Manifestaciones en Minsk, Bielorrusia. | Sergei Grits / GTRES

Svetlana Tijanóvskaya, la ‘pobre chica’ que va a acabar con el dictador de Bielorrusia

Una profesora sin trabajo, dedicada a sus hijos, ha logrado levantar a todo el país contra el presidente Lukashenko. 

Carlos A. Mendía

“Abandono mi vida tranquila por Serguéi, mi marido. Por todos nosotros. Estoy cansada de tener que soportar todo, cansada de callarme, cansada de tener miedo. ¿Y ustedes?”. Svetlana Tijanóvskaya provocó un rugido en las decenas de miles de personas que había congregado en el centro de Minsk, la capital de Bielorrusia. Quedaba una semana para las elecciones presidenciales del 9 de agosto y la mujer que iba a disputar el cargo a Alexánder Lukashenko, desde hace 26 años instalado en un poder absoluto, empezaba a convertirse en una seria amenaza para el régimen.

Hoy Tijanóvskaya sigue animando a sus compatriotas a continuar con la revolución democrática desde su exilio en Lituania, donde ha tenido que huir con sus hijos después de los comicios, en los que Lukashenko obtuvo supuestamente un 80% de los votos, igual que en todas las anteriores elecciones que ha organizado. La Unión Europea y Estados Unidos tachan los resultados de fraudulentos y exigen unas nuevas elecciones.

“No tenemos derecho a ceder ahora. Si lo hacemos, seremos esclavos para siempre”, afirma Tijanóvskaya. Con su aliento, las manifestaciones multitudinarias y las huelgas se suceden desde entonces, a pesar de la réplica violenta de la policía. Para los bielorrusos ella es su símbolo, una bandera que se ha alzado cuando nadie lo esperaba, porque todos los opositores al régimen han sido encarcelados o se les ha negado su derecho a presentarse a los comicios.

Uno de ellos es su pareja, Serguéi Tijanovski, un bloguero y activista cuyo delito fue publicar un artículo anunciando que competiría por la presidencia “contra la cucaracha de Lukashenko”. Ella no pudo soportar verle detenido. Se cansó de callar. Y ocupó el lugar de su marido.

La comisión electoral aceptó su candidatura porque no la consideraban una amenaza. Era una desconocida ama de casa de 37 años sin experiencia política, que abandonó su trabajo como profesora de idiomas para ocuparse de su hijo mayor (10 años), con problemas de audición, y que siguió dedicada a su familia al nacer su hija pequeña hace cinco años.

“Pobre chica. No tiene ni idea de nada. Es muy poquita cosa”. De este modo contestó el presidente Lukashenko cuando le preguntaron por su rival, en una de sus demostraciones de misoginia, de las que se jacta, al igual que de su homofobia o de su negacionismo del Covid-19.

Sin embargo, toda la oposición se ha unido a esa ‘pobre chica’ en un frente común que muestra un indiscutible protagonismo femenino. En las comparecencias públicas de Tijanóvskaya la suelen acompañar Veronika Tsepkalo, esposa de otro líder opositor, y María Kolésnikova, jefa de campaña de un tercero. A ellas se ha sumado la Nobel de literatura Svetlana Alexievich y juntas están inspirando a otras miles de mujeres que ahora encabezan las manifestaciones vestidas de blanco, descalzas y con flores en la mano para enfrentarse a los antidisturbios que envía un desesperado Lukashenko, ese pobre chico.

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