Pelayo Díaz con camiseta de Gucci, camiseta a cuadros Uniqlo, pantalones Not Guily Homme, bolso Dior y botas Dr.Martens. Estilismo por Esther Aguado | Borja Zausen

Las dos caras de Pelayo

Aunque ya sumaba legiones de followers en la redes sociales, fue asomarse a la pequeña pantalla con “Cámbiame” (Telecinco) y desatarse la locura. Este pequeño estilista, diseñador, bloguero, dj, artista y escritor se ha hecho muy grande. Por dentro y por fuera.

ESTHER AGUADO

Pocas veces alguien afirma haber cumplido todos sus sueños. Y da gusto oírlo. Pelayo Díaz es, a sus 30 años, el prototipo de amigo que alguien querría tener siempre al lado: disfrutón, generoso, espontáneo... Una de sus máximas es “¡Vivid el ahora!” y él se lo aplica a rajatabla. Sobre todo, cuando la muerte de su gran amiga Bimba Bosé sigue tan reciente, tan dura, tan presente. Detrás de ese chico indomable que enciende Twitter llamando petardas a las actrices hay un asturiano tierno y optimista que solo trata de ser feliz. Y parece que lo consigue.

Tu programa televisivo se llama “Cámbiame”, si pudieras reencarnarte en otra persona, ¿por quién te cambiarías?

¡Uf! Nunca me lo había planteado, pero la persona a la que más admiro en el mundo es mi padre y supongo que querría ser como él. La verdad, nunca he tenido la necesidad de ser otra persona. De hecho, siempre he querido ser distinto a todos los que conozco (risas).

O sea, que con ser tú ya te basta y te sobra...

Es que es muy difícil ser uno mismo. Ser otra persona es fácil: copias actitudes, gestos, ropa, estilo y ¡tachán!

¿Cuánto tiempo te ha llevado saber quién eres?

Bueno, nunca acabas de descubrirte... Ese es el viaje tan guay que te ofrece la moda. En cada temporada vas adaptando las tendencias a tu personalidad. Uno no tiene que dejar de experimentar y de descubrir nuevas facetas. Cuando me mudé a Londres, con 19 años, creía que me conocía bien y ahora... cada año intento cambiar algo de mí que no me convence del todo, sí. Intento ir mejorando con los años. Pero aún estoy muy lejos de ser la persona que quiero llegar a ser.

Si pusieras en una balanza tu yo interior y tu yo exterior: ¿hacia dónde se inclinaría Pelayo?

Hacia lo interior, sin duda. Soy muy asceta, me encanta la belleza, no te lo voy a negar: un jarrón, un paisaje, una cara. Pero el problema viene cuando una cara bonita abre la boca y no te conquista la mente. La belleza pasa y alguien que te hace reír o que cuenta historias apasionantes... Eso no cambia. Lo ideal sería que la balanza se compensara. Tampoco lo pido todo: ¡no soy tan avaricioso! La sensación de que alguien quiera estar contigo es mucho más importante a que alguien quiera verte.

Has vivido en Oviedo, Barcelona, Londres, París y ahora en Madrid. ¿Dónde te has sentido más feliz?

En Londres, sí. Allí tenía aún la vida por construir, todos los planes de futuro: estudiar en la St. Martin’s (una de las escuelas de moda más prestigiosas del mundo), ser diseñador, estaba lleno de ilusión, de planes. Me lo pasé tan bien... Siempre había alguna fiesta, amigos nuevos... Eso me da mucha nostalgia. Pero también soy muy feliz ahora en Madrid. Ha sido una ciudad súper generosa conmigo, la gente me ha tratado súper bien, me han dado muchísimas oportunidades. Hay que ser feliz donde estás: no hay que tener demasiada nostalgia ni muchos planes de futuro. Es importante vivir el momento, porque se nos va. Y no nos damos cuenta.

Eres un hombre orquesta. ¿Te sientes más influencer, bloguero, diseñador, estilista, dj, ahora escritor...?

Lo maravilloso de estos tiempos es que todo el mundo puede hacer lo que quiera. Se han roto las barreras y eso es genial, aunque mucha gente lo critique. Siempre que te lo pases bien y a la gente le interese, eres libre. Yo he pasado por muchas facetas: he diseñado con McQueen, he dado un giro más cooltureta con mi blog, subiendo fotos de viajes, exposiciones, he pinchado en fiestas muy divertidas... vas buscando quién eres y explorando distintas facetas. Mientras cuentes una buena historia, siempre habrá alguien dispuesto a escuchar.

Después de doce años en las RRSS, ¿lo mejor?

Expresarte. Saber que alguien, en la otra punta del mundo, te está escuchando y hay un feedback, un comentario. Y también la democratización de la moda. Era un mundo exclusivo y cerrado a algunas élites y gracias a los blogueros se ha abierto a la calle.

¿Hubo momentos duros?

Los comienzos con el blog lo fueron. Todos nos criticaban, sobre todo la prensa escrita, porque nos veía unos usurpadores. Pero fue divertido. Colarte en desfiles y en fiestas exclusivas con tus amigos, viajar en pandilla... Lo disfruté mucho.

¡Cómo te ha cambiado la vida!

Pues sí, pero antes lo pasaba mejor. Eso de dormir cuatro en una habitación se echa de menos (risas).

 

¿Ha habido algún portazo?

Pues no lo quiero gafar, pero la verdad es que no. He ido a por cada sueño y los he cumplido. Todos los he conseguido, de veras.

¿Y ahora con qué sueñas?

