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Tête à tête: Cristina Pineda y Laura Riñón conversan sobre el arte de escribir y editar libros

Yolanda Aguilar | Woman.es

Laura: “Las inseguridades de un escritor son infinitas y necesitamos del apoyo de los editores”.

Cristina: “Lo que busco en los libros que publico es que los lectores se reconozcan en sus páginas y los necesiten siempre”.

Cristina Pineda enfila feliz la madrileña calle de Pelayo. Su destino: la librería Amapolas en octubre. Allí la espera Laura Riñón, dueña y señora, pero sobre todo anfitriona del espacio. Cada jueves por la tarde, desde hace un año, se reúnen café en mano para dar un repaso a las novedades editoriales. Sobre la mesa baja, junto a la taza, descansa un ejemplar de 'El sonido de un tren en la noche' (Editorial Tres Hermanas). Hoy no es una tarde cualquiera. Cristina es la editora y propietaria de la editorial donde Laura acaba de publicar su última novela. Hoy ellas son la novedad editorial.

Libro de Laura Riñón Sirera: 'El sonido de un tren en la noche'. | D.R.

Laura: Las inseguridades de un escritor son infinitas y necesitamos del apoyo de los editores antes de que nuestra obra vuele a manos de los lectores, que son los que realmente deciden acerca del futuro de una historia. ¿Por qué te lanzaste a publicar El sonido de un tren en la noche?

Cristina: Me gustó desde la primera página. Nada más empezar a leer los personajes me atraparon. El principio es arrollador, te obliga a seguir leyendo. Es como un tren en la noche donde solo se oye el sonido. Los personajes tenían tanta fuerza que mi única opción era publicarla.

Laura: Y los lugares…

Cristina: Es una novela plástica y a mí me encanta el arte. Están ahí los colores, los sonidos, los olores. Hay muchos colores: el verde, el naranja… Además nunca sabes quién es la protagonista. ¿Es una? ¿Son dos? 

Laura: Son dos protagonistas y dos vidas paralelas, pero era muy importante que entre las dos, Clementina y Sophie, que son dos personas que tienen un vínculo entre ellas, existiera un elemento diferenciador. Por eso he jugado con la primera y la tercera persona, para que fueran dos mujeres totalmente distintas. Lo difícil de escribir en primera persona es no implicarte en el personaje y, sobre todo, no juzgarlo. Cuando lo haces, empieza a tener algo de ti que no le pertenece. A veces el autor es proclive a cambiar la historia porque actuaría de otro modo. Si escribes en primera persona tienes que ser capaz de distanciarte, por eso un narrador omnisciente te permite desligar la experiencia del personaje de la tuya propia. Otra cosa es que en primera persona se puede describir mejor una emoción. 

Cristina: ¿Y los nombres? ¿A qué se debe su elección? 

Laura: Lo de los nombres he pensado en preguntárselo a otros escritores porque en mi caso no hay un motivo. Simplemente se llaman así. Clementina porque es pelirroja y su cabello tiene el color de las clementinas, que es una imagen muy poética. Y recuerdo el momento en que surgió el nombre Sophie Roberts

Cristina: ¿Conocías a alguien que se llamara así?

Laura: No, ni Clementina, ni Aurora... Los nombres de mis personajes ya estaban allí. Son sus nombres y nunca se los cambio. 

Cristina Pineda y Laura Riñón conversan sobre el arte de escribir y editar libros. | D.R.

Cristina: ¿De dónde surge la novela? ¿Cuál es la imagen que desencadena la historia?

Laura: Mas que de una imagen, nace de un momento concreto durante un viaje a San Francisco. Estaba sola, en medio de un bosque de secuoyas que se llama Muir Woods, rodeada de un silencio absoluto y de repente pensé: ¿cómo sería empezar aquí de cero sin ser nadie? ¿qué haría? Es algo con lo que todos hemos fantaseado alguna vez. No hay nadie que no se haya imaginado a sí mismo con otra vida. Una madre que desea ser otra, sin hijos. Lo que ocurre es que cuesta admitir estas fantasías inconfesables. Desde pequeña, Sophie se imagina que es un personaje de Dickens, una huérfana viajando en trenes. Todos los seres humanos tenemos la libertad en nuestro ADN y la libertad que me daban los árboles, el bosque, la felicidad, la sensación de querer quedarme ahí y empezar de cero fue lo que me dio pie a “El sonido de un tren en la noche”.

Cristina: Yo creo que los seres humanos llevan en su ADN la maldad. Luego la domamos, pero ahí está, latente. Estoy pensando en uno de los personajes que podría simbolizar la maldad en tu novela. No hemos hablado de los personajes masculinos. Hay muchos hombres que son antagonistas, que son los que permiten avanzar, no a las mujeres, sino a la trama. 

Laura: Son fundamentales. Al final todos aparecen en la vida de estas dos mujeres para llenar un vacío. En realidad son todos uno, un mismo tipo de hombre que no viene a cubrir ninguna carencia, simplemente llena un vacío. Ellos son complementarios, pero no estrictamente necesarios. Un buen gin-tonic no siempre necesita cardamomo. Todos nos podemos equivocar a la hora de pedir. 

Cristina: Ya no podemos decir más de la novela. Seguir sería destriparla. 

Laura: Me asusta que el libro haya salido justo después del confinamiento, porque es un libro emocional y no quería que doliera. Es un viaje, una huida, pero es maravilloso, un viaje a lugares donde quisiéramos quedarnos a vivir. Para mí los verdaderos personajes son los lugares.

Cristina: Y sus atardeceres. Pintas tantos atardeceres como tardes. Una paleta de colores sublime. 

Laura: Aunque la luna sea redonda siempre se ve distinta desde cada lugar. ¿Qué vas a hacer para que este libros y todos los de tu catálogo tengan más de una vida? 

Cristina: Darles visibilidad y seguir creyendo en ellos. Lo que dota de calidad a mi catálogo es que tengo un fondo perdurable. Es lo que busco en los libros, como tú, poder quedarme en ellos, que los lectores se reconozcan en sus páginas y los necesiten siempre. Editar es un oficio apasionante.

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