Inma Shara

Dulce, joven, guapa y absolutamente brillante. Como su carrera. La directora de orquesta vasca descubre con WOMAN la capital de la música.

MYRIAM SERRANO / MATGÍ BONET

El Danubio no es azul. Eso fue un sueño romántico de Johann Strauss. Inma Shara lo cruza feliz. Ha estado en Viena en otras ocasiones, «pero esta es la primera vez que vivo la ciudad». Aceptó encantada el reto de WOMAN : adentrarse en la cara más vanguardista de la capital imperial. En la Haus der Musik (Casa de la Música), junto al palmarés de los directores del concierto de Año Nuevo, nos confesó su sueño más ambicioso: figurar algún día en esta prestigiosa lista, hoy solo masculina. Quizá no esté tan lejos, Inma puede convertirse en la primera mujer directora de la mítica Orquesta Filarmónica de Viena.

 

Si la música está ya escrita, ¿qué hace el director de orquesta?
Interpretar la obra, leerla a su manera, con unos tempos y unas cadencias determinados para que los músicos lleguen a vivirla y a emocionar al público. Ese es el objetivo de mi trabajo, crear emoción. La obra se analiza, se estudia, se memoriza y por último se interioriza. Cada compás para transmitirla es pura pasión.

 

¿Te aprendes la partitura de memoria?
Sí, no sabes la cantidad de horas de estudio que requiere mi trabajo. Siempre llevo una conmigo, y por las noches, en los hoteles, me quedo estudiándola. Al final, en un concierto, es solo una referencia óptica. Y la batuta, una prolongación de mi brazo. Suele ser blanca para que los músicos la vean bien en la oscuridad.

 

¿Cómo se te ocurrió dedicarte a esto?
Comencé música a los cuatro años, y pronto sentí que iba a ser un modo de vida y una forma de sentir además de una profesión. La dirección para mí es la mayor expresión artística y acústica, con la que puedes dar vida a las grandes sinfonías de la literatura de la música.

 

La primera mujer que dirige la Filarmónica de Israel, de Londres... y quizá en breve de Viena, ¿cuántas veces te han presentado así?
Entiendo que sea reseñable, pero ser mujer en esto no tiene ningún significado añadido. Yo amo la música por encima de todo, incluso de mi propia vida. Tengo muy claro que soy una herramienta más, una transmisora de sentimientos. La música es el lenguaje universal por excelencia, y está por encima de raza, sexo, religión o política. No tengo un discurso feminista, aunque agradezco mucho los logros de ciertos colectivos. Creo en el talento, de ahí nace el arte.

 

No llegáis ni a diez directoras de grandes orquestas... ¿Por qué no sois más?
Sinceramente, no lo sé. Es uno de los poquísimos campos en los que sigue habiendo un olor a clásico... Hay mujeres músicas, pero para llegar a la dirección costará aún una o dos generaciones más, quizás ahora estemos asistiendo al principio de ese cambio.

 

Te esperan Moscú, Roma, Londres y muchas horas de estudio... Parece duro.
Me gustaría invitar a una lectora de WOMAN a que me acompañara durante una semana de ensayos. Mi vida no corresponde a ese ideal romántico que muchos suponen. Todo gira en torno a la música, representa un desgaste físico y psíquico enorme. Una orquesta es una gran familia, y en ella hay imprevistos, tensiones, problemas que solucionar, ¿te imaginas la infraestructura y la movilización que requiere una orquesta de 140 músicos? Pero mi pasión por la música me compensa enormemente.

 

¿Después de un concierto os vais de copas, como una compañía de teatro?
No hay tiempo para eso. Está todo tan perfectamente planificado que no permite convivir después de los ensayos, pero se establecen puentes afectivos muy intensos con personas a las que a lo mejor no vuelves a ver. Al día siguiente te queda una tristeza existencial. Cuando acabo una gira, me pego unas lloreras...

 

Perdona la frivolidad pero... ¿despiertas mucho morbo entre los hombres?
Generas expectación los cinco primeros segundos, pero se desvanece con la actitud que tomas. Yo soy muy discreta, y cuido mucho las formas, ante el público y ante los músicos. Si noto algo de fascinación, la elimino rápido. Pero es por todo el conjunto: no hay cuadro estéticamente más bonito que una orquesta.

