Charlize Theron: “A veces me siento muy vulnerable”

De belleza angelical y talento monstruoso, la musa de J’Adore de Dior desde hace diez años es la heroína del nuevo videoclip del perfume firmado por Jean-Baptiste Mondino. La pareja llena de glamour que forma junto a Sean Penn, su hijo Jackson, su pasión por el cine… La estrella se desvela.

Richard Gianorio

Nos encontramos con Charlize Theron una tarde lluviosa en un palacio parisino. La víspera, había electrizado París a su llegada, de la mano de Sean Penn, su novio, en el desfile de alta costura de Dior. Dos soberanos hollywoodienses ante la mirada del público: ella, el coloso del glamour, la musa de la casa (diez años de colaboración con el perfume J’Adore); él, actor de culto con reputación de irascible. Tal vez su acercamiento haya causado sorpresa. Sin embargo, tiene una explicación clara, ya que estas dos fieras comparten el mismo gusto por la libertad y el desprecio de las convenciones.

En el extremo derecho de un sofá, con esas interminables piernas (bien conocidas), Charlize Theron, vampiresa disciplinada, posee esa belleza un tanto fría de las escandinavas. No obstante, proviene de Suráfrica, país que considera a la estrella oscarizada por “Monster” (2004) una heroína nacional. En Hollywood, su estrella brilla sin desfallecer. Lleva una carrera dirigida al gran público (pronto la veremos en “Mad Max 4”), pero tampoco deja de lado el cine independiente. Cortés y distante a la vez, siempre impasible, la señora Theron se pliega al juego de la entrevista con una refrescante franqueza.

¿Cómo se siente?

Siempre es maravilloso volver a París. Y más teniendo en cuenta que últimamente he viajado a países difíciles. Por ejemplo, una misión para las Naciones Unidas –es mensajera de la paz para la institución– me ha llevado a República Centroafricana. Estos viajes forman parte de experiencias que nos abren los ojos y nos hacen darnos cuenta de hasta qué punto somos afortunados…

Además de actriz, productora y militante, es también musa del perfume J’Adore. ¿Cómo valora este estatus de icono de la belleza?

No falto a la verdad si afirmo que mi colaboración con Dior forma parte de mi existencia, de manera hermosa y casi orgánica. ¡Dura ya casi diez años! Una colaboración así de larga con una misma casa y sus equipos no es solamente un trabajo, sino todo un capítulo de mi vida.

Su tan celebrada belleza, ¿ha sido un arma o un lastre?

Es complicado. Todas las mujeres sabemos hasta qué punto somos complejas. Explorar una idea de la mujer a través de estas campañas de Dior es apasionante. No es un enfoque tan superficial, sino que se trata también de formular una pregunta de fondo: ¿qué es una mujer? Celebrar la belleza, comprenderla, explorarla y en ocasiones combatirla. Todas somos conscientes que pasamos altibajos, que nos sentimos más o menos bellas según las circunstancias de la vida.

Una vez me dijo que su madre le había inculcado el respeto por el cuerpo.

Por el cuerpo, pero también por la sexualidad. A menudo me preguntan por qué me siento tan relajada con el desnudo, por ejemplo. Es porque mis padres nunca me educaron en la idea de la culpabilización del cuerpo y de la sexualidad. No tengo por qué disculparme por ser una mujer, una mujer con seguridad. La belleza es otra cosa: en casa no la teníamos en cuenta, y eso estaba bien. Teníamos en cuenta valores con un sentido verdadero: la educación y la realización personal. Si nos lo jugamos todo a la apariencia estamos llamados a llevarnos graves desilusiones.

En Estados Unidos, se tiende sobre todo al puritanismo, ¿no es así?

Yo no generalizo. No tenemos todos el mismo entorno, la misma experiencia de vida ni, por lo tanto, la misma percepción de las cosas. Respeto todas las opiniones, y lo que es bueno para mí no tiene por qué serlo para otra persona. Si me gusta llevar un vestido corto, se me debe respetar por ello, del mismo modo que hay que respetar a una mujer menos desinhibida. No tengo por costumbre imponer mi punto de vista. Lo único de lo que estoy segura es de que cada cual debe encontrar su lugar, de la forma

que pueda, para existir en este mundo.

¿En qué circunstancias ha perdido confianza en sí misma?

