Entrevista a Cate Blanchett

Es un valor seguro y los directores lo saben. Es capaz de ponerse en la piel de la mismísima Reina de Inglaterra o de un ama de casa atormentada. Su último reto es parecerse a Bob Dylan. ¿Te la imaginas?

PAZ MATA

Objetivo de todos los flashes, Cate tiene el don natural de desplegar elegancia, inteligencia y sentido del humor. Además es una mamá ejemplar (tiene dos hijos Dashiell John, de cuatro años, y Roman Robert, de dos) y asegura que jamás antepondría su trabajo a su familia. Para postre, como artista es una acróbata de las emociones, capaz de saltar con un estilo impecable de la tragedia a la comedia. Con ese perfil es imposible ser objetivas: nos hubiera encantado verla subir a recoger el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por Diario de un escándalo. Pero no pudo ser.

Nos conformamos –que no es poco– con verla cara a cara y vestida con un sastre de Armani –of course–, en la entrevista que nos concede en Los Ángeles.

Este último año ha tenido la oportunidad de viajar por distintas partes del mundo gracias a su trabajo. ¿De qué forma le condiciona el lugar donde rueda?
Depende del sitio. Obviamente, rodar en Inglaterra –Diario de un escándalo y The Golden Age, donde da vida por segunda vez a la reina Isabel I– ha sido fácil, porque vivo allí la mayor parte del año. En cambio, los escenarios de Babel me afectaron de una forma más profunda.

¿Era su primera vez en África?
No, fui cuando tenía diecisiete años. Me lancé a explorar el mundo con la mochila a cuestas. Pero esta vez no ha sido así, claro, llevé a mis hijos conmigo.

¿De qué modo le afectó esa experiencia?
Aunque es cierto que mi profesión me permite viajar mucho, la mayoría de las veces, estés donde estés, es inevitable que vivas en un mundo un tanto aislado y desconectado de la cultura del lugar. Pero en esta ocasión fue diferente. Alejandro (González Iñárritu, director de Babel) hizo que Marruecos formara parte de nuestra historia. Fue una experiencia inolvidable, sobre todo el ver a mis hijos compartiendo juegos con los niños del pueblo y correr detrás de las gallinas.

Uno de sus hijos sufrió un pequeño percance, ¿no es así?
Sí, el mayor se cayó y tuvo una fuerte contusión. Para prevenir males mayores, volamos a Inglaterra donde le hicieron unas pruebas. A los dos días ya estábamos de vuelta en el rodaje. Me preocupa el bienestar de mis hijos, pero tampoco puedo encerrarlos en una burbuja. Hay que prestarles atención para que no corran ciertos riesgos pero también hay que dejarles experimentar la vida.

Hablando de niños, en Babel interpreta a una madre que ha perdido a un bebé y en Diario de un escándalo, tiene uno con síndrome de Down…
Soy una masoquista (risas).

¿Le cuesta olvidarse de esos personajes tan intensos que interpreta?
Siempre hay una sombra que planea sobre ti. Pero cuantos más papeles haces, más fácil te resulta deshacerte de ellos. Aun así, es imposible no implicarse. En Diario de un escándalo, me preguntaba: «¿En qué pensará Sheba para meterse en una relación como esa?»

Sheba es una profesora que mantiene una relación con uno de sus alumnos, quince años menor que ella. ¿Le ha ocurrido en la vida real que un hombre más joven se haya obsesionado con usted?
¡Ojalá! (risas).

¿Consiguió entender a Sheba?
Me resultó bastante difícil comprender sus motivaciones, porque la relación que mantiene es enfermiza. El guión me ayudó mucho porque indaga en la soledad de ambos personajes y te hace entender la desesperación de Sheba, su necesidad de provocar un cambio en su vida, aunque tenga que pagar un alto precio por ello. A menudo, el ser humano hace cosas destructivas cuando necesita dar un paso más allá. No es mi caso, claro (risas), pero hay gente que lo hace.

El amor es un terreno complicado. ¿Se atrevería a definirlo?
Por lo general, cuando la gente piensa en el amor, piensa egoístamente: «Creo que estoy enamorado o enamorada», decimos. Pero el amor más intenso y maravilloso, es aquel en el que uno se olvida de sí mismo y piensa en otras personas. En mi opinión, el que se siente por un hijo es, quizás, el más puro que existe.

Últimamente, el drama la acompaña. ¿No le encantaría hacer una comedia romántica o algo más liviano?
¡Por supuesto! Pero no voy a aceptar algo que no tenga sentido. La buena comedia, la verdaderamente inteligente, es difícil de hacer, por eso no hay muchos papeles. Me lo pasé genial haciendo Life Acuatic, de Wes Anderson. Para mí es uno de los genios de este género.

Ahora rueda en Nueva Orleáns El curioso caso de Benjamin Button. De nuevo, con Brad Pitt. ¿Ha sufrido ya los efectos del fenómeno Bradgelina?
Brad es un modelo de profesionalidad y de fortaleza mental. Lo tiene todo tan asumido que no deja que eso le afecte en su trabajo, es una persona admirable. Todos vivimos en una pecera, sabemos que, de una forma u otra, estamos monitorizados –Brad y Angelina, obviamente, más que otros– pero no debemos permitir que eso nos influya.

Brad, luego George (Clooney, en El buen alemán)... ¿Qué tal lo lleva su marido?
No es muy celoso. Creo que la última vez que lo vi un poco molesto fue al contemplar mi cara ante el documental de Bob Dylan No Direction Home (risas) –Cate se prepara para dar vida al compositor estadounidense en I“m Not There.

¿Le ayuda a conciliar la vida familiar y la laboral?
Al igual que cualquier madre trabajadora, yo no podría dedicarme a esto si no tuviera una pareja –Andrew Upton– que me apoyase en todo. Él es escritor, por lo que tiene libertad de movimiento y puede venir conmigo a los rodajes y cuidar de los niños mientras yo trabajo. De todos modos, también es cierto que soy una persona afortunada, pues puedo elegir cuándo rodar una película y cuándo no. Hasta ahora, los niños han ido a las escuelas Montessori, que están por todo el mundo. Pero el año que viene, el mayor empieza la educación obligatoria, y eso cambiará un tanto las cosas.

¿Quiere decir con eso que dejará de hacer cine?
No, pero seré más selectiva. Además, mi marido y yo volvemos a hacer teatro. Hemos firmado un contrato de tres años con la Compañía Nacional de Teatro de Sidney, él como escritor y yo como directora, y estaremos allí durante ese tiempo. Y tendremos tres meses libres para hacer otras cosas.

¿Considera que es mejor actriz desde que es madre?
Creo que sí. Cuando interpreté a la periodista irlandesa Veronica Guerin acababa de tener a mi primer hijo y no estaba segura de si quería continuar ejerciendo mi profesión. Estaba tan absorta con esa pequeña criatura que mi trabajo no me parecía lo suficientemente importante. Pero encontré la fórmula para combinar ambas cosas: ahorrar tiempo en ensayos y en charlas con el director y los actores. Conseguí concentrarme en lo que estaba haciendo y obtuve mejores resultados.

¿Qué tal ama de casa es?
Siguiente pregunta (risas). Con tanto viaje se me ha olvidado. Antes cocinaba, se me daba bien la repostería y hacer mermeladas. Pero ahora soy un desastre.