Jorge Monedero

Antonio Banderas abandona su proyecto del Astoria en Málaga por los insultos recibidos

«No quiero convertirme en un segundo Moneo en Málaga», comunica el actor en su carta al diario Sur. 

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"Nunca pasó por mi cabeza la idea de que este proyecto fuese rentable para mí. La idea era más bien la contraria. Lo que he ganado en mi larga vida como profesional, ha sido ganado básicamente fuera de mi tierra, peleándome todos los días en los lugares más competitivos del mundo, viviendo en hoteles, en aeropuertos, sin ver crecer a mis hijos. No, aquí venía a gastármelo."

Con estas palabras Antonio Banderas explica los motivos por los que abandona el proyecto cultural y teatral del conjunto Astoria-Victoria de Málaga. El actor le ha comunicado su decisión al arquitecto José Seguí y a los máximos responsables de la empresa Starlite.

La propuesta de Antonio Banderas se basaba en un inmueble con usos culturales múltiples aunque con el teatro como epicentro y se dividiría en varios volúmenes de hasta seis plantas con escenarios, cine, salón de eventos, zona de exposiciones, restaurantes y terraza.

En su carta abierta, Banderas expone: "Espero que esta decisión limpie el concurso de la intoxicación en la que parece ser me he convertido. Yo seguiré buscado la posibilidad de integrarme en el movimiento cultural tan esperanzador que está teniendo lugar en nuestra querida ciudad, pero lo haré desde el ámbito absolutamente privado, porque visto lo visto he de reconocer que el tema público da miedo. Ahí se mezclan unos intereses que no favorecen ni la gestión, ni la administración, ni la creación en libertad, y uno quiere eso, crear, trabajar y arriesgar a tope si se siente mínimamente apoyado, si esto no es así se hace muy complicado, muy difícil. No quiero convertirme en un nuevo Moneo en mi propia casa."

El actor, quien acaba de finalizar el rodaje de su última película en Sevilla, habló así de las críticas que ha recibido: "Queríamos competir y ganar porque creímos tener el mejor proyecto para la ciudad. Nunca perdimos el respeto a nuestros ‘rivales’. Nos someteríamos deportivamente a la decisión final a la que se llegase por parte de quienes hubiesen de tomarla. Pero los coros de voces que comenzaron a alzarse contra nuestro proyecto, dentro y fuera de los ambientes políticos locales, que además no se detenían en la crítica al mismo, sino que se extendían a la sorna, el cachondeo y por qué no decirlo, la mala leche, me hicieron comenzar a reflexionar sobre si realmente valía la pena arriesgar tanto, enfangarse tanto, y exponerse tanto."