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El Proyecto Maasai Pikolinos desde el punto de vista de su líder William

Conocemos a William, en líder maasai que ha hecho posible el Proyecto Maasai Pikolinos.

Aida Ortega | Woman.es

Ir a una tienda parece un hecho habitual, sin embargo, una tarde de mayo acaparamos todas las miradas de los que allí entraban. ¿La razón? Entre nosotras se encontraba William, un líder masaai cuya labor es ayudar a su pueblo y a preservar la cultura adaptándose a los nuevos tiempos.

William es, junto a Rosa Escandell, uno de los artífices del Proyecto Maasai Pikolinos. Ambos forman parte de ADCAM (Asociación para el Desarrollo, Comercio Alternativo y Microcrédito), intermediarios entre la firma y la comunidad keniata que se encarga de realizar la línea de accesorios que hace posible sembrar la ilusión en el corazón de África gracias al desarrollo del comercio justo.

Pero, ¿cómo comienza todo? Rosa Escandell, responsable de ADCAM, viajó a Nairobi donde le hablaron de William, un joven que trabajaba incansablemente pidiendo ayuda para montar una escuela en su comunidad. Tras conocerlo, hablaron del papel escaso de las mujeres en Tanzania, y como estas debían convertirse en piezas fundamentales con la ayuda de la educación. Este pensamiento dio lugar a lo que conocemos hoy como el Proyecto Pikolinos Maasai (donde Pikolinos Solidarity juega un papel fundamental), en el que las mujeres realizan los complementos de esta línea a cambio de un salario con el que contribuyen en su familia. Un hecho que costó introducir en comunidades en las que las mujeres ocupaban un puesto secundario y donde ahora se ha conseguido que tengan voz.

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Ha sido la labor incansable de este líder la que ha hecho posible que esto sea una realidad. Desde pequeño tuvo que cuidar de su madre que enfermó gravemente, buscaba la manera de ganar dinero con la única finalidad de llevarla a un hospital. Esto hizo que adquiriera un ejemplar don de la responsabilidad que le llevó a convertirse en el líder de su comunidad.

No es la primera vez que William visita nuestro país, desde que comenzó este proyecto (hace ya 7 años), han sido varias las ocasiones en las que ha podido descubrir las numerosas diferencias entre ambos continentes. Sin embargo, hay algo que asegura que siempre le llama la atención: "Aquí la gente va corriendo siempre, el ritmo de vida es muy acelerado, la gente tiene muchas cosas pero no es feliz, no está relajada. En Tanzania y Kenia la gente trabaja feliz y tranquila, rodeada de naturaleza".

Pero hay algo que sí le ha conquistado, la tortilla de patata (o española como la conocen allí) de la que asegura haberse hecho seguidor. "Lo próximo que se llevará será la paella" añade Rosa Escandell entre risas.

Conocer a William ha sido ver el Proyecto Pikolinos Maasai con otros ojos, tener la oportunidad de descubrir la lucha de una sociedad por salir adelante, y ver como las mujeres imprimen en cada pieza su fuerza y carácter.