Con formar una familia. Es un sueño mucho más clásico, más romántico, pero quiero comprarme una casa, casarme, tener hijos y poder irme de fin de semana.

Siempre has tenido parejas diseñadores (David Delfín, Nicolas Ghesquière y, ahora, Sebastián Ferrero). ¿Eso responde a una necesidad de seguir aprendiendo?

Ha sido pura casualidad. También es una consecuencia del mundo en el que me muevo, que es el de la moda. Me gusta la gente creativa, con conversación... No sabría de qué hablar con un banquero. ¡Ni siquiera le entendería!

¿Y qué te ha enseñado la tele?

No quiero emocionarme al decirlo, pero hay gente que necesita que la escuchen y hay gente muy sola (se emociona). Sé que “Cámbiame” es un programa de moda, muy frívolo y no es el mensaje que yo quiero mandar. Cuando cambio a alguien, a veces pienso que lo último que necesita es un vestido. Necesita a un grupo de amigas que la saquen a tomar un café, que la escuchen y que le digan que todo va a ir bien. Hay gente que no tiene ni lo prescindible –como la ropa–, ni lo imprescindible.

A ti no te pasa eso, con tu legión de amigos...

Pero he aprendido a valorar lo que tengo, que es mucho, a decir a mis amigos y a mi familia que los quiero, todo el tiempo.

¿Te ha compensado la pérdida de privacidad, ahora que eres tan famoso?

No se puede elegir. No puedes dedicarte a la televisión y que la gente no te reconozca. Hay una parte divertida, que es ir a un restaurante donde no hay sitio y que te lo hagan. Y otra pesada, que es cuando te paran para hacerse fotos, da igual que estés de fiesta con tus amigos, que de cena romántica. Pero hay que relativizar.

¿Te ha llegado a agobiar?

No, básicamente porque no suelo enterarme cuando hay paparazzi. Luego veo mis fotos en las revistas (risas). Yo me siento muy querido, la prensa siempre me ha tratado con cariño y respeto.

Pelayo Díaz | Borja Zausen

Eres de los que piensa que todo el mundo tiene un precio, ¿cuál es el tuyo?

Es un juego que tengo con mis amigos; ellos me preguntan: «¿Harías esto?» Yo contesto: «Nooo»; y ellos insisten: «¿Por cuánto?» Siempre hay una cifra. Es literal. Bueno, hay barreras como la prostitución... pero vamos a tocar madera, porque igual me van mal las cosas y ¡tengo que hacer porno!

¿Y qué es para ti el lujo?

Pues no tener filtros, pasar de ir a un “Sálvame Deluxe” a realizar un proyecto con Armani. Si tienes humor, imagen y personalidad, puedes hacerlo todo.

Tienes casi un millón de seguidores en Instagram, “The Times” colocó tu blog (katelovesme.net) en la lista de los 40 más influyentes del mundo... ¿Eso te noquea?

Me anima... Pero lo de Instagram es muy relativo, porque lo haces con tu móvil, desde el que llamas a tu madre... No eres consciente de hay detrás tanta gente. Solo cuando ves los likes lo empiezas a asumir. La clave es ser natural: subir momentos cotidianos sin pensar en que tal marca te llamará por eso. Eres como ellos. Eres ellos.

Confiesa: ¿Has retirado alguna foto?

Una vez borré un vídeo de Instagram. Era de audio y la gente creyó que estaba con alguien que no era. Y pensé: «Mejor lo borro.» Y algún tweet por faltas de ortografía.

Siempre has dicho que la vida está para arriesgar... ¿Con qué nos vas a sorprender?

Yo tomo decisiones sin meditarlas demasiado. Creo que ser espontáneo es un valor. Ahora voy a sacar un libro, “Indomable” sobre el Pelayo pre-“Cámbiame”.

¿Y tener una colección propia de moda, como muchos otros influencers?

No creo. Trabajé cinco temporadas como director creativo de accesorios para la firma Davidelfin y satisfice mi faceta de diseñador. Vi lo durísimo que es tener una marca, crear una colección cada seis meses, pagar la luz...

Acabas de lanzarte como modelo de pasarela, nada menos que con Dolce & Gabbana...

Cuando me llamó la relaciones públicas de la firma, no podía creerlo. Fue lo más y lo disfruté como un crío. Y eso que era el más bajito... Estaba muy cohibido. Hasta que llegó Domenico y, al verme en calzoncillos, dijo: “Good proportions”. Fue un subidón.

GTRES

¿Conocías ya a los diseñadores italianos?

Hacía diez años, en Milán, me enseñaron la colección antes de desfilar. Ellos llevan muchos años trabajando con influencers. Con veinte años, me invitaron a ver el desfile; a los 30, me hacen desfilar... ¡A ver qué hacen conmigo cuando cumpla 40!

¿Qué debe tener un bloguero para llegar a ser un influencer internacional?

Constancia, trabajo, no perder la paciencia ni querer abarcar más, pero con una pizca de ambición y saber disfrutar el momento. Ahora es más fácil, pero en 2005 las firmas no entendían nada. Hoy son las que nos persiguen.

De todas las personas que has conocido, ¿quién te ha dejado en shock?

Anna Wintour. Nos presentaron en una cena en Nueva York y me impresionó su simpatía, su mirada directa y que sus palabras fueran: “Encantada de conocerte, he oído hablar mucho de ti”.

¿A quién te gustaría cambiar?

A Pablo Iglesias. Le cortaría el pelo, le daría una imagen más creíble, porque su look no convence. A él le gusta ser diferente, pero con otra imagen. Pero no cambiaría a nadie que no me lo pidiera.