Raffaella Carrà, durante uno de sus números de baile | Samugheo / GIACOMINO / GTRES

Por qué Raffaella Carrà cambió la historia (y las mujeres le debemos tanto)

La artista se configuró como un icono del feminismo y la transgresión

Noelia Murillo

Cuando algo está prohibido genera curiosidad de forma instantánea y eso es algo que en la cultura popular no ha pasado desapercibido. Mientras que Elvis Presley sufrió en sus carnes por primera vez lo que era la censura, cuando en el programa Ed Sullivan Show limitaron las tomas a primeros planos para evitar que las cámaras captaran la sinuosidad de sus movimientos, a Raffaella Carrà casi le hicieron lo mismo en una de sus primeras actuaciones de televisión. Y decimos casi porque la artista, que había venido al mundo para romper las normas, no dejó que nadie decidiera qué enseñar y qué no.

Aparte de que se trata de contextos muy diferentes, la diferencia fundamental (y por la que hoy sentimos que hemos perdido una artista esencial de nuestra cultura popular) es que La Carrà era mujer. Teniendo en cuenta la inercia de la historia, que se ha dejado guiar y contar por la mirada masculina, no está de más recordar por qué Raffaella transformó a su manera su transcurso para convertir el mundo en algo diferente.

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Porque, de no ser por su actitud transgresora, muchas artistas que hoy presumen de esta virtud no podrían hacerlo. Siempre se necesitan pioneras a las que dedicar la atención para configurar un camino profesional y de agallas iba sobrada. Tanto, que además de por su inconfundible risa, el movimiento de su melena rubia y sus extraordinarias dotes en la pista para el baile también será recordada como ‘el ombligo de Italia’.

Gracias a gestos como el que tuvo la también actriz en la década de los años 70, cuando mostró su ombligo en la televisión pública italiana (era la primera mujer en tener esa “osadía”), muchas mujeres sintieron que las reglas estaban cambiando y que era el momento de actuar. Hoy no sería nada extraordinario ver esa parte del cuerpo de la mujer en los medios de comunicación, pero en un momento en el que la mujer llevaba cuello vuelto y la falda por debajo de la rodilla significaba mucho.

Además de por sus trajes imposibles (en los que no faltaban coloridos maillots, escotes pronunciados y pantalones súper ajustados), la show girl se configuró como un icono de la figura femenina. No tenía problema para hablar de temáticas, hasta entonces, muy mal vistas en boca de una mujer. Libertad sexual, promiscuidad, homosexualidad… La cantante no perdía el tiempo en adornar sus canciones de sutilezas y buenas palabras. Basta con escuchar Fiesta o Hay que venir al sur para confirmarlo.

Raffaella Carrà, saludando al Papa Juan Pablo II | GTRES

Todo eso, teniendo en cuenta que se escuchaban cuando España aún permanecía en el letargo de una dictadura que había censurado la famosa escena de Gilda en la que Rita Hayworth cantaba Put The Blame On Mame. “Lo que no pudo conseguir un guante de seda negro, que lo logre Tuca Tuca”, pensaría la cantante.

Y tanto que lo hizo. A pesar de que el Vaticano censuró este tema, que nació con la idea de crear una coreografía divertida (en la que la presentadora tocaba las rodillas y las caderas de su acompañante, Alberto Sordi), esa lluvia de críticas se tradujo en un éxito absoluto que no pasó desapercibido ni en su país natal ni en el resto del mundo. Así, demostró que la mejor forma de combatir lo prohibido era, precisamente, enfrentándose a ello. ¡Bravísima, Raffaella!

Con su muerte, se va un icono de la canción y del espectáculo televisivo pero, sobre todo, un ejemplo de emancipación y fuerza arrolladora. Curiosamente, ha fallecido el mismo día en que se celebra el 75 aniversario de la aparición del bikini, una pieza dispuesta a la liberación de las mujeres. Puede que las casualidades no existan, pero esta es una que nos recuerda todo lo que debemos a aquellas que en su día lucharon para que hoy podamos disfrutar de esas libertades. No podemos más que agradecer su empeño.