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Lo único que hay que pedir en un avión es… zumo de tomate

El zumo de tomate no es una bebida muy popular, sin embargo sí lo es en los aviones.

Paola Lei | Woman.es

A muchas personas les apetece un zumo de tomate cuando se suben a un avión, la prueba es que esta bebida se convierte en una de las más solicitadas en los vuelos, según informan varias compañías aéreas, entre ellas Luftansa.

Mientras en los Starbucks del aeropuerto triunfa la Coca Cola en sus diferentes versiones, en el aire preferimos el zumo de tomate incluso por encima de la cerveza o el vino. Durante años los científicos han estudiado por qué los vuelos producen ese deseo de beber zumo de tomate. Y ahora una nueva investigación sugiere que la percepción del gusto no solo proviene del sabor de la bebida en cuestión, sino también del ambiente que rodea a la persona en un avión.

En la cabina del avión la comida se consume bajo condiciones de ruido que pueden superar los 85 decibelios la calidad de los alimentos se percibe como muy baja. El estudio publicado en la revista Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance asegura que los elevados decibelios agudizan el gusto de las personas por comidas con sabores intensos y, concretamente, por el sabor que los japoneses llaman umami, y que se encuentra en la salsa de soja, el queso parmesano y los tomates maduros.

Ante los lamentables menús de las aerolíneas y las ganas de tomar algo con un sabor potente que producen los decibelios nos lanzamos a pedir zumo de tomate, sin apenas darnos cuenta y sin que ni siquiera nos guste. Si en los aviones dieran de comer algas, queso parmesano o cerdo en salsa de soya o setas (los alimentos que mejor recuerdan el sabor del umami) tendríamos más opciones para elegir. Pero como no es así nos quedamos con el zumo de tomate.

El objetivo de este estudio es ayudar a las aerolíneas a ampliar sus ofertas de comida para que sean más atractivas y distraigan a los pasajeros del ruido de los motores. Otras razones también explican las razones por las que nuestra percepción del gusto cambia en un avión. Las funciones del cuerpo humano se alteran a una altura de miles de metros sobre el nivel del mar y el cerebro dispone de menos oxígeno.

Además, la presión del aire de la cabina limita el sentido del olfato que está muy ligado al del gusto, lo que explica que muchas comidas nos resulten insípidas durante un vuelo y prefiramos sabores potentes como el zumo de tomate con limón, su sal y su pimienta.