Paul Maffi/ Woman

Keira Knightley, la anti estrella

Encarna una feminidad irreverente y juvenil, libre de imposiciones. Musa de belleza de Chanel desde hace diez años y nueva embajadora de los anillos Coco Crush, la actriz continúa
su brillante carrera, que combina con una ordenada vida en Londres. Nos encontramos con ella.

Christelle Laffin

Una mañana londinense. El sol tiene la deferencia de aparecer tímidamente. En un estudio fotográfico de inmensos ventanales, Keira Knightley yace lánguida en una cama deshecha con pantys de rejilla, una chaqueta de tweed y un collar de Chanel, con mirada incandescente y su legendario mohín decorado con rojo de labios Coco, el emblemático pintalabios de la casa. Rock and roll. Con los Rolling Stones como banda sonora. De adolescente, esta chica que antaño tenía cierto aire masculino y era capitana del equipo de fútbol de su colegio, veía “Lo que el viento se llevó” en bucle. Esa mezcla de picardía yang y glamour yin es lo más sorprendente de ella. Se entiende que Karl Lagerfeld le haya confiado el papel de Gabrielle Chanel en un cortometraje, “Once Upon A Time”, por su apariencia de morena ingenua, fascinante y decidida. Y que la hayan propuesto para interpretar a Colette, autora de “Chéri”. Elegida a los 14 años para hacer el papel de Sabé en “Star Wars: Episodio 1 - La amenaza fantasma”, esta niña de familia de artistas que ya a los 3 años reclamaba un agente a sus padres (actor él, guionista ella), ha tejido una filmografía inmaculada, que abarca desde éxitos de taquilla de dimensiones planetarias (“Piratas del Caribe”) hasta nominaciones a los Oscar (“Orgullo y prejuicio” y “Descifrando Enigma”) pasando por películas de autor (“Un método peligroso”, de David Cronenberg). Hace gala de un refrescante desenfado británico frente al gran circo de la fama. Voluntariamente a salvo de los paparazzi y las publicaciones de Instagram, la esposa del músico James Righton dio a luz a la pequeña Edie en 2015, a los 30 años. Una joven estrella vivaz y espontánea.

Desde hace diez años estás asociada a la imagen del perfume Coco Mademoiselle. ¿Te sientes más señora tras haberte casado con James Righton, en 2013?

Lo cierto es que no. Nunca había fantaseado sobre el matrimonio en sí, ¡tal vez porque siempre pensé que mis padres se casaron por la hipoteca de la casa (risas)! Cuando James me pidió matrimonio, me dije a mí misma que era una experiencia inédita y genial para vivirla. Pero me negué a perder mi apellido. ¡Me parecía raro! Edie (su hija) lleva el de su padre. Mi madre conservó su apellido de soltera, y yo también. En nuestra familia es una tradición mantener esta singularidad. Y estoy comprometida con ella.

“Anna Karenina”, “La duquesa”, “Un método peligroso”, “Descifrando Enigma”… Te gustan los personajes con corsé, tanto en el sentido literal como en el figurado. ¿A qué se debe esta fascinación?

Se ha convertido en el hilo conductor de mi carrera. En pantalla he llevado corsé a menudo. Se trata de una bella metáfora para una temática muy humana, que motiva todos nuestros comportamientos: nos sentimos encorsetadas, ya sea financieramente o por motivos de salud o, como en el caso de la científica Joan Clarke de “Descifrando Enigma”, por no tener derecho a trabajar en un medio masculino debido a las convenciones sociales... Incluso cuando solo se trata de una impresión, todas sentimos que se nos ponen trabas en un momento u otro. El hecho de ser mujer, mi aspecto y mis orígenes pueden ser una fuerza o un hándicap, pero en todo caso son prisiones, jaulas, etiquetas. Me gusta aprender a adaptarme a ellas. O a deshacerme de ellas. 

Eres una estrella mundial desde “Piratas del Caribe”, en 2003. ¿Por qué dejaste Hollywood para volver a vivir en Londres?

Si me quedo demasiado tiempo en Estados Unidos, no me siento en mi lugar. Adaptarme a la burbuja hollywoodiense me exige un  esfuerzo constante. Había llegado a un nivel de fama que me incomodaba y que era consciente que no podía gestionar. Me aparté voluntariamente de papeles que me habrían expuesto en exceso. Durante mucho tiempo me sentí culpable, ¡pero ya no! Tengo la suerte de saber que Gran Bretaña es mi hogar. Me siento igual de bien en Francia, donde me casé –en Mazan, en la Provenza–. En Londres me enfrento a una diversidad que nutre mi forma de interpretar.

