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Cinco adolescentes a los que el éxito les sentó fatal

Ana Cortizo | Woman.es

Hace unas semanas, las redes sociales estallaron en llamas tras ver el depauperado físico de Sarah Hyland (Haley Dunphy en 'Modern Family'). Llovía sobre mojado, porque su look “rellenito” había sido la comidilla del e-cotilleo meses antes. Anorexia, desórdenes alimentarios, mal ejemplo para los millones de adolescentes que la siguen... Las acusaciones volaban por todas partes. A la actriz, de 26 años, se le hincharon las narices y explicó, en una serie de posts en Instagram, los problemas de salud (displasia renal, esteroides, meses de reposo en cama...) responsables de sus oscilaciones de peso. Las redes sociales callaron, avergonzadas. Pero no nos extraña que les salten las alarmas cuando una joven actriz en lo más alto de la popularidad empieza a actuar de forma extrema. Entre vosotras y yo, esto ha pasado antes. Y estas cinco estrellas que perdieron el norte y se estrellaron de mala manera son solo algunos ejemplos de una fama mal digerida.

Miley Cyrus

Cuando a una estrella quinceañera le llueven las críticas por salir en 'topless' en una revista y su respuesta es: “No pasa nada, mi padre también salía en la foto”, sabes que algo gordo está a punto de estallar (y que algún psicólogo va a hacer caja a lo grande). Después de ser, durante, cuatro años, una ejemplar princesa country-Disney, Miley se quitó a patadas el disfraz de Hannah Montana y se pasó a lado oscuro en su búsqueda de la la Cyrus real. En el proceso se despojó de casi toda su ropa, popularizó las fotos con lengua y el 'twerking', se peleó con su padre y nos acostumbramos a verla bajo el efecto de todo tipo de sustancias. Luego mejoró. La futura concuñada de Elsa Pataky (premio para quien entienda esta referencia) ha adoptado un look angelical para su nuevo tema, 'Malibú'. Resulta tan desconcertante que, en el fondo, estamos convencidos de que se trata de una gran 'performance' promocional y que en su próximo concierto decapitará ratas con los dientes, se pinchará heroína en directo o besará fotos de Trump. 

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Jodie Sweetin

Francamente, ¿alguien se acordaba de Stephanie, la hija mediana de 'Padres forzosos', hasta que el 'remake' de la serie la devolvió brevemente a nuestras vidas? La pequeña Stephanie habría contestado: “¡Qué grozero!”, pero Jodie ha tenido bastantes problemas para deshacerse de ella, así que dejémoslo estar. La joven actriz se pasó años en la montaña rusa de la metaanfetamina, el éxtasis y la cocaína, buscando ese subidón que sintió la primera vez que unas risas enlatadas celebraron un chiste suyo. Se casó con un policía que no sabía lo suyo con las drogas (menudo profesional), se financió el vicio dando charlas sobre cómo superó su adicción y se dedicó, oficialmente, a ayudar a otros a salir de las drogas, aprovechando para “confiscarles” algún que otro alijo. En algún momento, recobró el buen sentido, escribió sus memorias ('Unsweetined', un juego de palabras con su apellido que vendría a significar “sin edulcorar”) y se buscó una vida tranquila, con un nuevo marido y dos niños. 

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Britney Spears

Es la víctima más clamorosa de la maldición Disney (junto con Lindsay Lohan, Selena Gomez, Demi Lovato o Zac Efron) y la que más se ha revolcado por los bajos fondos mediáticos. Cuando las ancianas (metafóricas) del lugar la vieron en 'Baby one more time', el vídeo en el que pasaba oficialmente de niña candorosa a colegiala sexy, menearon la cabeza lúgubremente. Y tenían razón. Los 'paparazzi' tomaron tantas fotos de Britney borracha que los medios ya no las querían ni regaladas. Luego se rapó la cabeza en directo, se casó y se divorció en 48 horas y acabó siendo declarada enferma mental (lo que hizo que perdiera la custodia de sus dos hijos). Ahora, la princesa del pop, más centradita, se ha hecho un nombre en los espectáculos de Las Vegas, donde las estrellas que han tocado fondo siempre son bienvenidas. 

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Shia LaBeouf

¿Quién ha dicho que solo las chicas puedan arruinar prometedoras carreras con malas decisiones? Shia era la personificación del sueño americano: orígenes humildes, padre drogadicto y traumatizado por Vietnam, madre coraje... Se metió a monologuista para llevar algo de dinero a casa y a los 15 años ya tenía su propia serie en el canal Disney. Incluso le fue bien con la transición a la interpretación adulta, con un trabajo fijo en la franquicia 'Transformers' y una de Spielberg bajo el brazo ('Indiana Jones y la calavera de cristal'). Pero, en cuanto tuvo la vida resuelta, el joven Shia empezó a fastidiarla, algo que habría hecho las delicias de cualquier psiquiatra: accidentes de coche que retrasaban rodajes, peleas de bar, enfrentamientos con la autoridad, incidentes con armas de fuego, rarezas mentales (a los productores no les gusta nada que te encierres durante horas en el camerino o decidas ir por ahí con una bolsa de papel en la cabeza). Su nombre desapareció de todas las listas Forbes y hasta sus fans más acérrimos le dieron la espalda cuando le acusaron de violencia sexual. Ahora está a punto de volver a la gran pantalla encarnando, muy apropiadamente, al furibundo tenista John McEnroe. 

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Drew Barrymore

Su foto debería aparecer junto a la definición de “estrella adolescente echada a perder”. Y es lo que pasa cuando te coges una cogorza con 11 años y tus fiesteros padres te miran con cara de: “Es que no nos aguantas nada”. A la edad en que otras chicas forraban su carpeta con fotos de buenorros, Drew publicó sus primeras memorias, 'Little girl lost', hablando de sus diversas adicciones (oficialmente superadas), su primer intento de suicidio y aquella vez que robó una tarjeta de crédito y se fue de juerga a Los Ángeles. Después de aquello, a la estrella de 'ET' le costó que la tomaran en serio en Hollywood, pero acabó encontrando su nicho como estrella de comedia y hasta montó una productora, Flower Films ('Los ángeles de Charlie', 'Donnie Darko') con la que no le va nada mal. Ahora, a sus 42 años, recién divorciada por tercera vez y con una carrera bien establecida, vive entregada a sus dos hijas, Olive y Frankie, y hasta deja que su madre se las cuide de vez en cuando, siempre que prometa no llevárselas de juerga. 

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