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Carmen G. de la Cueva: “Es necesario que las jóvenes se den cuenta de lo importante que es ser feminista”.

‘Mamá, quiero ser feminista’ es un libro autobiográfico que, con mucho humor y una brutal honestidad, desgrana los problemas a los que te enfrentas cuando te sientes diferente por ser independiente, mandona y… mujer.

Paka Díaz | Woman.es

En el libro ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen) descubrirás los infinitos nombres que recibe nuestra vulva (y lo difícil que es encontrar su descripción en una enciclopedia), el lado más alegre de Emily Dickinson o lo peligroso que puede llegar a ser compartir piso con otros estudiantes (aparentemente ‘buenos chicos’) de Erasmus en Alemania.

Todo a una velocidad vertiginosa, la misma a la que, me parece, le va el cerebro a la periodista, editora y escritora Carmen G. de la Cueva. “Siempre estoy sorprendiéndome a mi misma y asustándome de lo mucho que me queda por aprender”, comenta con una sonrisa. A sus 30 años, Carmen G. de la Cueva lleva apenas tres meses viviendo en Madrid. Tras estudiar periodismo y residir en el extranjero con varias becas, en 2014 trabajaba en la 'Casa del Libro' de Sevilla.

Se le acabó el contrato, no se lo renovaron. “Me vi en mi pueblo, sin posibilidad de encontrar trabajo. Pensé que o buscaba un trabajo precario, que parece la única posibilidad que tenemos en Andalucía los jóvenes, o me quedaba en casa, minimizaba mis gastos y apostaba por algo que me gustara. Así que creé ‘La tribu de Frida’, un espacio virtual feminista para mujeres creadoras, en pijama desde mi cuarto propio, que era el de mi infancia, precisamente del que había querido salir siempre”. Estos días, Carmen presenta por toda España ‘Mamá, quiero ser feminista’ (Lumen), una novela autobiográfica en la que con mucho humor y también una honestidad que puede llegar a la crudeza, cuenta su viaje vital.

“El libro funciona como una especie de circulo: me di cuenta de que lo que buscaba lo tenía siempre dentro, no tenía que salir a buscarlo. Pero si no hubiera salido no me hubiera dado cuenta de ello”, explica. Con él, además de rendir homenaje a sus referentes -Virginia Woolf, Jo March, Pippi Calzaslargas, Virginie Despentes, Caitlin Moran, Simone de Beauvoir o Jane Austen-, Carmen intenta acercar el feminismo a quienes se animen a leerlo. Descubrirlo . Además, recomienda novelas. Cuenta historias.

Nos mete en su casa para hablarnos de las mujeres de su familia: su bisabuela, su abuela y su madre. Recuerda su infancia. Se mira al espejo y grita gorda, muchas veces y muy alto para acabar con el poder de una palabra que hace mucho daño. Reflexiona e invita a compartir sus experiencias porque, dice, “a las mujeres, la unión nos hace fuertes”.

¿Por qué decides escribir ‘Mamá, quiero ser feminista’?

Me parecía que en el mercado español había una ausencia de libros que trataran el feminismo desde un punto de vista autobiográfico. Para mi el referente era Caitlin Moran y su libro ‘Cómo ser mujer’. Pensé que faltaba la perspectiva de una chica de pueblo de España, normal y corriente, contado de una forma cercana y con sentido del humor.

Por un lado es una biografía y por otro se podría interpretar como un canon de lectura feminista…

Para mi, sí. He intentado evidenciar que la vida de una mujer se construye sobre las historia y las enseñanzas de otras que vinieron antes que tu, tanto maestras como personajes tipo Pippi Calzaslargas o Jo Marcha. En mi caso, mi biografía se construye a partir de mis lecturas y de las mujeres de mi familia, mi bisabuela, mi abuela, mi madre… Ambos relatos confluyen en mi formación como mujer y como feminista.

Una cosa que me ha impresionado mucho en tu libro es que llegan a la Facultad de Periodismo, te dan una lista de lecturas para la clase de Historia del Periodismo Universal y compruebas que no hay una sola mujer entre los autores de los textos… Estamos hablando del curso 2004-2005. ¿Cómo puede ser?

Para mi era importante evidenciar lo difícil que es construir tu canon de lecturas escritas por mujeres porque casi todo lo que vas leyendo desde niña está escrito por hombres. En el colegio, en el instituto y también en la universidad. Y sigue pasando en la clase de mi hermana, ¡que tiene diez años! Y no se va a cambiar con las políticas conservadoras que se están haciendo. Hasta que no eres más adulta no te das cuenta, pero con esa visión masculina te falta una parte muy importante de la historia. ¡Tu mitad! Lees tantas veces la historia de la guerra y lees tan pocas la de la maternidad…

O la de la violación, un tema que también tratas en el libro y algo nos toca, aunque no sea directamente como en tu caso, a todas. En la Unión Europea una de cada tres mujer sufre algún tipo de violencia sexual.

