Entrevista a Enrique Iglesias

Regresa con s octavo álbum, “Insomniac”. Hay muchas cosas que le quitan el sueño, entre ellas, su chica, la tenista Anna Kournikova. ¿Y a quién no?

ELVIS SANTOS

A veces creemos saberlo todo de él. Cuando sale a cenar, su día a día con Anna. El Enrique más profesional odia todo eso... Recibió a Woman en la lujosa habitación de un hotel de Miami y nos planteó cómo hacer una entrevista diferente. El 11 de junio sale a la venta su nuevo disco, Insomniac (Universal), después de tres años de ausencia. Viste unos pantalones cargo de camuflaje, camiseta y su inseparable gorra. Una sonrisa y un choque de manos al más puro estilo americano. La entrevista se acaba convirtiendo en una conversación. De hecho, él se adelanta a la primera pregunta:
Me ha dicho la gente de prensa que te llamas Elvis, ¿has estado en Graceland?
Sí, hace un par de años. Hace poco unos amigos estuvieron allí y fliparon. Me contaron que encontraron a una pareja enrollándose en el avión de Elvis y, claro, les echaron. Creo que puedes casarte allí con un tipo disfrazado de Elvis, debe de ser lo más, deberías ir...
Y tú, ¿no te animas a casarte?
No. Todavía no. ¿Tú tienes novia? Yo solo he tenido una relación seria en mi vida. Son muy difíciles. La convivencia es lo más complicado. Yo vivo en mi casa y Anna en la suya.
Empecemos por tu disco. El primer sencillo, Do you Know (The Ping Pong Song), usa de base de percusión el sonido de una pelota de pinpón botando. ¿A quién se le ocurrió la idea?
Le salió al productor, que quería experimentar en el estudio. A veces, las ideas más tontas se convierten en las más geniales, y viceversa.
Ahora se juega más a las consolas...
No lo entiendo, a mí me encantaba el tenis de mesa. Yo llegaba a casa del colegio y todas las tardes me ponía a jugar con mi hermano. Hacíamos campeonatos, y nos imaginábamos como jugadores famosos en Wimbledon o el US Open.
Los artistas repetís machaconamente cuando sacáis un disco que es producto de una evolución personal y de un estado de madurez. ¿Es tu caso?
No, tío, ¡qué va! Ahora no estoy en un momento de madurez, ni mucho menos. A lo mejor de transición, pero no tanto de madurez. En este disco me quise tomar un tiempo para que fuera el mejor de todos. ¡Ojalá que triunfe!
Tres temáticas inundan las canciones: la soledad, el amor roto y la nostalgia.
No lo había pensando.
Parece que te hubieras empachado de música blues y de Mario Benedetti.
Me encanta Mario Benedetti. Uruguayo. ¿Es muy conocido Mario Benedetti en España? No lo sabía.
Tanto como Cortázar, Bryce Echenique, Vargas Llosa o Gabriel García Márquez. Por cierto que algunos, cuando leímos Cien años de soledad nos hicimos un árbol genealógico para no perdernos. Lo mismo que pasa con tu familia...
Sí (carcajada). La verdad es que es grande. Pero ya hay muchas como la mía.
Está de moda que algunos oligarcas mundiales os llamen para fiestas privadas. ¿Has ido a alguna?
He estado dos veces en este tipo de fiestas, aunque nunca he hablado de ellas. Te lo voy a contar. Es tanta la burrada que te ofrecen, que te sientes tonto si no vas. Pero es como si te vendieras, y no me gusta la idea. He hecho cosas que, en un principio, pensaba que no podría soportar.
¿Como cuáles?
Me quisieron contratar para la boda de un ruso, y dije que no. Entonces te ofrecen más. Vuelves a decir que no, y siguen subiendo la oferta. Te cansas y pides una cantidad tan demencial que, si dicen que sí, accedes. Y eso pasó. Fue muy fuerte. Sobre todo, porque en mi carrera nunca había hecho algo solo por dinero.
¿Y cómo fue la cosa?
Alucinas. Llegas a la boda y de repente te das cuenta que no solo eres tú, sino que también están Whitney Houston y Cristina Aguilera, cada uno con veinticinco minutos para cantar. Ninguno sabía que iban los otros. La boda era para cien personas y el tipo había montado un escenario que parecía el Live Aid.
