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Black Mirror, seis historias de terror tecnológico

Las claves de la serie que no deja indiferente a nadie.

Mariló García | Woman.es

Una generación creció pasando mucho miedo con las macabras historias de Una dimensión desconocida (The Twilight Zone). Sin una pizca de comedia como aquélla, Black Mirror viene a ser su continuación, navegando entre la ficción y la realidad, pero siempre provocando el debate y creando novedosas pesadillas. En ese espejo negro –que son las pantallas con las que andamos todo el día– nos reflejamos, sin percatarnos de que la tecnología podría superarnos y amargarnos la existencia.

El origen: Dead Set, Gran Hermano Zombie 

El creador de Black Mirror, Charlie Brooker, se ha convertido en una especie de gurú televisivo que no para de sorprender. Ya nos puso la piel de gallina con Dead Set, aquella miniserie en la que los concursantes de un hipotético Gran Hermano, encerrados en una casa, eran los únicos supervivientes –sin saberlo– de un Apocalipsis zombie. Brooker lograba que te hicieras mil preguntas (entre otras cosas, por qué nos engancha ver a los demás haciendo el ridículo, sufriendo), pero, sobre todo, destacaba una: ¿qué harías tú en semejante situación al límite?

El ministro y la cerda

Con esa idea, crearnos desazón con escenarios inimaginables, nació Black Mirror en 2011. Su primer episodio fue desconcertante. El primer ministro británico era obligado a practicar bestialismo con una cerda ante millones de televidentes. Una petición inusual para rescatar a una princesa secuestrada. La que iba a ser, en principio, una miniserie de tres episodios ya puso sobre la mesa algunos temas que serían recurrentes a posteriori: la cara oscura de la televisión y de Internet, la manipulación del espectador, la orgía sin escrúpulos que como televidentes de realities somos capaces de digerir… Y, especialmente, ¿es esto lo que nos espera: un futuro en el que aceptemos las nuevas tecnologías sin pensar en las consecuencias?

Novio virtual

Con actores desconocidos, Black Mirror se convirtió en un bombazo televisivo. Todo el mundo hablaba de esa serie inglesa que creaba estupefacción. Cómo no rodar una segunda temporada. Así fue como, dos años después, se estrenaron tres nuevas historias, con tramas independientes pero el mismo leit motiv: el abuso de las nuevas tecnologías. Destacó en esta hornada, el episodio en el que una joven puede seguir manteniendo una relación con su novio muerto gracias a las redes sociales. ¿Cómo no asustarse?

De Mad Men a una navidad oscura 

No era de extrañar que Channel 4 propusiese un episodio especial navideño a algunos actores consagrados. Así fue cómo Jon Hamm, el cínico Don Draper de Mad Men, se convirtió en el reclamo del escalofriante Blanca Navidad, que, más bien, era de un humor negrísimo. Se vendió en 2014 como el primer episodio de la tercera temporada. En esta especie de Matrix televisada, el personaje de Jon Hamm se conecta con otros usuarios a través de un chat en tiempo real para ver qué le sucede a un tipo sin suerte a la hora de ligar. El resultado es dantesco, claro, pero eso es sólo el principio de su pesadilla, pues el episodio acaba hablando de mandos a distancia con los que podremos “borrar” a quien no nos guste o cómo, site declaran culpable, nuestra conciencia podrá ser guardada presa en un dispositivo.

Black Mirror 2016 

El mago del horror televisivo, creador de imágenes imborrables para alegría del voyeur que llevamos dentro, lo ha vuelto a hacer. Netflix rescató la serie y estrena seis episodios el 21 de octubre, protagonizados por caras conocidas, como Mackenzie Davis (Halt and Catch Fire), Jeromy Flynn (Juego de tronos), Kelly Macdonald (Trainspotting) o Alicia Eve (Star Trek), y con directores como Joe Wright (Expiación), Dan Trachtenberg (Calle Cloverfield 10) o James Watkins (La mujer de negro). De entre todas las historias, destaca una, la protagonizada por Bryce Dallas Howard (Jurassic World), en la que una oficinista vive permanentemente sonriendo y siendo la mejor persona porque de ello dependen sus puntuaciones en diferentes páginas webs valorativas. Una crítica a un mundo obsesionado, cada vez más, por la imagen pública.

El miedo a la tecnología, según su creador 

En las historias de Charlie Brooker no hay héroes. Sus personajes sufren tanto como el espectador. “No nos damos cuenta del tiempo que empleamos en usar cualquier aparato con pantalla. La forma en que nos comunicamos con los demás está en constante evolución. Por un lado, es algo fantástico, excitante, pero no somos conscientes de las consecuencias, como especie, de estos cambios tan rápidos y en tan poco tiempo”, declaraba. Y seguimos cambiando, de ahí que sus historias sean terroríficas y deprimentes, aunque con un atisbo de esperanza.

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