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El lado más cómico y sorprendente de Penélope Cruz

Después de su nominación para los Goya como mejor actriz por “Ma ma”, Pe vuelve a la cartelera a bordo de “Zoolander 2” para ofrecernos su lado más gamberro.

Nando Salvá | Woman.es

He aquí dos verdades fundamentales acerca de Penélope Cruz que sus más destacables papeles recientes –en la piel de una enferma de cáncer en “Ma ma” (2015) y en la de una tragedia andante en “Volver a nacer” (2012)– casi nos habían hecho olvidar: 1. La de Alcobendas sabe ser mortalmente graciosa cuando quiere, o cuando el guión se lo pide; y 2. Pocas actrices de su edad (42 el próximo abril) o de cualquier otra, la igualan en capacidad para desplegar el tipo de arrolladora sexualidad que revienta termómetros.

Es cierto, decíamos, que últimamente Penélope se ha mostrado particularmente proclive al melodrama exacerbado –su trabajo en “Los amantes pasajeros” era un cameo alargado y por tanto no cuenta–, pero también que en el terreno de la comedia cosechó no solo sus primeros éxitos interpretativos sino también sus más rutilantes glorias. Y, de hecho, hay un nexo de unión entre sus personajes en “Belle Époque” (1992) y “Todo es mentira” (1994), que la dieron a conocer, y la María Elena de “Vicky Cristina Barcelona” (2008), que la erigió en la primera actriz española en ganar el Oscar: una tendencia al histerismo que sobre las espaldas equivocadas habría resultado del todo irritante pero que ella convierte en un rasgo irresistiblemente cómico y, sí, también muy sensual.

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Para comprobar qué bien combinan la vocación payasa de Penélope con el magnetismo erótico que ya derrochaba en su primera película, “Jamón Jamón” (1992)–y que hace poco más de un año hizo que la revista “Esquire” la considerara la Mujer Viva Más Sexy– no hay más que acercarse este mes al cine a ver su nueva película, “Zoolander 2”. Ya sea luciendo una sucesión de monos de cuero imposiblemente ajustados o dejándose toquetear los pechos por un perplejo Ben Stiller, la actriz logra extraer todo el potencial cómico a su voluptuosidad.

UNA OBRA DE CULTO

Llevábamos mucho tiempo con ganas de reencontrarnos con Derek Zoolander, el modelo más rematadamente tonto del planeta. Decir que “Zoolander” (2001) es la mejor sátira sobre el mundo de la moda jamás rodada es quedarse corto porque, después de todo, la mayoría de las películas ambientadas en la pasarela son o bien profundamente misóginas –sirva “El diablo viste de Prada” (2006) a modo de ejemplo– o bien mortalmente aburridas –ninguna tanto como “Prêt-à-Porter” (1994)–. En todo caso, si a día de hoy se la considera una absoluta obra de culto no es solo porque es increíblemente divertida sino, sobre todo, por haberse mantenido culturalmente relevante durante los últimos quince años.

Por un lado, entre chiste y chiste, Zoolander se las arregló para poner el dedo en la llaga acerca tanto de las desigualdades que los habitantes del primer mundo toleramos de buen grado con el fin de llenar nuestro armario a buen precio, como de otros motivos que a día de hoy mantienen el conflicto entre Oriente y Occidente peligrosamente candente.

Además, la película profetizó algunas de las tendencias que dictan nuestro día a día. Entre otras cosas, supo ver que a nadie le parecería raro que los adultos vayan por la calle en patinete, e intuyó que en lugar de café beberíamos frappucinos con sabor naranja. Y Derek Zoolander, claro, inventó la pose Acero Azul: la cabeza inclinada hacia abajo, los ojos abiertos como platos, los labios fruncidos y las mejillas hundidas. Si no te suena, es que no has entrado nunca en Instagram.

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