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Dime dónde viajas y te diré cómo cuidarte

Da igual que te vayas a la montaña o a la playa. Al cambiar de entorno, la piel se desorienta incluso durante el viaje y se pone a la defensiva. Hazle unas vacaciones llevaderas con rutinas anti 'jet-lag'.

Alejandra Yeregui | Woman.es

¿Eres de mar, de montaña o te gusta hacer turismo de ciudad? Tu piel está íntimamente relacionada con el entorno, así que poner rumbo a un destino fresco, cálido, seco o húmedo puede alterar su nivel de hidratación natural, algo que no sólo confirman los dermatólogos, también los meteorólogos: “Con el paso de los años, la piel está menos protegida porque la epidermis se vuelve más fina y es más vulnerable a los envites de la climatología”, asegura Mario Picazo. Dale unos días para que se reajuste y sigue estos consejos cuando te toque organizar el neceser de mano.

Antes de salir.

Al menos los tres días previos a las vacaciones, comienza la operación salida y con ella una “dieta” facial antisequedad, a incluir llegado el momento en la maleta. Utiliza productos suaves que ayuden a fortalecer la piel y eviten posibles desequilibrios. El gel limpiador debe ser sin sulfatos y los desmaquillantes en aceite eliminan el maquillaje sin resecar la epidermis, como ocurre con los sérums y las cremas ultranutritivas con ceramidas y ácido hialurónico. No es momento para cosméticos con ingredientes agresivos que puedan irritarla, como los alfahidroxiácidos, sobre todo a concentraciones superiores al 15 por ciento, o el retinol, que también la sensibiliza. Si tienes la piel mixta o grasa, pon el foco en llegar a tu oasis con los poros purificados. En estos casos, para exfoliar, elige un peeling con ácido mandélico, una forma muy suave de AHA y, además, extiende una mascarilla de arcilla la víspera de ponerte en ruta.

Durante el viaje.

El trayecto en tren o en coche hace que, al cabo de las horas, tu aspecto no sea el más lustroso, pero el avión gana como enemigo de la piel. El primer error a evitar es pulverizar un spray de agua termal. Puede ser refrescante en el momento, pero como el nivel de humedad en la cabina no supera el 20 por ciento, el agua de tratamiento se evapora en la superficie de la epidermis, resecándola aún más con probabilidad de enrojecimiento y tirantez. En cambio, los expertos sí recomiendan beber 350 ml de agua cada hora de vuelo, es decir, el equivalente un vaso y un cuarto. Si es un viaje largo, desmaquíllate y aplica una mascarilla, a ser posible que no sea oclusiva (evita las de tipo hidrogel o celulosa) porque algunas contienen ingredientes que atraen la hidratación natural de tu capa córnea. Otro gesto práctico: reaplicar unas gotas de aceite facial cada tres horas para mantener los lípidos a raya. Si tiene aceite esencial de lavanda, te inducirá al sueño.

En la playa.

Por naturaleza, a la epidermis le gusta la humedad, sobre todo si es del 40 al 70 por ciento como cuando estás en la costa porque favorece la transpiración. El inconveniente es que también acumula grasa, así que si tienes tendencia a granitos, elige geles hidratantes y fórmulas de toque seco para protegerte del sol. El índice, de al menos SPF 30, debes reaplicarlo cada dos horas. Tampoco hay que olvidar que el 60 por ciento de personas con rosácea empeoran con el calor por su efecto vasodilatador. La Dra. Cristina García Millán, del Grupo de Dermatología Pedro Jaén, recomienda “utilizar un filtro solar SPF 50, mantenerse a la sombra, pulverizar agua termal con propiedades antiinflamatorias que además baja la temperatura, y evitar las comidas especiadas y el alcohol”. Al llegar a casa, sea cual sea tu tipo de piel, limpia el rostro de forma suave y “báñate” en sérums y cremas reparadoras con ácido hialurónico, algas o glicerol.

En la montaña.

En zonas de alta altitud suele haber viento, mayor exposición solar y cambios de temperatura constantes. Para evitar la hiperpigmentación utiliza un solar con filtros minerales. Al actuar a nivel de la superficie cutánea, además de protegerte de los rayos, se crea un efecto barrera ante las inclemencias del tiempo. La presión a 1.800 o 2.400 metros de altura empeora la micro-circulación, así que para evitar el tono apagado, realiza tu ritual nocturno con este masaje facial Kobido: Primero, realiza cuatro pases de drenaje con toda la mano desde la mandíbula rodeando el óvalo facial. Después, con el dedo corazón, trabaja la línea nasogeniana de abajo a arriba. Desliza varios dedos desde la aleta de la nariz hasta el músculo situado debajo del hueso del pómulo y, de ahí, sube hasta la cola de la ceja. Repite tres o cuatro veces. Desde el surco nasogeniano en movimientos alisantes, trabaja la zona bajo los ojos con los dedos corazón y anular hasta el extremo de la ceja. Y drena con la mano desde la oreja por el cuello. Por último, presiona desde el comienzo de la ceja hasta el final. Repite tres veces.

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