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La clásica modernidad de las pastillas de jabón

El vermú, el ganchillo, los vinilos y también las pastillas de jabón. Todo vuelve. 

Javier Guerrero | Woman.es

El vermú, el ganchillo, los vinilos, las cintas de casete, las bomber, los pantalones de cintura alta… Todo vuelve. Incluso las hombreras oversize amenazan con recuperar esta temporada un trono que perdieron allá por los 80. No deja de resultar curioso que, en plena era tecnológica de casas domóticas y ciudades robotizadas, recuperemos del pasado aquello que nos hacía felices por aquel entonces. Sí, la nostalgia es un valor al alza y, como no podía ser de otra manera, también ha llegado al mundo de la belleza. De ahí que las clásicas pastillas de jabón, esas que nuestras abuelas gustaban de guardar en los cajones para perfumar la ropa de cama, se hayan convertido en auténticos objetos de culto que no pueden faltar en los estantes del cuarto de baño de las beauty addicts.

Mientras que por los laboratorios cosméticos pululan moléculas híbridas de última generación, las marcas tradicionales continúan elaborando sus jabones en pequeños lotes y utilizando las técnicas artesanales y las mismas fórmulas que hace un siglo. Y ahí es precisamente donde reside su encanto: en hacer las cosas como se hacían antes. Además, algunas conservan los maravillosos envases de antaño, como el diseño art déco de la lisboeta Benamôr (fundada en 1925), para disfrute y deleite de las amantes de la estética vintage. De hecho, muchas de las pastillas nunca salen de su envoltorio, permaneciendo mint in box, y se transforman en originales elementos decorativos.

Para la cara, el cuerpo o las manos y exfoliantes, hidratantes o nutritivas, la gran variedad de fórmulas e ingredientes activos permite que exista casi un jabón concreto para cada persona y necesidad. Incluso las hay para veganos. Pero destacan, sobre todo, por sus aromas, que dejan sobre la piel una estela perfumada capaz de transportarte sin escalas a otras épocas en las que todo se hacía de otra manera: despacito y con mucho mimo. Bendita nostalgia.

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