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Hay una teoría de por qué Kylie Jenner y otras 'celebs' eligen nombres raros para sus bebés

El bebé de Kylie se llama Stormi, un término que evoca a las tormentas. Pero no es el nombre más extraño que una 'celebrity' ha puesto a su hijo, ¡mira!

Ni Sophia, ni Olivia, ni Emma. Kylie Jenner no ha recurrido a ninguno de los nombres más utilizados por los estadounidenses para los recién nacidos  (los anteriores). Y, mucho menos, a un nombre corriente. La hermana pequeña del clan Kardashian-Jenner ha puesto a su hija 'Stormi', un término que no figura en el diccionario pero que en inglés evoca a las tormentas ('storm') o, incluso, a la palabra 'tormentosa' ('stormy'), muy similar. 

De esta manera, se consolida la afición de la familia de escoger nombres poco frecuentes para su prole e, incluso, únicos e inventados por los progenitores. Así, Kim Kardashian y su marido, Kanye West, realizaron un ejercicio de creatividad y llamaron a sus hijos Saint, North y Chicago, mientras que el hijo de Kourtney Kardashian se llama Reign, que suena parecido a lluvia en inglés aunque se escribe como 'reinado'.

Los suyos no son los únicos que aparecen en el ranking de los hijos de famosos con nombres raros (de hecho, este ranking está bastante ocupado). En el listado también figuran Blue Ivy (Hiedra Azul, en español), hija de Beyoncé; Apple ('Manzana', en español), hija de Gwyneth Paltrow; Bear ('Oso'), hijo de Kate Winslet y también hijo de Liam Payne; Summer Rain (Lluvia de verano), hija de Christina Aguilera... 

Una cuestión cultural

Pero más allá de la rareza de unos y otros, ¿por qué los famosos sienten debilidad por los nombres extravagantes o poco habituales? Existen distintas teorías. La más documentada fue publicada por Time en 2016 y parte de un hecho: no son solo los famosos, sino que los millennials anónimos también son cada vez más proclives a poner a sus hijos nombres raros. Y más a las niñas que a los niños. 

El reportaje se basa en los resultados de un estudio realizado por el psicólogo Jean Twenge, de la Universidad de San Diego en EE UU, y que se plasma en su libro Generation Me. De él se desprende que mientras en 2005, el 66% de los niños y el 76% de las niñas tenían un nombre que no figuraba entre los 50 más comunes, en 2015 este porcentaje ascendió al 72% de los chicos y 79% de las niñas. La tendencia no parece haber cambiado en los últimos dos años. 

El experto habla de cambios culturales y en las aspiraciones de los jóvenes papás para explicar las causas: "El deseo de que tus hijos no pasen inadvertidos es más acusado que 10 años antes", observa, antes de responsabilizar de ello a una "cultura cada vez más individualista", en la que cada vez nos centramos más en nosotros mismos y menos en nuestro alrededor y en sus normas. 

"Nos educamos con frases como "no debería importarte lo que piensan de ti, puedes ser lo que te propongas, es bueno ser diferente, tienes que amarte primero para poder amar a los demás", explica Twenge

Otros estudios subrayan la gran influencia que la cultura pop y sus iconos tienen sobre nosotros a la hora de elegir nombre (esto explicaría que Alejandro Sanz haya llamado Dylan a su hijo, o Tania Llasera, Pepe Bowie y Lucía Lennox a los suyos).

Por otra parte, numerosos internautas barajan hipótesis similares, y recogen la voluntad de que los hijos sean "únicos". Algunos también señalan el afán de lo progenitores famosos de mantenerse en el "ojo público" (un nombre poco común garantiza que la prensa hable de ti unos días y, además, que a tu hijo le resulte difícil pasar inadvertido). 

A ti, ¿qué te parece?

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