos.

Por otra parte hay serias dudas acerca de la seriedad de los datos que emiten estos dispositivos y cuánto se acercan a la realidad. Algunos de estos dispositivos son demasiado sensibles al movimiento y alteran sus resultados con determinados sonidos como la respiración o los latidos cardíacos.

La prueba de sueño que te realizarían en un hospital se llama polisomnografía y es la verdaderamente fiable. Incluye una medición de la actividad cerebral, los movimientos de los ojos, la tensión muscular, los movimientos y la respiración. Son muchos los datos que deben tenerse en cuenta para determinar que una persona no está durmiendo bien. Muchos más de los que miden cualquiera de los dispositivos del mercado.

Los perfeccionistas del sueño, y espero no estar entre ellos, quieren encajar en un patrón ideal difícil de alcanzar porque cada persona tiene unas necesidades de sueño. Para uno pueden bastar cinco horas y para otro pueden ser nueve. Los expertos señalan que la mejor señal de que se ha dormido un buen sueño es el día después. Si te levantas fresca y descansada has tenido un sueño de calidad, diga lo que diga tu pulsera o la app de sueño de tu teléfono.

Lo que aprendí en mi vida de ortosomnica es que mientras más intentaba medir mi sueño y alcanzar la perfección más crecía mi ansiedad, más veces me despertaba en medio de la noche para mirar los datos, y más cansada me despertaba por las mañanas. Mi monitor del sueño nunca me dijo que había dormido bien.

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