Anya Taylor Joy en la première de "La bruja". | Emma McIntyre / GETTY

Anya Taylor-Joy. De repente, una diva

La actriz, nueva musa de Shyamalan y estrella de la próxima serie del momento, estrena la española 'El secreto de Marrowbone'.

Ana Cortizo | Woman.es

Hay actrices que labran su carrera a fuego lento; otras parecen salir de la nada, en plan chica de la curva, y de repente te las encuentras en todas partes. Anya Taylor-Joy pertenece a esta última categoría. No sabíamos de su existencia antes de que 'La bruja', una de terror en tiempos del puritanismo con cofia, recibiera aplausos infinitos en el festival de Sundance, y ahora parece decidida a protagonizar toda la taquilla de los próximos meses.

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Hace tres años, Anya era solo la sexta hija, bastante chicazo, de una nómada familia británico-argentina (madre fotógrafa y padre ex banquero dedicado a las carreras de fuera borda), cuyo mayor problema era que no encajaba en el sistema escolar británico. A los 17 años, dejó los estudios para ser actriz, sin la menor idea de cómo lo iba a conseguir, y sus padres pusieron el grito en el cielo. Pero la suerte le sonrió. Mientras paseaba a su perro por Londres haciendo equilibrios sobre unos taconazos con los que practicaba para una fiesta, la fichó una agencia de modelos. Y poco después, en una producción de fotos, pegó la hebra con Allen Leech (Tom en 'Downton Abbey'), que la puso en contacto con un representante de actores. Así empezó todo.

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Con una belleza camaleónica (ahora sensual, ahora inocente, ahora reina del hielo), una gracia heredera de sus tiempos de bailarina de ballet y un talento que ha provocado alzamientos de cejas en críticos más rancios que el Cinzano, esta actriz argentino-británica se ha convertido en la 'it girl' interpretativa del momento. Una nominación al BAFTA, por 'La bruja', le abrió la puerta a dos películas más: ''Morgan', una de robots con sentimientos dirigida por Luke Scott y producida por su padre, Ridley, y 'Barry', sobre la juventud de Barack Obama. Pero lo gordo llegó cuando M. Night Shyamalan vio su prueba de cámara y llamó a su ayudante para asegurarse de que sus ojos no le engañaban. El director llevaba sin musa desde que lo suyo con Bryce Dallas Howard no funcionó y aquello olía a flechazo. La fichó para 'Múltiple' y en 2018 la veremos también en 'Glass', la última entrega de su trilogía de películas de superhéroes que no parecen películas de superhéroes. 

Anya Taylor-Joy en 'La Bruja'. | Imdb

El 27 de octubre estrena 'El secreto de Marrowbone', del español Sergio G. Sánchez, una de huérfanos con dimensiones paranormales. Está grabando 'La casa de las miniaturas', la serie basada en el best-seller de Jessie Burton, y en abril estrenará 'Los nuevos mutantes', junto a otras jóvenes estrellas como Maisie Williams ('Juego de tronos') y Charlie Heaton ('Stranger things'). Y aún le quedan cosas en el tintero: ha rodado 'Thoroughbreds', una cinta que la crítica ya adora sin ambages, y prepara 'The sea change', el debut como directora de Kristin Scott Thomas. 

Ahora asegura (con un acento argentino muy desconcertante para los que la hemos visto actuar en impecable inglés) que está viviendo este momento sin pensar, porque le daría un infarto si se detuviera a meditar las implicaciones de ser nominada a un BAFTA, trabajar con M. Night Shyamalan o relacionarse con la familia Scott. Al fin y al cabo, en su mente sigue siendo la benjamina de la casa, esa a la que nadie toma demasiado en serio cuando se le mete algo en la cabeza. Como ser actriz, por ejemplo.

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