Me interesaba contar una experiencia que me pareció muy importante y que dejé dormida dentro de mi. Según escribía, descubría cosas que tenía silenciadas del cerebro. No había contado prácticamente a nadie el episodio de la violación que sufrió una compañera de Erasmus en Alemania, pero tampoco cuando mis compañeros de piso, borrachos, intentaron entrar en mi habitación. Y no lo cuentas por miedo, por vergüenza… Vivimos rodeadas de violencia y pensamos que viene por parte de hombres peligrosos, pero muchas veces es por parte de chicos aparentemente buenos. En el caso de mi amiga fue un amigo y para él no había pasado nada, él pensaba que no había hecho nada malo. Pero ella quedó destrozada. El problema es que nosotras tampoco lo vemos tan claro. Yo misma, en aquel momento con 21 años, pensaba que a mi no me iba a pasar porque yo no bebía tanto o no me ponía la falda tan corta… ¿Ves cómo nos funciona el cerebro? La culpa siempre se desplaza a la mujer, pero es un trabajo que tiene que hacer toda la sociedad para conseguir que nos sintamos y estemos seguras. Y luego está la parte buena, lo que se va avanzando, la lucha, el apoyo entre las mujeres, la sororidad, el abrazo entre hermanas… Al patriarcado le interesa el relato de las mujeres compitiendo entre ellas. Y muchas lo asumimos incluso sin darnos cuenta, pero hay que acabar con eso. Ser mujer no te hace ser feminista.

¿Crees que naciste feminista o te hiciste feminista?

Yo creo que nací feminista, si se pudiera porque desde pequeña tenía muy claro lo que quería hacer y cómo quería que me trataran, pero no tenía herramientas, ni seguridad, ni modelos, ni confianza. Nací en un pueblo sevillano en el que había que pelear mucho para ser diferente y para ser quien u querías. Así que un poco de todo. Digamos que tenía aptitudes, ya era mandona (risas)…

Mandona, jefa…

Sí, algo que parece que está muy mal visto en las mujeres. Un chico podía ‘mandar’, que al final es decir lo que piensas y tener cierta capacidad de liderazgo… Pero es que el liderazgo está muy mal visto en las mujeres. Como ser independiente. Me lo han dicho muchas veces lo de ‘es que tu lo quieres todo’. ¡Fíjate! Queremos todo, lo mismo que un hombre (risas). Un trabajo en el que nos valores, que nos respeten que cuando estemos en un grupo podamos hablar y nadie nos mire mal si durante un tiempo monopolizamos la conversación… No se, yo lo veo tan natural. Nunca me he sentido inferior a un chico. Pero a las mujeres se nos construye socialmente para que vayamos siempre por detrás, para que seamos silenciosas y sumisas. No es un cliché. Es así. Lo veo en mis amigos y en mi misma. ¡Todavía me quedan muchas cosas que resolver!

Hay un capítulo del libro que me ha gustado mucho, el de la aceptación del cuerpo. Nos juzgan por el cascarón desde pequeñas. ¿Cómo salir de eso?

¡Creo que es el capítulo que más me ha costado escribir! He intentado alejarme del chiché de soy gorda, me tengo que aceptar. El otro día lo hablaba con mi madre, a la que no dejé leer el libro hasta que estuviera acabado, y ella me decía nunca le dije que me llamaban cosas como butifarra en el colegio. Pero creo que es algo que hemos sufrido todas las chicas que no hemos sido delgadas. Pero vaya, si no te pasaba por serlo demasiado, o por tener algo en el ojo, por tener más o menos pecho o por ser homosexual… Yo me miraba al espejo y me veía guapa, así que no entendía por qué me decían esas cosas. He tenido que trabajar mucho con ese complejo, por eso el capítulo se llama ‘Soy gorda y siempre lo seré’, porque nunca voy a dejar de verme como una persona gorda aunque ya no lo sea como en la adolescencia. Es una pelea constante con el juicio ajeno, con ese hacerte sentirte inferior por no estar dentro de los cánones. Te hacen sentir como si sólo fueras un cuerpo.

¿Y cómo luchar contra eso?

Creo que la clave es confiar en una misma. Y me dirás, claro, eso suena a autoayuda (risas). Tienes que ver que lo importante está dentro. Pero es difícil. Yo todavía lo sufro. Es como una lucha que no acaba nunca, aunque es cierto que con la edad vas adquiriendo confianza y te vas sintiendo mejor en tu propio cuerpo. Todas las horas que pasas leyendo artículos preocupándote por tu cutis o por el maquillaje adecuado, los chicos las emplean en aprender a ser ellos mismos. Si nos educasen desde pequeñas para ser nosotras mismas y no a preocuparnos de nuestras caras o nuestros cuerpos, no habría ningún problema con estar más o menos gorda.

Y sería la bomba, porque si en general las chicas ya sacan mejores notas..

Exactamente. Imagínate dejar de preocuparte por lo que te pones o por cómo te ven los demás y dedicar todo el tiempo a leer, a pensar en los viajes que quieres hacer, en tu trabajo… O en todo eso que te gustaría cumplir para ser la mujer que quieres ser.

