La arquitecta Benedetta Tagliabue | Enrico Basili

Benedetta Tagliabue: "La arquitectura es hoy más integradora, más femenina"

Crea edificios pensando en el entorno, la sostenibilidad y el bienestar de las personas. La reconocida arquitecta, galardonada con uno de nuestros Premios Woman por su arquitectura con alma, es autora del Centro Kálida, en el Hospital Sant Pau de Barcelona, para personas enfermas de cáncer.

Myriam Serrano | Woman.es

Cercana, entusiasta, positiva... esta italiana enamorada de Barcelona dirige el estudio internacional Miralles Tagliabue con una sensibilidad fuera de lo común como base de su universo creativo. «Hacemos construcciones para las personas», nos dice sentada en una preciosa mesa de roble, diseño casi de ingeniería de su esposo, el gran arquitecto ya fallecido Enric Miralles. Juntos entonces y ella ahora al mando han sido siempre un referente de la vuelta al origen, lejos del concepto “arquitecto estrella”, hoy desprestigiado.

De vuestras obras, muchas premiadas, ¿cuál es tu favorita?

Entre las importantes para mí está el Mercado de Santa Caterina de Barcelona, ya que tiene relación con nuestra vida personal, está al lado de donde vivimos, y fue como crear el entorno de nuestra casa. También destaco el Parlamento de Escocia o el Pabellón de España para la Expo de Shanghái 2010.

¿Cómo influyó Enric Miralles en tu obra y en tu vida?

Era un arquitecto y un hombre genial, mi persona preferida. Estar casada con él era estarlo también con su arquitectura. Siempre te daba soluciones y puntos de vista inesperados ante cualquier problema.

¿Sentiste vértigo cuando tuviste que hacerte responsable del estudio y crear la Fundación Miralles?

Pánico. Siempre estaré agradecida a Rafael Moneo porque me dijo: «Mira, no te fuerces, acaba poco a poco los proyectos iniciados y después las cosas ya vendrán». Me sirvió. Pensé que era como si Enric estuviera en uno de sus viajes, pero muy largo…

Te enamoraste también de Barcelona, tu ciudad de acogida y donde empezó tu gran proyección internacional, ¿cómo la ves 30 años después de tu llegada?

Cuando vuelvo de mis viajes siempre doy las gracias por llegar aquí. Aunque la gente se la imagina una ciudad muy mediterránea, casi del sur, en realidad es fría, tiene una parte de austeridad pero a la vez de locura, colorido, extravagancia… Es señorial y al mismo tiempo delirante y bella. Milán también tiene la parte imponente pero su belleza es menos evidente. Es que Barcelona… ¡tiene un desparpajo!

El Mercado de Santa Caterina es una maravilla hoy llena de visitantes. ¿El turismo está perjudicando a las ciudades?

Yo no soy negativa hacia el turismo, es una realidad de nuestros días y no podemos escapar de ella. Hay que aceptar lo que hay y de la mejor manera posible. No se puede volver atrás. Yo me quedé en casa un verano embarazada, en 1995, y con Enric paseábamos y decíamos: «Hay turistas, fíjate qué fuerte, ¿qué hacen aquí y no en la Costa Brava?» Hay que dar crédito y valor a una ciudad que es como un lema, una imagen, algo fantástico que nadie en el mundo quiere perderse. Está ocurriendo en toda Europa: nuestra principal industria es el turismo… Tal vez nos convertiremos en un continente museo, porque lo somos, pero hay que hacerlo con inteligencia.

¿Qué retos tienen por delante las grandes ciudades?

La población irá cada vez más y más hacia las ciudades, y las que tenemos en Europa no son tan grandes, por eso debemos hacerlas funcionar bien, cuidarlas, que sean joyas de una buena vida y con una forma de desplazarnos fácil e inteligente. La concepción de una arquitectura sostenible la tenemos desde siempre.

¿Cómo empezó la aventura en China? 

Fue increíble conocer la China comunista a los 18 años, ¡todos vestían iguales!, pero debajo de ese mundo maoista se notaba la riqueza de una cultura milenaria. Volví en 2002 y era otro país. Luego gané el concurso para el Pabellón de España en la Expo Shanghái 2010 y eso me abrió las puertas allí, donde tengo un estudio y mucho trabajo. Cada año cambian de forma vertiginosa, tienen muy claro que son los líderes y hay que estar al nivel máximo para seguirlos.

¿Cómo inicias un proyecto? 

Investigando el territorio, su cultura, qué comen, cómo visten, eso nos da mucha información. Hacemos collages con estas imágenes y conocimientos, para que fluyan las cosas y crear primeros esbozos. 

La naturaleza siempre ha sido clave en tus proyectos...

Estar atentos al entorno, al clima, a tu cliente… es lo que significa ser verdaderamente sostenible. Nosotros siempre hemos implementando los conocimientos a nivel energético para que los edificios impacten de la menor manera posible en el clima global y en el bienestar total. Y apostamos por el reciclaje, una forma de inteligencia natural que intento aplicar. En Santa Caterina aprovechamos parte del mercado antiguo, como vigas, muros y estructuras. En el Parlamento de Escocia hemos mantenido y rehabilitado materiales existentes. Somos de los primeros que hemos sido capaces de hacer una arquitectura mixta, donde la parte nueva y la recuperada pueden convivir. 

¿Se puede hablar de una arquitectura en femenino? 

Sí, y me parece que la arquitectura ahora es más femenina. Hay una geometría más especial, de líneas más suaves, en parte gracias a la revolución digital actual. Existe una capacidad más integradora, de ser más suave y atar cosas diferentes, de tener una relación con la tierra y un interés por las superficies y los tejidos, lo que siempre han cuidado más las mujeres. Nosotras estamos diseñadas para adaptarnos, porque normalmente era la mujer la que se iba de la casa a otra familia, tenía que habituarse a lo que se encontraba. En esto somos mejores que los hombres, estamos más adaptadas a lo que pide el mundo que está viniendo. Las mujeres somos más necesarias que nunca para transformar la sociedad.

 

ARQUITECTURA Y DISEÑO CONTRA EL CÁNCER

«El centro Kálida en el Hospital Sant Pau de Barcelona es nuestro proyecto más importante de esta etapa, porque es un tema que he vivido personalmente. Un grupo de mujeres me pidió ayuda para traer a España un tipo de centro, muy bonito y con jardín, donde las personas con cáncer pudieran escapar o encontrarse. Cuando enfermó mi marido (Enric Miralles) me ayudó mucho encontrar algo así en Houston, y les dije que podían contar con mi poco tiempo, mi energía y la fuerza de mi estudio para hacerlo realidad. Los Maggie’s Centre son espacios de apoyo psicológico cuya filosofía es el poder sanador de la belleza y la arquitectura». El de Barcelona es obra de Miralles Tagliabue, con interiorismo de Patricia Urquiola.

Centro Kálida, Hospital Sant Pau de Barcelona | Paola Acevedo