Andrea Varani

Clara Alonso y Sheila Márquez, moda patria por el mundo

Son los nombres españoles que hoy resuenan en la industria. Vestidas con botas militares y chaquetas de oficial, y posando  juntas por primera vez, lideran la nueva armada Navy de la moda patria.

Laura García del Río | Fotografía: Andrea Varani | Estilismo: Marta Lasierra | Woman.es

Siete de la mañana. La hoja de ruta de la sesión de fotos es espartana: hay que montar el set, pasar por maquillaje y peluquería y hacer una docena de fotos en apenas seis horas. Pero Sheila Márquez (Vitoria, 1985) y Clara Alonso (Madrid, 1987) cumplen sin remilgos. Saben bien cómo funciona la maquinaria frenética y caprichosa de la moda. Cuestión de experiencia: entre las dos suman más de dos décadas de carrera, dos premios L’Oréal a mejor modelo (en 2008 y en 2010, respectivamente) y un porfolio con clientes como Gucci, Dolce & Gabbana, Balenciaga, Topshop, Inditex y Victoria’s Secret.

Vestido con flecos XL Nina Ricci y gorra de patchwork de piel Prada. | Andrea Varani

La suya no es la clásica historia de cuento que hace que esta profesión parezca todo diversión. A ninguna la descubrieron de compras con sus amigas para convertirlas en supermodelos de la noche a la mañana. Empezaron con trabajos pequeños y aspiraciones cabales, conscientes de lo difícil de esta industria en la que muchas aspiran y pocas consiguen, y fueron creciendo. Hoy, la prensa nacional las vitorea como “nuestras tops más internacionales” y triunfan en esa jungla que es Nueva York, el epicentro del sector. "Todo el mundo me decía que era el sitio para trabajar y hacer dinero. Allí están muchas marcas y la mayoría de los fotógrafos", cuenta Sheila Márquez, que, después de que Mario Testino le echara el ojo en una sesión en Londres, llegó a la Gran Manzana con un contrato en una de las agencias más importantes. "Al principio es duro, cuando tienes que ir de puerta en puerta viendo directores de casting, agencias publicitarias, clientes y fotógrafos. Pero ahora me siento en casa", cuenta la vitoriana, que vino para "probar un año" y hoy vive en Williamsburg con su pareja, el director y productor de cine Duncan Winecoff, y su hijo Lucius, de dos años.

Abrigo de lana con apliques de metal Fay, vestido con escote palabra de honor Antonio García, gorra Yerse (39,95 €) y botas de cuero y ante Hispanitas (199,90 €). | Andrea Varani

"Nueva York ofrece muchísimas oportunidades. Pero también hay muchísimas modelos. Y todas queremos lo mismo: trabajar", coincide Clara Alonso. Ella también llegó a la ciudad con el billete de vuelta en el bolsillo, después de que Diane von Fürstenberg la viera en el show de Victoria’s Secret en 2008 (convirtiéndose en una de las siete españolas que ha lucido las famosas alas) y requiriera su presencia en su desfile de primavera-verano. Pero conoció al que hoy es su marido, el financiero Robert Serafin, "y me quedé por él", cuenta. Hoy viven juntos en Manhattan y su cuenta de Instagram es la mejor guía de los sitios donde tomarse una tostada de aguacate en la isla (ese cuerpo de infarto, que le acaba de conseguir un contrato con el gigante de la lencería Yamamay, no se consigue consumiendo comida basura). 

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"Estoy en mi mejor momento, a nivel profesional y personal", dice Alonso. Ídem para Márquez, que no ha visto caer el número de ofertas de trabajo ni siquiera después de tener a su hijo. "Hay profesiones más difíciles de compaginar con la maternidad. Yo he podido disfrutar mucho de mi hijo. A veces hasta lo llevo a las sesiones y acabo posando con él", cuenta. Algo que, hasta hace poco, no era habitual. "Parece que ha habido un babyboom entre las modelos. Creo que las redes sociales han ayudado a humanizar esta profesión y mostrar que también tenemos vidas", dice Márquez.

Clara lleva cortavientos Bikkembergs (1.014 €), pantalón de traje DSquared2 (900 €), gorra de fieltro Yerse (39,95 €), botas Guess Jeans (210 €) y collar Thomas Sabo (339 €). Sheila con mono de terciopelo Liu·Jo Sport (156 €), colgante de acero Fossil (49 €) y botas de piel Tod’s (725 €). | Andrea Varani

Mucho ha llovido desde la era de las tops ancladas en su pedestal. Y no siempre para bien. "Todo ha cambiado. Entonces se valoraba el trabajo; ahora entran en juego los seguidores. Intento desvincularme de ello, y me doy cuenta de que no soy la única, pero no puedo ir en contra de los tiempos", reconoce la vasca. "Muchos clientes quieren esa “publicidad extra” que puede dar una modelo a través de las redes, así que es importante jugar al juego de Instagram y mantener nuestros perfiles activos. Pero es frustrante que en un casting te pregunten tu número de seguidores sin ni siquiera mirar tu book", cuenta Alonso. Aunque, si miran los suyos (y sin contar sus varios cientos de miles de fans en las redes), encontrarán motivos de sobra para contratarlas.