Emily Ratajkowski | GETTY

Emily Ratajkowski: utilizada y sexualizada desde la infancia

La modelo, actriz y empresaria se ha confesado en su libro 'My Body' sobre las experiencias traumáticas que ha experimentado desde que era muy joven.

María Viéitez

Tal y como ha revelado su madre, Kathy, Emily Ratajkowski era hermosa desde que era un bebé. Tanto, que el médico que asistió el parto quedó asombrado. "Al día siguiente, [el doctor] trajo a sus hijos al hospital sólo para verte", le contaba Kathy a su hija con orgullo. "Eras un bebé precioso".

Emily Ratajkowski acaba de publicar su libro autobiográfico 'My Body', una reflexión sobre la evolución de su pensamiento sobre la mercantilización del cuerpo de las mujeres en nuestra cultura. El libro, que saldrá a la venta el próximo 9 de noviembre, incluye entre sus páginas algunas de las experiencias más traumáticas que ha tenido a lo largo de su carrera como modelo y actriz. Lo más sorprendente, es que varias de ellas ocurrieron cuando Ratajkowski era solo una niña.

La modelo y empresaria ha confesado que su familia estuvo siempre obsesionada con su belleza, algo que provocó que ella también se obsesionase con ella. Según explica, durante muchos años pensó que quitarse la ropa ante las cámaras y ante los ojos de los ojos de quienes miraban la empoderada. Pero con el paso del tiempo, se dio cuenta de que no era así.

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El episodio de abuso que vivió durante la grabación del videoclip 'Blurred Lines' con el cantante Robin Thicke fue un punto de inflexión que le hizo reflexionar sobre las numerosas experiencias similares que había vivido antes. Todas ellas mientras sus padres vertían sobre ella altísimas expectativas.

"Intenté calibrar durante mucho tiempo dónde creían mis padres que debía estar en el mundo de las bellezas", escribe Ratajkowski. "Parecía importante para ambos, especialmente para mi madre, que su hija fuera percibida como hermosa". ¿Qué provoco aquello? Que Emily rezase por las noches para que la hiciera "la más bella". "Ser bella era para mí mi forma de ser especial. Cuanto más bella me sentía, era cuando percibía como más notorio el amor de mis padres", explica.  

Fue a los 14 años cuando Ratajkowski debutó como modelo, algo que, según pensó entonces, sería una manera estupenda de complacer a sus padres. Pero fue a los 12 años cuando se dio cuenta de que atraía la atención de los hombres. Y su madre, insistente, se lo recordaba con frecuencia, señalando que, cuando la veían, se quedaban con la boca abierta. "Era una niña, pero de alguna manera ya era una experta en detectar el deseo masculino, aunque no entendiera del todo qué hacer con él", escribe la modelo.

Dado a su estatura, un poco más baja que la deseada entonces para las modelos de pasarela, y su talla de pecho, algo superior a los estándares de las firmas de moda de lujo, Ratajkowski hizo sus primeros trabajos como modelo de fotografía, experiencias que también hicieron mella en ella. Entre ellas, hubo una ocasión en que un agente de casting señaló frente a ella unos primeros planos en los que Emily posaba con la boca medio cerrada y los labios fruncidos y se dijo: "Este es el look. Así es como sabemos que esta chica te dejará tener sexo con ella". "Sentí mi cara hervir", escribe Ratajkowski sobre ese incidente. "¿Era acaso algo de lo que estar orgullosa?".

De acuerdo con su madre, sí, ya que colocó una fotografía de Emily semidesnuda sobre la encimera de la cocina. "Cualquiera que entrara [en la casa] era inmediatamente recibido por mis labios carnosos, mis piernas desnudas y mi pelo alborotado", escribe Ratajkowski, añadiendo que se sentía "avergonzada" por la foto.

Para lidiar con aquellos incidentes, la modelo y empresaria trató de restarles importancia. ¿Cómo? Diciéndose a sí misma que alardear de su sexualidad era algo que la empoderaba. Y, en cierto modo, era así: le daba dinero, fama y la posibilidad de crear su propio negocio. Sin embargo, algo aconteció, un episodio que le sirvió como señal definitiva de que tenía que escribir este libro. Un fotógrafo que tomó imágenes de Ratajkowski cuando todavía no tenía tanta fama vendió las imágenes años después, apropiándose de ellas y montando su propia exposición para lucrarse con la imagen de la modelo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no tenía tanto poder sobre su cuerpo como ella creía.

"Nunca se me había ocurrido que las mujeres que obtenían su poder de la belleza estaban en deuda con los hombres cuyo deseo les otorgaba ese poder en primer lugar", escribe. "Esos hombres eran los que tenían el control, no las mujeres a las que el mundo adulaba".

Y continúa: "Enfrentarme a la realidad de esa dinámica en juego habría significado admitir lo limitado que era realmente mi poder, lo limitado que es el poder de cualquier mujer e incluso tiene éxito".