Fotografía: Nico para Lancôme

Penélope Cruz se relaja

Ya ha estrenado 'La Reina de España', está en el rodaje de 'Escobar' junto a Bardem y protagonista de la nueva campaña de Lancôme, nos cuenta que le sigue sorprendiendo dónde ha llegado "desde donde yo crecí". La realidad ha superado los sueños. 

Marta Bonilla |Woman.es

Cuando la tengo delante me acuerdo de cuando la conocí, hace muchos años, y cómo se gestó su primera sesión de fotos. Penélope (Madrid, 1974) acababa de grabar el videoclip 'La fuerza del destino', de Mecano, y Nacho Cano, muy amigo del director de la revista 'Man', Juan Carlos de Laiglesia, no paraba de insistirle con que "tienes que sacar a esta niña, que promete mucho". ¡Vaya ojo! Todavía ni salían juntos. Ella nos contaba lo que le gustaba Nacho las tardes que pasaba a vernos por la redacción, siempre con un book de la agencia de modelos Olé bajo el brazo. "Estabais en la calle O’Donnell", se acuerda todavía hoy.

Nacho se salió con la suya. No había presupuesto para estilismo, que se reservaba para las portadas de la época, de Ana García Obregón a Ana Belén; así que el mensaje fue: "Acompáñala a coger algo de ropa y que le hagan unas fotos. "Pepe Barroso nos dejó unos vestidos de Ekseption. Se puso uno rosa chicle de Jean Paul Gaultier, con el famoso corsé de copas cónicas, que Madonna exhibía por entonces en su triunfal gira 'La ambición rubia'". La sesión se hizo en el pantano de San Juan. Fueron sus primeras fotos, como personaje, en una revista. ¡Cómo han cambiado las cosas! Ahora, cada producción con ella moviliza una corte de maquillador, peluquero, estilistas, ayudantes... como corresponde a una estrella de Hollywood. También hay límite de tiempo: "Tenéis 20 minutos. Cuando se cumplan entramos para la última pregunta", nos dicen desde su equipo.

WOMAN: ¿Echamos la vista atrás?

PENÉLOPE: Me acuerdo perfectamente. ¿Quién me hizo la entrevista?

Juraría que Ángel Antonio Herrera.

Es verdad, Ángel Antonio. Me hizo unas cuantas después, siempre me apoyaba mucho. (Reviso ahora la entrevista y saco una frase premonitoria: "Quiero ser actriz. En España y, si puede ser en Hollywood, mejor. Sé que llegaré, soy muy tozuda.") Recuerdo muy bien aquella época, me tiraba literalmente a la calle cada mañana, con el book de Olé del que hablabas, a buscar trabajo y muchas veces era un no. Me recorría Madrid, horas y horas de metro y autobús, con mi guía de calles para no perderme. Llegaba a mi casa por la noche. Hay rincones de Madrid por los que paso y me vienen flashes de esos castings, aquella sensación de no sé qué va a pasar... 

El recorrido hasta donde estás ha sido increíble.

Imagina... De donde yo crecí, en Madrid pero a las afueras, era muy difícil pensarlo. No tenía ni un cine cerca de casa. Mi padre compró un betamax, una de las primeras máquinas enormes para ver vídeos, y yo alquilaba cintas en el videoclub todos los días. Así me hice súper cinéfila y me obsesioné con Almodóvar, Meryl Streep... Soñaba con ir por ahí, probar, pero era como decir "quiero ir a la Luna"...

Pues has llegado a la Luna. ¿Te sorprendes a ti misma cuando ves que eres una más en ese firmamento? 

Claro, sigo alucinando con muchas cosas. Yo en aquellos momentos soñaba con poder vivir de esto, que ya era como ciencia ficción. Pero me sigo sintiendo como una invitada en todo este mundo y creo que es muy sano. Y al mismo tiempo, estoy muy agradecida a gente como Bigas Luna, del que hoy me estoy acordando mucho porque están Jordi [Mollà] y Javier presentando su documental en el Festival de San Sebastián, como Pedro, como Fernando [Trueba], que me han ayudado mucho. Y también a empresas como Lancôme. Jamás había soñado tener estos contratos, ser imagen de una firma tan bonita durante tantos años.

Tenías la ambición, el tesón, unas ganas enormes...

Ganas tenía muchas, de volar, de aprender, de viajar... Desde el primer día, cuando preparaba el casting de 'Jamón, jamón' con Bigas, pensaba "esto va a ser imposible pero si hay alguna posibilidad, lo voy a intentar". 

 ¿Qué sueño te queda por cumplir?

Muchos, siempre hay que soñar, la sensación de haber cumplido todos los sueños no debe ser agradable. Una de las cosas buenas de este trabajo es que exige estar siempre preparándote, aprendiendo. De ahí la inseguridad de los actores. Cada personaje exige cosas diferentes, es como si empezaras cada vez. Y luego está todo lo que no tiene que ver con ser actriz.

Siempre has dicho que tu familia era lo más importante. Imagino que más desde que tienes hijos. 

Eso seguro, y tengo un trabajo que me permite estar mucho tiempo con ellos: los rodajes se concentran en tres o cuatro meses al año, no ruedo todos los días... Es muy flexible y desde que soy madre, eso lo valoro muchísimo. 

Ahora ya ruedas dos o tres películas al año, antes enlazabas una con otra. ¿Tenías que frenar, no? 

Hay una época que era necesario. Con 20, 30 años, tenía la energía para ello, porque no estaba haciendo nada más, pero ese ritmo no se puede mantener siempre. Hay que cultivar otras áreas igual de importantes de la vida.

Cuando entonces decías que volverías a España, no terminaba de creérmelo. ¿Los Ángeles no es un lugar para que crezcan los niños?

