¿Hillary Clinton en la Casa Blanca? | GETTY

Hillary Clinton... ¿Una mujer en la Casa Blanca?

Hillary Clinton está a punto de confirmarse como la candidata demócrata a las próximas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. En su intensa carrera por este puesto está recibiendo más críticas que ninguno de sus contrincantes varones. ¿Cuáles son las luces y las sombras de la que podría ser la próxima presidenta?

Paka Díaz | Woman.es

Parece que al fin Hillary Clinton tiene ya, y salvo imprevisto de última hora, ganadas las primarias a Bernie Sanders, y se perfila como la candidata definitiva de los demócratas. En su carrera por la presidencia, está siendo la política más cuestionada de todos. Más incluso que Donald Trump y sus impresentables discursos racistas, machistas y xenófobos. Pero, ¿por qué Hillary es tan criticada? ¿Por qué todo el mundo opina de ella con tanta dureza?

A priori, cuesta creer que sea más culpable de algo que cualquiera de los anteriores candidatos a Presidente de los Estados Unidos, e incluimos ahí desde Ronald Reagan a cualquiera de los Bush o al mismísimo Clinton. Todos ellos, sin embargo, contaron con bastante apoyo por parte de los medios. Hillary no. Y, hasta ahora en la carrera presidencial, ella ha recibido casi el doble de críticas y cobertura negativa por parte de los medios que cualquiera del resto de candidatos que se han presentado a las primarias. Por el contrario, las noticias positivas sobre ella han sido las menos frecuentes. 

¿Por qué esta inquina mediática? Podríamos pensar que es un tema de genero. Obviamente, Hillary Clinton es una mujer y los Estados Unidos no pueden, precisamente, presumir de igualdad en la representación política y hasta países como Burundi o Uganda tienen menor brecha de género que ellos. Se dice en mentideros que en el país provocaría aún una mayor urticaria que ella se convirtiera en la líder supremo que la que provocó la llegada del primer afroamericano a la Casa Blanca. Porque, si consiguiera ganar, sería la primera en ostentar el cargo en toda la historia del país.

Sin embargo, y le pese a quien le pese, incluso a ella misma, esa es, también, una de sus mayores bazas. Independientemente de su ideología, de su pasado y su futuro, si Hillary Clinton se convirtiera en presidenta abriría una puerta a las mujeres y rompería un techo de cristal. Sería un modelo perfecto para todas las niñas de su país y del mundo entero, dada la relevancia de los Estados Unidos, del sueño americano en igualdad. 

Que, además de mujer, Hillary sea extremadamente inteligente, ambiciosa, de verbo fácil y lengua afilada es algo que también le granjea muchas críticas. Todas ellas características que serían muy alabadas en cualquier mandatario. El hecho de haber perdonado una infidelidad a Bill Clinton tampoco le granjea simpatías sino todo lo contrario. Incluso en un país donde la vida privada de los políticos nos importa tan poco como en España es frecuente escuchar cómo se la censura por haber perdonado a Bill. De ella también se dice que es demasiado fríoa aunque también la tildan de agresiva y a muchos les preocupa que no parece evitar las confrontaciones. Sin embargo, de Obama, sin ir más lejos, se ha criticado mucho su espíritu cauteloso y diplomático. Se pedía más garra. Aunque igual el problema es que sea una garra femenina. 

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Entre las sombras más oscuras de Hillary está una sombra de corrupción que la oscurece a ella, a Bill y hasta a la Fundación Clinton. Al parecer el FBI los está investigando por delitos de corrupción y por el uso del servicio privado de correo electrónico mientras era Secretaria de Estado. De momento, no parece que haya nada probado. Los más agoreros incluso predicen incluso que con ella se iniciará una nueva guerra en Oriente Medio. Lo cierto es que cuando ejercido de Secretaria de Estado no ha tenido ningún problema en defender la política exterior de Estados Unidos.

Según ella, en Siria había que haber sido mucho más contundente, y cuando un político norteamericano dice algo así se refiere a bombardear sin piedad. Por otro, ha reconocido públicamente que a los talibanes los creó Estados Unidos para acabar con la nominación comunista de los rusos en Afganistán… y que luego los dejaron todo tirados, extremistas y bien preparados. Un error del que se lamenta amargamente por las graves consecuencias que ha tenido tanto para ellos, como para el resto del mundo. Bien por reconocerlo, mal porque, mucho me temo, Hillary no dudaría en hacer eso y más para controlar el mundo o echar a algún enemigo de aquí o de allí. 

Por otra parte, entre sus haberes se cuenta la enorme experiencia que tiene dentro del mundillo político y un gran conocimiento de la labor de la labor de presidente y de la política exterior. Además de senadora y secretaria de Estado, fue Primera Dama, un cargo por cierto en el que no se limitó a vestirse ideal de la muerte y a posar para fotos, sino que, entre otras muchas cosas, diseñó un plan para implementar una especie de Seguridad Social en su país, algo por lo que ¿adivinan? también fue criticada.

Ya entonces se le echaba en cara que influyera demasiado en la política de su marido, el presidente. Muchos hubieran preferido que se dedicara a arreglarse más el pelo y menos a usar su cerebro. Ella pulió su imagen pero siguió convencida trabajando duro en su futuro político. Un futuro que hoy es presente y que la puede conducir a ser la primera presidenta de los Estados Unidos. Por cierto, ¿cómo se denominará entonces a Bill? ¿Primer Caballero? 

Mientras se acaba la carrera de las primarias y se confirma que ella es, al fin, la candidata demócrata y se garantiza el apoyo de las minorías, tanto hispanos y afroamericanos, como de las mujeres, que están mayoritariamente a su lado, Hillary ya afila sus espadas para prepararse para el duelo final, que será con Donald Trump. En una reciente aparición en el show televisivo de Ellen DeGeneres, ha asegurado que aunque le muestra respeto por haber conseguido ser el candidato republicano, ya puede ir preparándose porque cuando ella se enfrente con él "va a tener que rendir cuentas”. Palabra de Hillary. Trump, ya puedes ir confesándote.