La presentadora Beatriz Montañez. | GCM / GTRES

La periodista Beatriz Montañez: "La verdadera fortaleza está en el llanto"

Lo tenía todo: éxito, trabajo, dinero y amor. Y lo dejó todo para encontrarse a sí misma. La periodista Beatriz Montañez, famosa por “El Intermedio”, se refugió en una casa de montaña abandonada y aislada de todo: de esa experiencia surge su libro “Niadela”.

Isabel Loscertales

¿Serías capaz de abandonarlo todo para dedicarte a ti misma? Beatriz Montañez tuvo esa urgencia: necesitaba sanar sus profundas heridas, parar, mirarse y mimarse. Eso era más importante que cualquier otra cosa en su vida. Una vida que, de puertas afuera, no le iba nada mal. 


Beatriz (Almadén, 1977) es periodista y guionista. Presentó durante cinco años el programa “El Intermedio” (La Sexta) y fue guionista del documental “Muchos hijos, un mono y un castillo”, premiado con un Goya, entre otros muchos galardones. Pero la fama, el dinero, el reconocimiento,  la vida social o su relación de pareja no sanaron la profunda herida que sentía en su interior.


Valiente y decidida, lo dejó todo para irse a vivir a una casucha de piedra abandonada. Sin electricidad, ni agua caliente, ni seres humanos en 25 kilómetros a la redonda. La habita desde hace más de cinco años y la ha bautizado con el nombre de Niadela. Así se titula también su primer libro, “Niadela” (Errata Naturae), en el que nos narra su experiencia al más puro estilo “nature writing” y con un bello eco poético.

Portada de "Niadela", de Beatriz Montañez (Errata Naturae). | Errata Naturae

¿En qué te ha ayudado retirarte del mundo y refugiarte en tu casa Niadela?
Creo que sería más corto decir en que no me ha podido ayudar. Por lo demás, en las cosas o temas más importantes: encontrarme con una Beatriz que había tirado a la basura hace muchos años para pretender gustar a todo el mundo. Recoger aquellas partes de mi personalidad que había dejado por el camino, por no ceñirse a lo que mi familia, o mis amigos o aquel que pretendía conocerme, querían de mí. 

Nos pasa tan a menudo...
No solo eso. Me ha ayudado a recuperar el llanto, a llorar, sin importarme dónde y cuando. Había dejado de hacerlo pretendiendo ser más fuerte …. Retirarme de una sociedad que tiene miedo a aquellos que lloran o que los tacha de débiles, me ha ayudado a darme cuenta de que la verdadera fortaleza está en el llanto. Solo los fuertes reconocen el dolor, solo los fuertes saben compartirlo y expresarlo y solo a los fuertes no les importa mostrar su vulnerabilidad, y ahí es donde todos nos encontramos, en el dolor. Todos llevamos un dolor dentro. Compartirlo es de carácter fuerte. 

Tienes toda la razón.
También destacaría que me ha ayudado a ser paciente y, curiosamente, en la distancia me he acercado más a mi familia y a la importancia de recuperarla, mimarla y tratar de comprenderla. También me ha ayudado a ensalzar la bandera de la individualidad ante la masa homogénea de la sociedad. Defender mi peculiaridades, mis rarezas, mis carencias y amar mis defectos. No quiero ser como la mayoría, no quiero parecerme a la mayoría, quiero ser yo.

¿De qué manera es sanador el contacto con la naturaleza?

La naturaleza te invita al diálogo. En el silencio de la soledad, uno dialoga consigo mismo. «La palabra es sanadora», decía Freud. Ahora se han sanado muchas cosas que nunca dije. Y ha sido en el silencio que he podido escribir las palabras que necesitaba decir. Walter Benjamin en su ensayo "La crisis de la novela”, publicado en 1930, escribe: «El lugar de nacimiento de la novela es el individuo en su soledad”. Para Benjamin no hay ninguna duda de que, si la mayoría de las personas están oprimidas, su narración también los estará. La soledad descomprime.

Retrato de Beatriz Montañez. | Mario Martín

Dices que a pesar del éxito laboral y sentimental de tu vida, no disfrutabas de las cosas y necesitabas parar. Mucha gente puede tener esa misma sensación, nos come la vorágine del día a día, la ansiedad, el vacío quizás… ¿qué les recomendarías?
Escribir un diario. Un diario donde no haya juicios hacia los demás, ni tampoco hacia uno mismo. Solamente expresar cómo nos sentimos, cómo hemos vivido el día, qué cosas nos han ocurrido y cómo esas cosas nos han hecho sentir. Leerlo después con el tiempo y buscar entre las palabras la mejor forma de ser nuestros mejores amigos, de entendernos mejor. Una simple frase que resuma el día. Una simple palabra si no tenemos tiempo para nosotros mismos, pero que sea una palabra que hable del sentimiento dominante del día, o quizás lo contrario, el sentimiento que no ha dominado, el que nos gustaría haber sentido, o una palabra que hable que reconcilie nuestro interior y el ruidoso exterior.

¿Vives en Niadela de manera permanente o podrías cambiar de vida en un futuro?
Me gustaría pasar el resto de mi vida aquí, pero siendo Niadela un lugar prestado, no depende de mí. Si tuviera que marcharme, sería a otro lugar siempre dentro o cerca de la naturaleza y el silencio. La naturaleza me carga de energía y optimismo, me da vigor y me hace sentirme afortunada.

¿Cuál ha sido tu aprendizaje más valioso en todos estos años en Niadela?
He aprendido a practicar el “amorismo”. Es ahora mi religión. Afrontar todo y a todos desde el amor. Contra el amor es difícil ganar una batalla, con amor todas las batallas se ganan.