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Adiós a esos tres kilos que nunca se van

Motivos que pueden estar perjudicando tu pérdida de peso.

Paola Lei | Woman.es

Tras tres meses de comer lechuga y lonchas de pavo, rodajas de piña y pomelos algo has adelgazado, sin embargo ahí están esos tres kilos resistentes que marcan la diferencia entre marcar tripa con un vestido de punto o llevarlo como si fueras una sílfide.

Sigue leyendo porque seguramente estás cometiendo uno de estos errores o estás pasando por una de estas circunstancias que no te dejan conseguir tus objetivos de peso.

Tu dieta es circunstancial, digamos que te la planteas para el verano. No es un cambio de estilo de vida

Eso implica cambiar el beicon por el pavo y los bollos por la tostada integral, pero solo hasta que empiece a refrescar y llegue el bendito día de volver a ponerse un abrigo salvador que lo disimule todo. Si ese es tu caso y ya estás salivando con el plato de cocido que te vas a comer cuando empiecen los primeros fríos. Todo esto supone que los kilos que has perdidos volverán con más fuerza en cuanto vuelvas a tu dieta habitual. Para perder peso de un modo consistente hay que cambiar los hábitos alimenticios y no convertirse en un turista de dietas varias. Es posible que comas lo que marque la dieta de turno que hayas escogido, pero como es una situación de excepción para ti te la saltarás en la primera oportunidad. Así que debes vigilar lo que sacas de la máquina expendedora del trabajo o lo que picas cuando te vas de cañasQuizás esos sean los momentos de recompensa que te das a ti misma por someterte al sacrificio de la dieta. Lo cual no está nada mal, pero debes ser consciente de que esos pequeños regalos son los responsables de esos tres kilos que te sobran.

Ya no tienes 20 años

A medida que se pierde masa muscular, algo que se acelera a medida que cumplimos años, se ralentiza el metabolismo y nos cuesta más perder peso. En concreto las mujeres adultas tienen que hacer un esfuerzo extra para construir masa muscular y tener una figura más esbelta y tonificada y que además acelere el metabolismo. Comer proteínas y acompañarlo con ejercicios sistemáticos de fuerza (pesas) y cardio es la única forma de perder peso y volumen cuando ya no se tienen 20 años.

 Duermes poco

Una noche en blanco equivale a mator consumo de calorías al día siguiente o durante esa misma madrugada en la que no puedes pegar ojo, ¿qué mejor consuelo que asaltar la nevera en medio de la noche? Además, en esas noches de mal dormir se consumen calorías, azúcares y grasas. En eso coinciden todos los estudios. Cuando estás a dieta cualquier circunstancia que genere ansiedad –y el insomnio es una de ellas- hará que te abalances sobre la comida.

 Comes comida saludable pero precocinada

Ante el aumento del interés por comer sano muchas marcas de alimentos fabrican versiones precocinadas de platos pretendidamente sanos. Es posible que si tienes poco tiempo hayas elegido esa opción. Sin embargo, mucho de estos alimentos contienen mucha azúcar, por ejemplo, las barritas de muesli o los zumos de frutas de bote. Otros llevan estabilizadores y conservantes que no son tan sanos como parecen. Lo mejor es cocinar en casa, sobre todo si estás intentado perder unos kilos.

 Vives en una situación crónica de estrés

Mientras más tensa y nerviosa estés más grasa y azúcar pedirá tu cerebro. Más recompensa en forma de comida basura te pedirá el cuerpo. Además, el cortisol, una de las hormonas del estrés, es responsable de que acumules grasa en el abdomen y alrededor de la cintura.