En cuanto a la intimidad, el mundo interior. De repente estás acurrucada en el fondo de la cama y, sin saber verdaderamente por qué, te ves hundida en el llanto, odiándote. Hay momentos de mi vida en los que me siento increíblemente vulnerable. Pero el coraje consiste en no echar la culpa a los demás y en admitir que tal vez sea una misma la principal responsable. Aprendí bastante rápido que yo era la única que podía garantizar mi integridad y mi dignidad. Para eso hace falta tiempo y, a veces, dar pasos equivocados pero, a partir de un momento dado, se consigue identificar muy bien los males y sus orígenes. Y entonces puedes contraatacar diciéndote: ¡No, esta no es la dirección en la que quiero ir! Es necesario aprender a mirarse y a conocerse, e ir a por todas.

En el nuevo videoclip de J’adore, trepa por una tira de tejido hacia un mundo nuevo. ¿Una metáfora de la ambición?

Una metáfora sujeta a interpretación. Yo no veo la mujer poderosa que da saltos y lucha, sino más bien el recorrido entusiasta de una mujer que se lanza. Se despega del suelo, de su pasado, sin renegar de él, y parte hacia otros territorios, otras conquistas, otro futuro: es una mujer que evoluciona, que crece. Y en eso me reconozco plenamente.

El mensaje del film es “Future is gold” (el futuro es oro)… Es decir, es un mensaje de esperanza. ¿Con qué esperanza alimenta a Jackson, su hijo adoptivo de dos años?

Que tenga salud, bondad, sentido de independencia y sentido del humor. Ha cambiado mi vida profundamente y, al mismo tiempo, no lo ha hecho. Me explico: estoy convencida de que seré una buena madre si soy buena persona. Y por eso, no se trata de renunciar por completo a lo que es importante para mí. He sido testigo de eso con mi madre: mientras me educaba siguió viviendo para sí misma. No de una manera egoísta, sino sin renunciar a sus sueños y a sus aspiraciones. No juzgo a las que hayan elegido una maternidad exclusiva, pero yo he encontrado el equilibrio sin renunciar a mí misma, y eso es lo que a mí me beneficia. Lo más difícil no es la gestión de las prioridades (mi hijo, sin duda alguna), sino la gestión del tiempo. Todas las madres que trabajan se lo confirmarán.

¿Qué pasó después del Oscar conquistado por “Monster”?

Fue hace diez años. ¿Fue ayer o ya hace toda una vida? Se abrieron puertas, se presentaron oportunidades maravillosas. La mirada de mis compañeros cambió. Acaparé más atención y tuve que esforzarme menos para poder poner en pie ciertos proyectos. Pero antes de eso, había estado trabajando duro durante quince años.

¿Es un cliché decir que hay menos papeles para las actrices después de los cincuenta años?

No. Es un problema muy real para las actrices, desde luego, pero también para todas las mujeres en general: la madurez no se respeta en nuestras sociedades, y los hombres y las mujeres no son tratados de la misma manera en cuanto a la edad. Un hombre que envejece es un buen vino; una mujer, en cambio, solo una flor cortada. Yo procuro prepararme para que mi vida vaya al encuentro de ese momento. Algunas actrices, como Helen Mirren, Meryl Streep o Susan Sarandon, constituyen contraejemplos estupendos. Mi trabajo con Dior es también una respuesta a eso: ahora tengo 38 años y estoy muy orgullosa de participar en una campaña que celebra las mujeres de mi edad. Soy consciente de que no será siempre así, pero hoy me encuentro en una posición increíble: se me permite todo, sin límite alguno.

Haber venido con Sean Penn al desfile de alta costura de Dior es un acto muy rotundo, ¿no? Como si quisiera declarar su felicidad…

La vida no es una “press junket” –una conferencia de prensa de presentación de una película–. No ha habido ninguna premeditación: todo el mundo sabe que nunca he utilizado mi vida privada con fines promocionales. Jamás. He querido compartir esta familia, mi familia Dior, con alguien que está dentro de mi vida. Odiaría la idea de tener que privarme de momentos únicos debido a los medios o a la opinión pública. Intento ser tal como soy.

Está muy apegada a su vida privada. ¿Cómo va a gestionar la intromisión?

Por ahora, no he establecido ningún plan. Lo veremos paso a paso. Si hay intromisión, la manejaré y rectificaré el tiro. Existe una gran diferencia entre tener apego a la vida privada y ejercer el secretismo. Yo no guardo secretos. Quienes me aprecian lo saben: en mí hay una transparencia que no se ajusta ni a lo sensacionalista ni a los cotilleos. Siempre he compartido de forma razonable mi vida con mi público, y nunca he sido agresiva con la prensa. Pero hay cosas que solo me pertenecen a mí.