Anna Castillo, Álex Munner y Patrick Criado, protagonistas de 'La línea invisible'. | Movistar +

Anna Castillo: "Siempre me he tomado los momentos de parón como un regalo"

La actriz catalana es un auténtico huracán de buen rollo. Con ella, todo es natural y sencillo. No te la pierdas en “La línea invisible” (Movistar +).

Ester Aguado|Woman.es

Es una de las actrices destacadas de su generación, pero ni el Goya que logró en 2017 (“El olivo”, de Icíar Bollaín) ni las posteriores nominaciones (“La llamada”, en 2018 y “Viaje al cuarto de una madre”, en 2019) le han levantado ni un ápice los pies del suelo. Entusiasta, generosa, cercana... Rema a favor en cualquier circunstancia: en teatro, cine, televisión, sesiones de fotos, en la vida. Asegura que gracias a sus amigas, a sus padres y a su novia es, hoy, una persona feliz. Para nosotros, ella fue un soplo de aire fresco.

¿Cómo estás llevando el confinamiento?

Bueno... como soy muy buena ama de casa, me ha dado por ordenar y cocinar mucho y por hacer un videodiario... aunque no enseño los momentos de bajón, la verdad, y eso que tengo la suerte de que mi familia y mis amigos están sanos. Pero a veces, no entiendo nada de lo que está pasando... Yo, los momentos de parón siempre me los he tomado como un regalo, para conocerme mejor y preguntarme cómo me gustaría que continuara mi carrera cuando todo esto pase. Aún no he rodado en Europa ni Latinoamérica. Y también quiero crear una peli desde cero.

Acabas de estrenar la serie "La línea invisible" sobre los comienzos de ETA...

Nos ha salido muy bien, no es porque yo esté en ella (risas). Cuando empecé en este proyecto, no tenía ni idea de cómo habían sido los orígenes de la banda armada. Aprendí un poquito leyéndome los guiones y documentándome con Mariano Barroso, el director, y es muy interesante. Yo interpreto a Txiki, una joven real del que se sabe muy poco, ni dónde está... Era la chica de la banda, que entró siendo muy joven, con 17 años, y porque era la novia de uno de ellos. Era una idealista, con mucho sentido de la justicia, valiente y tenía poco que perder. Pero luego le pasaron una serie de cosas -que reflejamos en la serie- y se tuvo que replantear un poco la vida. Es un personaje muy interesante. 

 

No te pierdas esta esclarecedora serie sobre los comienzos de ETA. | Movistar+

 

¿Tú no tienes filtros? O los años te han enseñado...

Hombre, dentro de ser educada y respetuosa. Luego sí que soy transparente y se nota lo que pienso. Intento ser honesta, pero siempre dentro del respeto y la educación. Yo vivo de cara, hago lo que siento, soy yo misma y me muevo según mi instinto... con el objetivo de ser feliz.

¿Para ti el premio es el viaje o el destino?

Mira, me gustaría mucho decirte que disfruto del viaje, pero soy tan impaciente... Suelo tener ganas de llegar (risas). Y me dejo llevar, pero no a ciegas. Me gusta saber y tener el control.

¿El mejor trabajo siempre es el último?

No. Para mí, el más especial ha sido “Viaje al cuarto de una madre” (2018), de Celia Rico. Es el personaje que más se aleja de mí y en el que tuve que confiar. Creo en ese cine... lo hice por amor y es la demostración de que a veces los proyectos pequeños son los que más florecen.

Tienes pendiente de estreno “La vida era eso”, de David de los Santos, un trabajo muy parecido...

Sí. Es una peli pequeña, la ópera prima de un director que lleva años detrás de poder levantarla; cuenta con poco presupuesto y todos los que nos hemos metido en el proyecto lo hemos hecho por fe y por amor. Estoy ilusionadísima con ella, porque quizás haya sido la película más dolorosa y bonita en la que he trabajado, con un guion sensible e inteligente, un regalo.

¿Qué crees que tienes tú que no tengan los demás?

No sé, pero si algo puedo dar es que no finjo nada. Y eso, como espectador, es de agradecer y funciona. Soy verdad y gusta.

Eso dice Icíar Bollaín de ti, que eres cariñosa, intuitiva, trabajadora, magnética... pero de verdad.

¡Uy, qué loca está! La amo... son los mayores piropos que te pueden echar.

¿Cómo manejas tu ego? ¿Hay que creérselo?

Las cosas bonitas que me dicen me dan seguridad, pero no me regodeo. De verdad. También hay muchas cosas mías que no me gustan y no me fustigo. Relativizo bastante bien. Que la gente me diga cosas buenas me da un puntito de agarre, para decir: vale, p’alante.