Otro tema que tratas en el libro de manera muy honesta son las relaciones con los hombres. ¿Pasamos demasiado tiempo pensando en ellos?

Yo lo he pasado. Cuando me decías si he nacido feminista, pensaba que ahora es cuando me estoy empezando a hacer feminista en cuanto a las relaciones de pareja. No me había dado cuenta, me lo hizo ver una lectora, de que una gran parte de mi vida, doce años, los he pasado con novio y, aunque no he dejado de construirme, ni he olvidado mi carrera, siempre ha estado ahí latente la idea de tener que estar con un chico, formar una familia… Que iba a valer más socialmente si construía una familia. Nos construimos en torno al amor y te pasas la vida buscando un chico al que gustarle, en vez de centrarte en gustarte a ti misma. Ahora quiero centrarme en mi. Creo que el próximo libro lo voy a dedicar a profundizar en el amor en igualdad. Estoy escribiendo un ensayo que se publicará el año que viene sobre el ego masculino. Porque me he dado cuenta de que uno de los problemas que sufrimos, que han sufrido las grandes escritoras que con hombres a los que les molestaba que su novia o su mujer destacara demasiado. Creo que es una lucha por aprender a buscar a hombres que se sientan seguros con una mujer que se quiera a sí misma

¿Por qué te parecen tan importantes los lazos femeninos?

Los hijos los han criado hasta ahora principalmente las mujeres y esos relatos familiares los van heredando sobre todos las mujeres. Creo que no sería quien soy si no hubiera estado tan cerca de mi madre. Ella me tuvo a los 19 años, era una niña. De alguna forma hemos crecido juntas y nos llevamos muy bien. Yo no quería tener su vida, y es duro decirlo, pero no quería renunciar a mis sueños profesionales para ser madre y estar con el hombre que me hubiera tocado. Me he criado en una casa donde me han querido mucho, pero he visto la frustración y las renuncias de mi madre, y lo que le decía mi abuela, que al ser madre ella ya pasaba a segundo plano. Es algo que sigue pasando, mujeres que se invisibilizan al ser madres. Yo no quería eso, aunque quiero ser madre algún día aunque quizá lo sea sola. Ya no pienso que sólo será madre si encontrara a la persona adecuada.

Otra cosa que me ha sorprendido leyendo tu libro es la educación que has recibido. Da la impresión de que los profesores no os han educado en igualdad.

Yo soy hija de la ESO y no se hablaba de feminismo, ni de escritoras, ni de igualdad o de educación sexual. Nada de nada. Yo no sabía qué era el feminismo hasta mi llegada a la Universidad porque nadie me había mencionado esa palabra. No sabía qué era ser feminista. Cuando con 18 años leí ‘Segundo sexo’, de Simone de Beauvoir, me impresionó que llevara tanto tiempo escrito y que nunca hubiera oído hablar ni del libro ni de su autora. Era como un secreto. Ahora hay un boom por el feminismo y la visibilización de las mujeres, pero hace diez años no.

¿Es importante seguir visibilizando el feminismo aunque sea a través de famosas?

Creo que son maneras distintas de llegar a diversos públicos. Si a una chica joven Beyoncé la hace sentirse empoderada con sus palabras y sus canciones, aunque Beyoncé no me esté hablando directamente a mi, creo que está muy bien. Creo que es interesante que el feminismo llegue a la cultura pop porque el pop llega a las masas. Por eso he querido hacer mi libro como si se lo estuviera contando a una amiga, para hacerlo cercano para que pueda leerlo cualquier persona aunque no se sienta feminista… Igual leyéndolo descubre que sí lo es.

¿Por qué crees que hay mujeres que niegan el feminismo?

Yo ya soy feminista oficial así que no tengo que ir declarándome feminista, pero tengo amigas que siguen diciendo que no lo son. Yo les pregunto, qué quieres que te paguen menos, o que en una entrevista de trabajo te valoren por si tienes o no familia… Son cuestiones tan de sentido común. Es necesario que las jóvenes y las niñas se den cuenta de lo importante que es ser feminista.

Tu te declaras como mala feminista, ¿por qué?

Hay muchos feminismos y muchas feministas, pero el humor sí nos puede unir a todas y, sobre todo, hablar desde la experiencia. Tenemos que trabajar para construir espacios de convergencia donde ser nosotras mismas con nuestras experiencias. Además de los Clubes de Lectura, hace unos meses he creado el Gabinete de Urgencia Feminista (GUF) en la Librería de Mujeres. Nos reunimos para hablar de problemas a los que nos enfrentamos en el día a día. Es muy interesante porque vamos mujeres de diferentes generaciones y así aprendemos de todas. Tu llegas a los 30 pensando que tus problemas son propios, algo que le interesa a la sociedad, que pienses que eres única, pero tenemos que compartir nuestras experiencias porque esa es una de las mejores herramientas para vencer la concepción falsa de la mujer que nos venden.