A diferencia de otros artistas, no pides ver tus fotos. Además, estás ausente de las redes sociales y de las revistas de cotilleos. ¿Qué relación tienes con la imagen que proyectas?

Confío en los fotógrafos profesionales, como hice con Mario Testino para la campaña de Coco Crush, y en los directores para que se ocupen de mi imagen. No comparto la filosofía egocéntrica de las redes sociales.

Culturalmente, Gran Bretaña no alienta el estrellato. Siempre ponemos sordina a nuestro ego, al contrario que los actores de Hollywood. Pero ellos encarnan, con motivo, el ideal soñado de lo que debería ser una estrella... Yo me considero una actriz que, de vez en cuando, se encuentra en la posición de una estrella. Alcanzar este justo equilibrio exige un esfuerzo constante, pero para mí supone una higiene esencial para la vida. 

En 2015 cumpliste treinta años, tuviste un bebé y diste tus primeros pasos en Broadway con “Thérèse Raquin”. ¿No te dio un poco de miedo tantos desafíos?

Necesitaba reencontrarme después del nacimiento de mi hija y los tres meses de noches en blanco turnándome con mi marido para estar a su lado. Es un reto y una necesidad para todas las madres, creo yo: elegir entre quedarse en casa o retomar una actividad. No quería pausar mi carrera indefinidamente y sabía que, si prolongaba mi descanso profesional, la culpabilidad me iba a empujar a quedarme junto a Edie. Pero pese a todo lo complicado que ha sido para nuestra familia, no me arrepiento en absoluto. La maternidad me ha enseñado a ir a lo esencial. Actuar forma parte de ello. Así que los tres empezamos una fase de nómadas en función de nuestros compromisos respectivos, y eso en sí mismo es una bonita aventura.

Coco Chanel dijo: «A una edad determinada, una mujer debe elegir entre su trasero y su rostro.» ¿Por qué parte te inclinarías?

¡El rostro, sin duda! ¿Quién elegiría la otra alternativa? La moda puede enmascarar con facilidad ciertas formas y resaltar otras. ¡No hay más que ver los vestidos de los años cincuenta! Mi cuerpo ha cambiado desde el nacimiento de mi hija, por supuesto. Mi caja torácica, por ejemplo, se ha abierto y probablemente no se volverá a cerrar. ¿Pero qué más da? Se nota la enorme presión social y mediática por «recuperar la silueta de antes del embarazo». ¡Pero nunca volvería a ser exactamente la misma! He creado un ser humano. ¿Por qué tendría que volver a mi cuerpo de antes? Yo prefiero más bien seguir hacia adelante. 

Mirando hacia delante: ¿qué nuevos trabajos presentarás próximamente? 

“Collateral Beauty”, de David Frankel, que he grabado con los geniales compañeros Will Smith, Helen Mirren, Edward Norton y Kate Winslet (21 de diciembre).

Hace diez años que eres musa de la maison. En tu opinión, ¿qué representa la mujer Chanel?

Es libre, tiene carácter y no se toma a sí misma en serio. Incluso si consideramos el traje sastre como un uniforme femenino, sigue siendo versátil: puede modernizarse o hacerse más formal. ¡Eso es lo que me gusta! La mujer Chanel tiene fuerza, en el sentido de girl power. Soñamos parecernos a ella, pero sin llegar a serlo todos los días. Con solo vestirme como ella, ya consigo un aire de persona importante.

¿Cómo definirías tu estilo? 

Me gusta hacer las prendas más chic o informales combinándolas, adaptar mi aspecto según mi estado de ánimo, mezclar los looks de día y de noche. Mi armario rebosa de fabulosas chaquetas y vestidos sublimes. Pero lo que me gusta por encima de todo es tomar prestados los jeans o los pantalones de mi marido y ponérmelos con una chaqueta a medida. O para un vestido de seda delicada, elegir unos zapatos masculinos o sandalias y una cesta de mimbre. Soy terrible para vestir elegante. Gracias a Dios, ¡los estilistas me ayudan para las alfombras rojas! 

Has ampliado la colaboración con la casa Chanel a su sección de joyería, representando los anillos Coco Crush. ¿Qué tipo de joyas llevas con más frecuencia? 

Pues precisamente los Coco Crush de tres colores, pero también pendientes de estrella y el pequeño anillo Camélia. Para las noches, alguna vez me he divertido convirtiendo un broche Plume de diamantes en joya para el cabello.