Entrevista a Carlos Ruiz Zafón

Más de 600.000 ejemplares de ‘El juego del ángel’ vendidos en una semana. La ‘zafonmanía’ ha creado un antes y un después en la literatura española.

Isabel Loscertales

Su inseparable chaqueta vaquera contrasta con el ‘operístico’ montaje preparado para el lanzamiento de ‘El juego del ángel’ (Planeta), como aquellas ‘celebrities’ que buscan esconderse de los flashes bajo una visera. Habla bajito, midiendo sus palabras y mostrándose ajeno a la expectación que genera. Parece introvertido. «Soy como un dragón, aficionado a las tinieblas, no particularmente sociable y difícil de conocer», apunta Carlos Ruiz Zafón. Aunque ni se lo crea, ni se comporte como tal, todo a su alrededor lo indica: se ha consolidado como megaestrella literaria. Y eso tiene mérito.
¿Es consciente de ser una estrella?
No soy una estrella. Me considero un simple novelista.
¿Cómo se siente en medio del engranaje que supone el lanzamiento de ‘El juego del ángel’?
Tranquilo, porque es el libro que quería escribir; y agradecido por la atención que se le dispensa. No creo que pueda pedir más.
¿Lo mejor y lo peor de ser un best seller?
Un best seller es simplemente un libro que se vende mucho, lo cual incluye a clásicos como Cervantes o Dickens. No hay nada malo en que tengan buena acogida entre los lectores. Quien se escandaliza por ello y hace alarde de un peculiar puritanismo y esnobismo, en la mayoría de los casos, esconde intereses personales de escasa nobleza y completamente transparentes.
¿Ha buscado el éxito o el éxito le ha encontrado a usted?
Nos encontramos en un ascensor y le solté un piropo, nada más.
En ‘El juego del ángel’ tenemos misterio y amor, pero además añade elementos fantásticos, ¿por qué ese giro?
Lo exigía un poco la propia premisa argumental de la novela. De hecho, algunos de esos elementos ya estaban presentes en ‘La sombra del viento’, pero ahora han asumido un papel más central. No dejan de ser elementos clásicos de la literatura y siempre es interesante jugar con ellos e intentar aportar un tratamiento personal a esa tradición narrativa.
Regresa al Cementerio de los Libros Olvidados, ¿qué libro adoptaría estando allí?
Confiaría en que me sucediese lo que a Daniel Sempere y el libro, uno bueno, me adoptase a mí.
Finalizada su novela, habrá tenido más tiempo para leer, ¿qué libro le ha enganchado?
La última novela del escritor y guionista Richard Price, ‘Lush Life’, que compré hace unas semanas en Los Ángeles y que he disfrutado mucho.
Aunque ahora se remonta a los años 20, sigue describiendo una Barcelona gótica. Cuando la mira hoy, ¿echa de menos el alma de la ciudad que retrata sus libros?
Todos vivimos el tiempo que nos toca: no añoro otros tiempos porque no son los míos. Aunque respetar la esencia, ese alma y las circunstancias de la ciudad, es pura literatura.
¿No le atrae la idea de ambientar unos de sus libros en Los Ángeles, ciudad en la que vive desde hace años?
Por supuesto. Hace ya tiempo que me ronda por la cabeza emplear Los Ángeles (y otros muchos escenarios) en la ficción. Todo llegará.
Volviendo a ‘El juego del ángel’, ¿por qué da mayor protagonismo a las mujeres?
Se trata de la perspectiva del narrador. En ‘La sombra...’, Daniel nos habla de la interpretación que de la mujer hace un adolescente, más ingenua e idealizada, con ella como fi gura de deseo. En ‘El juego...’, David es adulto y, a sus ojos, la mujer es un ser más complejo, y personajes como Cristina e Isabella se nos revelan con una dimensión de mayor alcance.
¿Por qué es tan habitual que los protagonistas de sus libros sean huérfanos de madre?
Permite situarlos en situaciones extremas y explorar mejor su identidad.
Sus personajes evolucionan gracias a sus mentores. ¿Quién ha sido el suyo?
He tenido la oportunidad de aprender de muchas personas, si algo intento es seguir aprendiendo y mantener los ojos abiertos. No puedo decir que haya tenido un mentor, aunque me hubiese gustado. Para bien o para mal, me he tenido que abrir camino por mis propios medios.
¿En qué o quién tiene usted fe?
En la gente inteligente y de buen corazón, donde quiera que esté.
¿Los lectores suelen ser más benevolentes que los críticos?
Tengo la fortuna de recibir críticas, por lo general, excelentes, aunque eso tampoco tenga gran importancia, pero siempre ayuda algo a difundir la obra. No creo que un escritor tenga que hacer nada con las críticas.
Como su personaje, ¿ha sufrido envidia?
La envidia la sufre quien la siente, no quien es objeto de ella.
Durante la presentación en el Liceo se sorprendió cuando le dijeron que parecía una persona seria. ¿Es usted difícil de conocer?
No lo sé. Es posible. Es difícil conocer a alguien cuando hay cuatrocientas personas en una platea y uno está aislado en un escenario. Tal vez es la impresión que le produzco porque no me conoce personalmente. Creo que conocer a una persona es bastante más complicado de lo que parece, y una entrevista o una conversación fugaz desvelan poco a nada de ella.
¿Promete no hacernos esperar siete años más para la tercera novela de su tetralogía?
Lo prometo.