Shailene Woodley, en el desfile de presentación de Giambattista Valli en 2020 | Pascal Le Segretain / GTRES

¿Por qué Shailene Woodley es la actriz que Hollywood necesita para reinventarse?

Su papel en ‘Big Little Lies’ tuvo mucha repercusión en su carrera

Noelia Murillo

Acostumbradas a conocer el perfil más glamuroso de las celebrities, resulta muy fácil distinguir aquellas que no ejemplifican lo que podría llamarse “famosas al uso”. Una de ellas y, quizá, de las más sorprendentes es Shailene Woodley, a quien muchas conocemos a raíz de su impecable papel en la serie ‘Little Big Lies’, disponible en HBO.

Tratándose de una de las series feministas por excelencia en los últimos tiempos, es fácil identificar a quien interpreta al personaje de Jane Chapman, marcado por un trágico pasado, como una de las mujeres más interesantes y auténticas de la industria cinematográfica actual. A pesar de seguir un guion, no cabe duda de que su interpretación sobresale en muchas ocasiones por su admirable ferocidad.

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Para meterse en la piel de un personaje de esas características hay que tener mucha fuerza frente a las cámaras y, sobre todo, valentía, dos rasgos que caracterizan a Shailene Woodley. A pesar de que no fue su primera interpretación (‘The Descendants’, ‘Divergente’ y ‘Snowden’ se rodaron mucho antes), fue sin duda este papel el que la situó entre las actrices más cotizadas de la pequeña y gran pantalla.

Pero eso no tienen ninguna relevancia para una mujer como ella y, por ese motivo, el hecho de haberse convertido en una gran estrella no ha transformado demasiado su vida ni su actitud hacia ella. Así lo ha reconocido en una reciente entrevista publicada por ‘The Hollywood Reporter’, donde ha afirmado que nunca había deseado convertirse en un personaje público.

“No quería la fama. No tenía en la cabeza aquello de ‘quiero estar en los Oscar algún día’. En la escuela nunca le dije a la gente que era actriz y cuando mis compañeros me decían que me habían visto en ‘Me llamo Earl’ me lo tomaba como una burla. Me sentía muy insegura”, asegura al comienzo del reportaje. A pesar de ello, nunca sintió demasiada presión para continuar su carrera profesional y por ello la abandonó durante dos años aun siendo menor de edad.

“Todas las oportunidades que se me presentaban eran enormes, películas de gran éxito de taquilla. Para mí no representaban ninguna creatividad. […] Miro hacia atrás de mi yo de 18, 19 o 22 años y me asombra mi capacidad para decir que no”, confiesa la que será protagonista de ‘La última carta de amor’, que se estrenará este año.

Además de por tener la capacidad de rechazar papeles con los que hubiera conseguido la fama de manera anticipada, que le dota de una gran personalidad pocas veces vista en circunstancias como estas, uno de los aspectos con los que la actriz demuestra ir al margen de lo convencional es su capacidad para dar su opinión sin miedo a represalias.

Por ello, no duda en comentar ciertos detalles que le molestan y que están especialmente relacionados con su profesión. Es el caso de los rodajes en los que se incluyen escenas de sexo, en los que reconoce no sentirse cómoda y no precisamente por estar desnuda, sino todo lo contrario. “Nunca me he sentido mal rodando escenas íntimas porque soy muy… vocal. Siempre he hablado tanto con el actor como con el director sobre la escena: cómo se va a filmar, si es necesaria la desnudez, si eso suma algo a la escena…”, ha puntualizado.

De ese modo, ha revelado que siempre opta por el realismo y busca evitar todo aquello que le reste autenticidad al rodaje. ¿Por ejemplo? Las escenas de sexo en las que ellas llevan sujetador. “A menudo se ven películas en las que dos personas tienen relaciones sexuales y ella lleva sujetador. ¡En la vida real nunca lo he hecho con él puesto!”, ha comentado. Lo cierto es que en la era de lo visual todavía sorprende que se censuren los cuerpos femeninos en redes sociales o en producciones de cine (otras, sin embargo, suelen exaltar el cuerpo de las mujeres y no el de los hombres). Solo porque una actriz como Shailene Woodley mencione este dato merece la pena revisar qué grado de verdad tiene lo que vemos en la gran pantalla. ¡Basta ya de suprimir la naturaleza!