Ahora vas a participar en algo parecido al Live Aid pero con Al Gore, y para concienciar sobre el medio ambiente.
Cuando ves el documental de Al Gore alucinas. Te das cuenta de que es un apasionado del tema y que lo hace de verdad. No hay un interés detrás de ello.
¿Por qué te convenció?
No te dice que no uses tu avión privado si lo tienes, o que cambies de coche si consume mucha gasolina. Te pide cosas pequeñas: que moderes el uso del cargador del móvil o que recicles, por ejemplo.
Tú no votas en Estados Unidos, aunque vives aquí desde hace más de veinte años.
Es cierto. Llevo aquí desde los ocho años y vivo con un visado de trabajo. Voto en España, y me siento español, claro.
Creo que padeces insomnio, que es como has bautizado a tu disco.
El nombre no es tanto por el hecho de que duerma fatal, que me ha pasado siempre. Es porque trabajaba de noche y dormía de día. He pasado tres años entrando en el estudio a las ocho de la tarde y saliendo a las cinco de la madrugada.
¿Qué te quita el sueño? En España, a la gente de tu edad (32 años) los dos problemas que más le preocupan son el paro y el acceso a la vivienda.
Lo que más me quita el sueño es el trabajo. Por la noche pienso mucho en lo que hago. No es que me lo tome muy en serio, pero lo respeto mucho. Le doy vueltas a qué pasaría si me empezaran a ir mal las cosas. Y no es un tema de pasta, porque he ganado mucho dinero, sino de hacer algo que me llene. Yo creo que encontraría algo, pero el mundo de ahora es tan competitivo que ya no sé...
¿Sabes qué es un mileurista?
Pues, no, ni idea. Se cumple el tiempo de la entrevista. Pero Enrique le dice al encargado de prensa que quiere seguir un rato más. Hasta el momento, ha demostrado que no es un divo y que es hiperactivo. No para de moverse en la silla, incluso de subirse encima. Sus respuestas están llenas de tacos, colegueos y sonrisas.
¿Tú te ves con los cantantes españoles que viven aquí y que cada vez más fijan aquí su residencia?
Sí, todos los domingos quedamos para comer paella y ver el fútbol (silencio y estruendosa carcajada). ¡Qué va! No los veo. Es cierto que cada vez vienen más. Es un país cómodo para vivir. Miami está muy bien situado para ir a Latinoamérica y tiene buenas conexiones con Europa.
Esto parece Torremolinos a lo bestia. No hombre.
Eso es solo la parte de South Beach, pero hay otro Miami de cosas y chicas guapas, de cultura, conciertos...
¿Has visto en YouTube vídeos que no te dejan muy bien?
Bueno, se cuelga de todo… Me encanta meterme. Es un fenómeno que nadie tenía previsto. Flipo porque las compañías de discos se ponen a pensar desde el principio en colgar los videoclips en YouTube. Yo me parto con mis imitadores.
Somos la primera generación de padres divorciados. ¿Ha condicionado en aspectos como el egoísmo o la soledad?
Yo siempre he sido muy solitario. Hay gente que desea la soledad y hay quien no. Por ejemplo, mi hermano no es un tío solitario. Le encanta estar rodeado de gente. A mí, sin embargo, me gusta estar solo porque es cuando reflexiono, cuando me inspiro, cuando escribo canciones.
¿Cuál ha sido la leyenda urbana que más te ha impactado acerca de ti?
¿Qué es una leyenda urbana?
Un rumor que se repite sin cesar y que llega a parecer verdad.
¡Uff! No sé... ¡Ah, sí! Que tengo el pito grande (carcajada). Yo mismo me encargué de divulgarlo.
Prepárate, porque con una canción en el disco como Sweet Isabel, la prensa rosa te va a freír. Van a analizar la letra...
¡Pues te aseguro que es la única en la que no he participado!
Suerte.
Gracias, nos vendrá bien.

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