Liya Kebede y Karlie Kloss lucen un rostro trabajado a golpe de strobing. | D.R.

Strobing, luz a medida

El objetivo es lograr una piel radiante con texturas altamente reflectantes aplicadas en puntos estratégicos, como la parte alta de los pómulos, sienes, punta de la nariz y barbilla. Los expertos de L'Oréal Paris nos enseñan los mejores trucos para conseguirlo.

Olga Tarín | Woman.es

Para convertirte en una experta en el arte del strobing es imprescindible aprender a utilizar los iluminadores. Paula Soroa nos da las claves.

¿Qué hacer?: "Sobre una piel perfectamente exfoliada e hidratada, aplica una base fluida para unificar el tono y extiende polvos de sol en la parte superior de los pómulos y el contorno del rostro. Ahora llega el momento del strobing. Para realizarlo, aplica un iluminador líquido o en polvo en la parte alta del pómulo, el lagrimal, el hueso de la ceja, el nacimiento y la punta de la nariz, en el arco de Cupido (labio superior) y en la barbilla. Después, aplica un blush suave que resalte tu tono natural." 

Evita: "Esta técnica en manos poco hábiles puede producir resultados poco naturales. Entre los errores más frecuentes está el aplicar el iluminador por todo el rostro dando un resultado excesivamente brillante y pegajoso. Se trata de resaltar solo las partes prominentes que se iluminan de forma natural. También hay que tener cuidado al elegir los productos y decantarse siempre por las texturas más ligeras. Las muy cubrientes o con pigmentos nacarados dan un efecto artificial poco atractivo."

Líquido o compacto, ¿cuál es mi textura?

"Con el iluminador líquido tenemos un efecto más glossy, húmedo y natural. Además, tiene dos usos: por un lado puedes usarlo como base por todo el rostro, y por otro, como iluminador para resaltar los puntos clave tras del maquillaje. El compacto es ideal para dar luz pero con un efecto menos satinado y jugoso. Los tonos rosa y melocotón son ideales para pómulos e incluso para el párpado móvil. Los amarillos para el párpado fijo y la parte alta del pómulo. Difumina el producto con el calor de la yema de tus dedos para fundir las texturas en tu piel y lograr un resultado más natural. Usa brochas que sean muy suaves", explica Soroa.