¿Te has hecho a ti misma?

Me he ido descubriendo. Siempre ha habido una semillita en mi interior y he aprendido a hacerla grande, viendo qué me funciona y qué no, pero sin nada premeditado. De repente, según me hacía mayor, me he vuelto más insegura y más vulnerable que de adolescente, porque he tomado conciencia de que todo es difícil y de que muy poco depende de ti. Y eso da un punto de miedo.

El personaje más parecido a ti...

Susana, de “La llamada”: lo creé, porque empecé con él en el teatro, a los 19 años. Cuando lo llevamos al cine, tres años y medio después (2017), yo ya era otra chica, me habían pasado cosas. Y aunque lo reconocía y le tenía cariño, sentí que esa etapa tenía que cerrarse. Necesitaba evolucionar. Es Anna de joven.

Dicen que hasta los 30 uno no sabe bien qué quiere en la vida, ¿eso es verdad?

A los 30, lo que haces es balance y empiezas a priorizar lo que merece la pena, te conviene más o te hace más feliz. Desde hace un año, me van cayendo fichas de ese tipo... igual no lo tengo todo clarísimo, pero empiezo a intuirlo.

¿Y qué es lo que te hace feliz ahora?

Siempre me había imaginado como una persona nómada, que quería hacer muchas cosas y no quedarme quieta y de repente ahora valoro mucho vivir en una casa que me gusta, tener buenos hábitos diarios, cuidarme, echarme la tarde en casa leyendo rodeada de mis gatos... será que me estoy haciendo mayor (risas). Aunque sigo siendo muy alocada, la verdad.

¿Qué te da más tablas una serie diaria o el teatro, porque poca gente sabe que trabajaste en “Amar es para siempre” (antes de triunfar en “Arde Madrid”, “Paquitas Salas” o “Estoy vivo”)?

Te da cosas distintas: el teatro es un trabajo más profundo, de interior, pero más limitado a la hora y media de función y la tele diaria te da mucha capacidad para resolver, practicidad y millones de opciones de recorrido.

Los actores Joan Amargós, Anna Castillo, Àlex Munner y Patrick Criado, en 'La línea invisible'. | Movistar+

¿Y tienes algún canal favorito? Te gusta trabajar más a destajo o desde dentro...

Lo ideal es el cine. Una serie es como ejercicios rápidos de mates y el teatro es como estudiar un tema concreto. ¿El cine? Estudiar todo un trimestre: tienes más amplitud, más tiempo para prepararte el personaje, el recorrido es mayor... pero yo soy la practicidad en persona y a mí, la tele y su ritmo, me gustan.

Cuando una esta rodando, ¿es ya consciente de que su papel se va a hacer grande, como con Leonor en “Viaje al centro de una madre”?

Pues, fíjate que no. Puedes intuir, pero muchas veces te falla, porque lo guay de esto es que como tu curro depende de otras personas, es un trabajo en equipo que no controlas. Y suele sorprenderte para bien.

¿Cuál es tu punto más fuerte, el que potencias?

Ser una persona maja y ser súper práctica. Y luego, estoy muy satisfecha con mi cuerpo, me gusta mucho mi tripa.

¿Te cuidas o pasas?

Me cuido: como bien, hago el deporte que puedo... y a nivel de belleza, también, porque para mi curro es importante. Pero no siempre he sido una apasionada de la cosmética... De adolescente me preocupaba que se me vieran los ojos muy rasgados y me los pintaba mucho... aunque no mejoraba nada (risas). Eso sí, crema hidratante me he dado toda la vida, porque tengo la piel muy seca y me lo pide la cara, las manos, el cuerpo. Y ahora, por mi trabajo, necesito una buena limpieza todas las noches, aunque llegue de fiesta de madrugada.

¿Qué le pides a una marca para ser su imagen?

Que sea respetuosa con los animales, con el medio ambiente y honesta, que tenga calidad, que no me vendan la moto.

¿Qué suelen decirte los maquilladores?

Que tengo muy buena piel. Y siempre he estado contenta con mi pelo: cantidad y con volumen, aunque me han estado haciendo de todo últimamente y lo llevo regular...

¿Hay alguna causa por la que luchar?

Por supuesto. Los animales me mueven a nivel moral y también a nivel ecológico, porque va muy ligado. Eso me perturba mucho, pero lo que más me duele son los refugiados, la gente que muere en el mar. Y no sé cómo aún se puede estar permitiendo eso.

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