 

¿Los músicos aún desconfían a veces de una mujer con la batuta en la mano?
Al principio, pero en seguida ven que quiero sacar lo mejor de ellos, y entonces se produce respeto. Sé cómo tratarlos; más que jefa, me siento responsable. Y me emociono tanto, me entrego tanto, que obtengo de ellos lo mejor.

 

¿Tu sensibilidad ha ido en tu contra?
Al contrario. Soy una mujer fuerte y segura, precisamente porque asumo la fragilidad de la vida. En el día a día soy tranquila, incluso introvertida. Pero en el podio me transformo; siempre me preguntan de dónde saco esa fuerza. Pero sí, soy sensible y detallista. No me gusta discutir. Intento dar cariño; es como una moneda, que cuanto más la gastas, más recibes.

 

La moda y yo
«Me apasiona, pero no tengo tiempo para ir de compras o aprender a mezclar estilos. Valentino es mi favorito.»

 

«Prefiero gastarme mucho en un bolso que en una prenda, te dura más. Los de Prada me chiflan, y también los de Gucci y Loewe.»

 

«Siempre actúo de negro, ideal para la elegancia que requiere la música. Necesito trajes especiales, casi técnicos, adaptados a mis necesidades de movilidad, sobre todo en los brazos. Me los hacen Adolfo Domínguez o Eduardo Ladrón de Guevara.»

 

«Mis zapatos los personaliza Jorge Larrañaga. Y me gustan mucho las prendas de piel de Urbieta.»

 

Loca por las gafas
«Déjame frivolizar un poquito, que el mundo de la música es muy rígido», suplica Inma cuando llegamos a Shau Shau, una óptica muy especial en el casco histórico, con diseños propios, y donde compran Elton John o Kate Hudson. Con la cara iluminada como una niña, confiesa su pasión por las gafas y se las prueba… ¡todas! Pero donde hace un encargo a medida es en la tienda de accesorios Susanne Kitz: una cartera en piel de cocodrilo negra, donde a partir de ahora guardará su batuta.
Schau Schau: Rotenturmstr, 11. S. Kitz: Weihburggasse, 7.

 

Días de vino y música
Viena es la única gran capital con viñedos y bodegas dentro de la ciudad. Rainer Christ tiene interesantes blancos en su bodega de diseño, junto a la antigua taberna familiar.
Amtsstrabe, 10-14,ww.weingut-christ.at

 

Chocolate, bombones, pasteles... La ciudad es un paraíso de delicatessen para los golosos. Entra en la muy exquisita chocolatería SchokoladeKöning y lo descubrirás.
Freisingergasse, 1.

 

«¡Los austriacos son los dueños de la música!», exclama Inma Shara ante la impresionante Haus der Musik (Casa de la Música), de visita obligada.
Seilerstätte, 30. www.hdm.at

 

Café vienés
Empieza el día con un café y una tarta sacher (debe su nombre a un hotel) en el Café Central. Ecke (esq. Herrengasse). «El desayuno es importante para mí, pero en general como poco, justo lo que necesito, pero sin caer en obsesiones.»

 

«Me interesa mucho el mundo de la nutrición y la belleza. Sé qué alimentos me convienen o necesito en cada momento, por ejemplo, hidratos de carbono y plátanos antes de un concierto, porque me dan energía a largo plazo. Me maquillo solo con tonos suaves que me favorecen. Disfruto mucho cuidándome.»

 

Ruta de viaje
Dónde alojarse: En el hotel Le Meridien Wien, por su céntrica ubicación, su diseño cosmopolita, sus preciosas habitaciones y un delicioso desayuno bufé. Opernring, 13- 15. Tel. 43 1 588 90 9800. www.wien.lemeridien.de

 

Guten Appetit!: Muchos restaurantes combinan una cocina clásica vienesa con otra vanguardista, y siempre hay una opción de menú vegetariano. Se puede fumar en la mayoría de locales.
Alta gastronomía: Osterreicher im Mak Gasthaus www.oesterreicherimmak.at
Bohemio, innovador y asequible: Schon Schön www.schon-schoen.at
Con vistas a la Catedral: Cantino www.cantino.at

 

Más info: Oficina de Turismo de Viena. Tel. 43 1 211 140.
www.vienna.info