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Divorce: la resurrección televisiva de Sarah Jessica Parker

Para más de uno será el “divorcio” de Carrie Bradshaw.

Mariló García | Woman.es

Una década después del final de Sexo en Nueva York regresa Sarah Jessica Parker a HBO, el mismo canal que la convirtió en icono fashionista para toda una generación de adictas a la moda, entre Manolos inalcanzables para nosotras y un galán maduro apodado Mr. Big, inaccesible para ella, Carrie Bradshaw. Hasta que se enamoraron y John, como se llamaba en realidad, y Carrie decidieron casarse, protagonizando un par de películas que reactivaron en la memoria las vidas sensacionales  de sus protagonistas. Que la actriz protagonice ahora una serie llamada “divorcio” provoca, inevitablemente, imaginarnos qué habría hecho la propia Carrie en semejante situación.

Sarah Jessica Parker había debutado a principios de los 80 con la serie Square Pegs, de CBS, en la que encarnaba a Patty Greene, una estudiante de instituto un poco loser con la que las más jóvenes rápidamente se identificaron. Luego llegarían las bailongas Footlose y Las chicas sólo piensan en divertirse y las comedias Ed Wood, El club de las primeras esposas y Mars Attacks!, entre otras. Pero no fue hasta Sexo en Nueva York en 1998 cuando todas las miradas se fijaron en esa actriz de baja estatura, con el pelo rizado y nariz prominente. Daba igual que no encajara con los cánones de belleza establecidos, Carrie Bradshaw se convertiría, hasta 2004, en un referente en cualquier editorial sobre la moda en Nueva York. Tras la serie, llegaron un par de irregulares películas (en 2008 y 2010), más comedias románticas que nos recordaban siempre a Carrie y una divertida aparición en Glee, en 2013, que volvía a ensalzar el buen ojo de la actriz (¿o era el personaje?) sobre las últimas tendencias.

El 9 de octubre, Sarah Jessica Parker regresa a televisión como productora –junto a Paul Simms (Girls)– y protagonista de Divorce. Ya no es una treinteañera alocada ni una mujer de 40 perdida en un mar de celos. Parker, a los 51 años, se enfrenta con este personaje al divorcio, en concreto, al trauma de una pareja que inicia los trámites de separación tras haber estado casados 17 años (los mismos, curiosamente, que han transcurrido desde que se estrenó Sexo en Nueva York).

Frances, su personaje, es una cazatalentos que decidió anteponer las metas de Robert, su marido a sus propios sueños: ser la propietaria de una galería de arte. Tras salir de Manhattan y apoyar a Robert, un ex corredor de bolsa, en sus negocios inmobiliarios, el mercado se derrumbó y Frances pasó a ser el sostén de su familia. La actriz eligió personalmente al actor que interpretaría a su marido, Thomas Haden Church, con el que había coincidido en la película Gente inteligente (2008). El actor no hacía televisión desde hace una década y tuvo que mudarse a Nueva York desde Texas para rodar la serie.

En el primer episodio vemos a Frances y a Robert, a sus hijos y el aburrimiento instalado en su relación. Rodado en el condado de Westchester a principios de 2015, aprovecharon el crudo invierno para usar la nieve como metáfora visual, lo que fue un reto para los actores por las bajas temperaturas. Conocemos a sus amigos Diane (Molly Shannon) y Nick (Tracy Letts) en medio de una pelea que termina en tiroteo. En una serie en la que se hablará de infidelidades y de fiestas con borrachera que no acaban muy bien, esta pareja, posiblemente, pueda superar el bache (a pesar de la virulencia del ataque), pero Frances y Robert tendrán por delante otros nueve episodios para demostrar si son capaces de volver, romper de forma amistosa o emprender una agria batalla.

La idea de hacer una serie sobre un matrimonio en crisis surgió hace cuatro años. Sarah Jessica –casada con el actor Matthew Broderick durante dos décadas y con tres hijos– se reunió después, en una cita a ciegas ideada por HBO, con la actriz irlandesa Sharon Horgan –casada con el empresario Jeremy Rainbird y con dos hijos–, creadora de la magnífica Catastrophe, serie de Amazon sobre una pareja a la que le llega antes el hijo que el amor, que tiene ya confirmadas dos temporadas más. A ambas intérpretes les interesó investigar sobre las raíces de un matrimonio en declive. No buscaban tocar el tema de una forma frívola y, aunque aman la comedia ridícula, querían profundizar en el asunto. Descubrir esos aspectos del divorcio más complejos, donde, en realidad, no hay héroes ni villanos.

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