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Luz por un tubo

La luminosidad es uno de los factores que más influyen en el aspecto del cutis. Te traemos la mejor selección cosmética para que ese resplandor no se apague.

 

Javier Guerrero | Woman.es

La luminosidad es una de las características principales que definen el estado de una piel joven y descansada. Pero, con el paso de los años, el metabolismo celular se va ralentizando y, casi sin darnos cuenta, esa luz natural que ilumina el rostro se pierde. El resultado es una tez triste y sin vida ni energía que nos hace envejecer 10 años de golpe. Para que esto no suceda, y evitar así que el lado oscuro gane esta batalla, es importante que tanto la textura como el tono cutáneos estén en plena forma. Y es que cuando la luz incide sobre la piel, refleja en su capa superficial el color de la hemoglobina que circula por los pequeños capilares sanguíneos. Si la microcirculación de la zona es óptima, el tono de la piel es rosado y saludable. En caso contrario, se volverá rojizo y apagado. Además, el estado de la superficie cutánea influye directamente en el nivel de la luminosidad. Para que la luz se refleje correctamente, debe ser lisa y estar libre de imperfecciones, algo que no sucede cuando la piel está deshidratada, volviéndose irregular y áspera. 

Otro de los factores a tener muy en cuenta es el estrés ya que, además de aumentar la producción de radicales libres, tiene un efecto vasoconstrictor que reduce la aportación de oxígeno y nutrientes. Una alimentación poco equilibrada, la falta de sueño, la polución, los cambios bruscos de temperatura o el exceso de sol también contribuyen a la pérdida de luminosidad. Para combatir sus efectos negativos, la solución es una rutina de belleza completa que incluya una limpieza diaria, una crema hidratante con factor de protección, una exfoliación semanal y la aplicación de cosméticos con activos antioxidantes (como la vitamina C) y con difusores ópticos (como la mica o el sílice). Con estos cuidados, y una dieta rica en antioxidantes, nada podrá evitar que tu piel brille con luz propia. Eso sí, no vayas a pasarte con esto de la luminosidad y acabes obligando a todos tus amigos a llevar siempre puestas las gafas de sol.

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