A solas con Piero Lissoni

Es el Miguel Ángel del siglo XXI: Piero Lissoni tan pronto realiza encargos gráficos de imagen corporativa como renueva un hotel o diseña una silla. Eso sí, reduciendo cada proyecto a lo mínimo porque “la simplicidad es la expresión de la elegancia”.

Susana Fernández

Se define como un arquitecto todoterreno aunque se siente muy cómodo en su faceta como diseñador (ha colaborado con prestigiosas firmas como Alessi, Boffi o Cappellini, entre otras) y es, desde hace más de 20 años, director artístico de Living Divani. De la mano de esta firma, e invitado por Estudio Mínim (Barcelona), ha visitado la ciudad condal para impartir una conferencia dentro del programa de Arquiset, la Semana de la Arquitectura. En Woman aprovechamos para entrevistarlo.

-Aunque arquitecto de profesión, ¿qué te ofrece el diseño industrial para haberlo desarrollado tan ampliamente?
-Para contestarte a esta pregunta puedo ser políticamente correcto o contestar la verdad. Si soy sincero, las razones son básicamente dos: por un lado, la increíble libertad que proporciona el diseño, y por otro, el aspecto económico. Si diseñas bien una silla, el público te comprará, y esto tiene una recompensa inmediata. Pero el mundo de la arquitectura es mucho más complejo y supone una mayor inversión: puede ser que no compren la casa que has proyectado y eso significa asumir más riesgos. Además, para mí, el primer escalón es el diseño, cuando esté más seguro cultivaré más la arquitectura.
-¿Sigue siendo Milán la cuna del diseño, o se debe ir mirando a otras ciudades?
-Definitivamente sí. Estamos hablando de una ciudad donde todo gira en torno al diseño, con una enorme tradición de más de 500 años. Es una cuestión de espíritu, algo que se lleva en la sangre, difícilmente exportable porque en Milán hay demasiadas industrias que funcionan por y para el diseño. Es un engranaje perfecto.

-Hablar de Italia es hablar también de moda, ¿son mundos parecidos?
-La moda y el diseño son asuntos muy diferentes. En todo caso, la moda ha aportado a Italia una apertura internacional, una conexión mundial. Sin embargo, como decía, el diseño es tradición, no cambia cada seis meses como la alta costura, porque nadie renovaría su casa dos veces al año. Pero, en cambio, sí hay gente que conserva objetos o muebles de más de 400 años. Esto, aplicado a unos zapatos, sería imposible.

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