Nunca me fui, pero es cierto que ahora estoy más aquí. Los Ángeles me gusta, pero no para vivir siempre. Allí todo gira en torno a la industria del cine, se habla de lo mismo todo el tiempo. Eso no pasa en Nueva York, hay más mezcla de cultura... es más la realidad, el mundo. Y aquí está la familia. 

Hablabas de tu cariño por Fernando Trueba. Quince años después de 'La niña de tus ojos' te reencuentras con Macarena Granada en 'La Reina de España'. ¿Cómo ha sido la experiencia? 

Ha sido muy bonito rodar con los mismos compañeros, con Fernando, que todo lo hace fácil. Crea mucha paz en los rodajes... Fue un personaje muy importante para mí y el reto era interpretar cómo mantiene la esencia pero le ha cambiado la vida. Y sobre todo, lo más difícil, hacer el acento andaluz ¡en inglés! Era delicado pero creo que ha funcionado. 

Fotografía: Nico para Lancôme

Sobre el rodaje de 'Escobar', junto a Javier. Interpretas a Virginia Vallejo, la que fuera su amante muchos años. 

Sí, es un personaje difícil y muy interesante. Además, está viva, vive en Miami, todavía no la conozco pero es posible que eso ocurra pronto.

¿Trabajar con Javier no es igual que con otro actor, no?

Tiene que ser diferente, sí o sí. No he trabajado con él antes como pareja porque cuando rodamos juntos las otras veces no lo éramos y en 'El consejero', de Ridley Scott, sí, pero no teníamos escenas juntos. Será una aventura.

¿Y cómo os lo planteáis? 

No me asusta trabajar con Javier, pero me da un poco el gusanillo. ¿Llevarnos el trabajo a casa? Es importante separar las cosas, pero no sé si lo conseguiremos siempre. Lo tenemos bastante claro. Cada uno lo prepara a su manera. 

Me da la impresión de que antes eras más hermética, como si últimamente estuvieras más relajada a la hora de hablar.

(Sonríe y arquea las cejas). Puede ser, sí. A los veinte, veintitantos, si te pasa algo tan fuerte y te sientes observada, te tienes que proteger. Puede que tu ego lo disfrute, pero también crea miedos, inseguridades y desarrollas un piloto automático de defensa. A partir de ahí, tampoco he cambiado tanto. Hay temas de los que no hablo: mi vida privada es sagrada, no hablo de mis hijos... Todo eso sigue y va a seguir igual, pero a partir de ahí, es posible que me notes más relajada porque son muchos años conviviendo con esto. Y al final, ¿qué es la fama?

Creo que tú tienes la respuesta mejor que yo…

Es una lección. Hay que aprender mucho para poder manejarla y no es fácil. Creo que a mí me ayudó empezar muy pequeña y tener cerca a mi familia, gente con los pies en la tierra, muy de verdad. Si hubieran sido de otra forma, seguro que me habría afectado.

En tus últimas entrevistas, repites mucho el agradecimiento por todo lo que te rodea. ¿Ha cambiado algo? 

Creo que siempre he sido consciente de mi suerte, del privilegio de todo lo que me ha pasado y trato de dar siempre las gracias, que es muy importante. Luego hay personajes como el de 'Ma ma' y el documental 'Soy uno entre cien mil', que te sensibilizan más. 

¿Transforman estas experiencias más que un éxito?

Sí, te aportan mucho porque te hacen vivir otras realidades. No es lo mismo que te las cuenten o verlas por televisión que cuando te acercas a ellas de verdad. Abres los ojos. Y más cuando eres madre. Me pasó igual cuando fui a Calcuta con veinte años. Hubo un antes y un después en mí. No lo he dicho de otros viajes. Han podido ser importantes a otros niveles, pero cambiarme interiormente, solo este. 

Es una cuestión de sensibilidad, generosidad... 

No se puede cerrar los ojos al sufrimiento de los demás. En Calcuta me encontré bebés tirados, literalmente, en la acera. Los recogía, buscaba a sus padres y no estaban, habían ido a por ayuda para otro hermano. Ahí empezó otro capítulo en mi vida. Hay que contarlo y si puedes hacer algo, hacerlo.

Tú estás en esa posición. ¿Sigues dispuesta a ello?

Con mi situación, sí, porque la fama no sirve para nada más, nada más. Si la mía la puedo utilizar para hablar de la donación de médula, de la falta de investigación, para denunciar
que hay menos investigación infantil que en adultos por un problema de porcentajes e intereses... adelante. Porque esto no lo digo yo, lo dicen los médicos más importantes de este país, pero aunque sea absurdo, se me escucha más. Por eso tengo que pasar meses empapándome de lo que ocurre antes de hacer las cosas. 

D.R.

Trésor de Lancôme, el perfume de su vida

"Tengo una historia muy particular con este perfume. Fue el primero que me regalaron mis padres, a los trece años, porque me enamoré de las campañas de Isabella Rossellini y Peter Lindberg y solo quería ese. Desde entonces, es el que más he usado", nos cuenta Penélope. Lancôme lo presenta como la fragancia de las mujeres enamoradas... "Sí, pero tiene mucha fuerza y personalidad. Yo uso un perfume para cada personaje y Trésor ha estado en algunos pero, sobre todo, es el de mi vida."

Nuevo aroma, nueva campaña. La Nuit Trésor, Eau de Parfum Caresse (84,50 € / 50 ml), de Lancôme está concebido como un elixir, con una faceta hipnótica que le aporta la rosa negra y un sutil erotismo que le da la orquídea de vainilla. Un aroma elegante y sensual, que se presenta con una campaña "en la que también hay un cambio importante. Es muy sensual. Representa el poder de un perfume", nos anuncia Pe.