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Analizamos las 10 mejores escenas de 'El diablo viste de Prada'

Éstas son algunas curiosidades de una de las mejores películas sobre moda en su décimo aniversario.

Mariló García | Woman.es

La moda es divertida y sexy, pero también es un negocio muy serio. El director David Franklen sabía que 'El diablo viste de Prada' tenía que transmitir la sensación de estar observando una revista de moda por detrás de la cortina, pero a diferencia del bestseller de Lauren Weisberger, debía rebajar el tono satírico, especialmente con el perfil de su exigente editora Miranda Priestley, interpretada por Meryl Streep.

No es Zoolander, para entendernos. El diablo viste de Prada se estrenó en EE UU el 30 de junio de 2006 y, gracias a una de las grandes villanas de la historia del cine, ganó en taquilla al héroe de la capa de Superman Returns (costó 41 millones de dólares y recaudó 326 en todo el mundo).

Estos son los secretos que se esconden tras 10 escenas de El diablo viste de Prada.

1. La importancia de un color

La joven Andy (Anne Hathaway) se ríe cuando Miranda no sabe qué cinturón elegir para un look y todos son del mismo color azul cerúleo. Esta escena se rodó para demostrar que la película no se reía de la moda, si no con la moda. El diablo viste de Prada es el viaje de un artículo de moda. Empieza en ese color, sale en una revista y se convierte en tendencia. Oscar de la Renta, le alecciona Miranda, subió ese tono de azul a la pasarela en 2002 y después apareció en ocho colecciones diferentes. Luego, a los grandes almacenes. Ese azul representa millones de dólares y puestos de trabajo. “El jersey que llevas fue seleccionado por gente como nosotros”, zanja la jefa.

2. ¿Flores en primavera?

La moda es la protagonista y los actores, los accesorios, remarcaba el actor Stanley Tucci, que interpreta al ayudante de Miranda en el filme. Cuando en la película convocan una reunión para destacar los temas a tratar en el número, una de las redactoras recomienda seguir una tendencia. “Lo hicimos hace dos años”, le corta secamente la editora. Entonces continúa hablando sobre estampado floral. “¿En primavera, flores? Qué original”.

Miranda no es tan arrogante como en el libro. Es una mujer de éxito y respetable, y este detalle lo demuestra.

3. Los zapatos nunca se ven

Gracias a una botas de Chanel, la mismísima top model Gisele Bundchen, que interpreta a una fashionista amiga de la compañera de Andy, reconoce en la chavala aparentemente sin gusto un cambio que le gusta. Los pies normalmente no aparecen en las películas y, de hecho, los zapatos ya eran muy importantes en series como Sexo en Nueva York. En El diablo viste de Prada son tan indispensables como cualquiera de los modelitos.

4. Alta costura gracias a los amigos

Contar con la diseñadora de vestuario Patricia Field es un plus porque se conoce a todos los diseñadores. Algunos son amigos personales. En una secuencia en la que Andy debía de lucir unos 45 cambios de ropa, el director hizo tal montaje que acabaron siendo más de 65. A medida que rodaban la película el guardarropa iba siendo cada vez mayor. La diseñadora, que se gastó un millón de dólares en el vestuario, convenció al director para ir a París a los desfiles de alta costura. Allí no sólo promocionó el filme, también se llevó ropa de sus amigos diseñadores. “Sin amigos no podría haberla hecho”, reconoció Field. Que salga Valentino le dio autenticidad. El diseñador sólo tuvo que saludar en el backstage como hacía habitualmente. Fue su primera vez y, según el italiano, un honor el coincidir con Meryl Streep.

5. Miranda y el look Donna Karan

Meryl Streep ha sorprendido en sus últimas declaraciones al afirmar que Anna Wintour no fue la inspiración para la “malvada” Miranda (es raro entonces que sólo tres años después la Wintour estrenara The September Issue, donde explica cómo es su trabajo de editora). También ha comentado que su vestuario mira hacia mujeres como Carmen Dell’Orefice y Christine Lagarde. Según Patricia Field, la editora jefa de la ficticia revista Runway tenía que lucir modelos de archivo de las colecciones de Donna Karan, y así lo hizo. Vestidos sencillos, que enfatizaran sus hombros y caderas sin resultar tan chocantes como los vistos en Dinastía.

Un buen repaso a estos looks los vemos cada vez que Miranda entra en su despacho y lanza su abrigo a la cara de su ayudante. Según Emily Blunt, que interpreta a la víctima de sus arrebatos, Meryl Streep tuvo que rodar hasta 30 escenas parecidas con cambios de vestuario. “La escena más divertida que he visto en mi vida”, dijo.

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6. Conseguir lo imposible

¿Cómo hacerte con el nuevo libro de Harry Potter antes de que salga a la venta? Ésa es la prueba más definitoria a la que se enfrenta Andy en su escalada hacia la perfección según Miranda, claro. “Tú puedes hacerlo todo, ¿no?”, le provoca la editora. El director del filme quería que el personaje de Miranda no sólo fuera crítica o exigente (o mezquina como en el libro), si no que lograra seducir. Cuando Andy logra el objetivo, Miranda ha logrado también que Andy no le tenga miedo a nada.

7. Villana con sentimientos

Si Harry Potter muestra la sonrisa de satisfacción más perfecta en la cara de Miranda, en la otra cara de la moneda encontramos su absoluta desdicha cuando es abandonada por su marido. En la película no se retrata a un personaje unidimensional.

Hay que comprender a Miranda, sentir empatía. No le importa lo que escriban de ella, dice, si no cómo afectará a sus hijas el mal trago. Meryl Streep llora, sin maquillaje, y hasta logra que nos dé un poco de pena su personaje. Esa vulnerabilidad la aporta el guión de la película. La emoción traiciona a Miranda, que sí, que tiene vida interior y no es tan mala.

8. De patito feo a cisne

El diablo viste de Prada es como Armas de mujer pero con la moda de fondo. Buscaron en Andy a una chica normal, ésa que va en el metro o que trabaja cuidando niños. Cuando cambia, su estilo no es arriesgado, pero sorprende. “La gorda y lista”, según Miranda, no iba a ser Anne Hathaway. Rachel McAdams fue la primera opción, pero quiso alejarse de este tipo de películas mainstream, tras Chicas malas y El diario de Noa. Andy suele vestir de Chanel porque, según Patricia Field, es una chica Chanel. La firma estuvo encantada de mostrar sus modelos en una persona joven, como ese jersey negro con cuello barco sobre camisa blanca abotonada, con gorra a cuadros y un collar de perlas de Chanel.

9. Una carta de amor a Nueva York

Andy entra y sale del metro. También de los coches. Vemos interiores y exteriores de todas las zonas de la ciudad. Durante 55 días de rodaje les pasó de todo. Tuvieron que pedir permiso para rodar en el MOMA y en la zona de Bryan Park. El apartamento de lujo de Miranda salió de donde menos lo esperaban: de la casa de un amigo del propio director.

10. El final en la limusina cambió

“Todos quieren ser como yo”. Ésta era la frase con la que Miranda se despedía de Andy en la limusina al final de la película. Meryl Streep cambió el guión, ya que creía que no era muy correcto pensar que Miranda fuera tan vanidosa. Ella no era en realidad el centro, lo era el mundo de la moda. “¿Y si no es lo que quiero?”, pregunta Andy cuando duda si abandonar. “¿Y si no quiero vivir como tú?”. Y aquí es cuando escuchamos la frase que “inventó” Meryl Streep: “No seas ridícula, todo el mundo quiere esto. Todos querrían ser nosotras”.