Personajes / Artículos

Ygor Yebra y Pablo Motos

Fecha: 13/11/2009
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Cuando tropieza el bailarín y llora el cómico...

YGOR YEBRA
Lento pero seguro. Así lo definía su profesor de EGB. De acuerdo, pero si toma una decisión, no hay marcha atrás.

Puntual, sencillo, sonriente y alto, muy alto. Mira curioso sin saber qué hacer pero se
mueve con tranquilidad. La misma que transmite cuando baila: «Para un bailarín es complicado dar un mal paso. Si tropiezas es porque resbalas o pierdes las zapatillas,
como me pasó este año en un solo final. En el ballet clásico es aún más divertido. La chica con su tutú y el chico de principito. Son momentos de ‘tierra trágame’.» También
le gustaría desaparecer: «Cuando vienen a felicitarme. Soy muy tímido y pienso, vale. ¿Pero podemos acabar ya? Sobre todo, en países como Japón, donde no entiendo nada. Allí los teatros son inmensos y el 90% del público son mujeres y al final las oyes llorar.» Antes de que suba el telón, Igor siente: «Una ansiedad inexplicable… pero luego está la concentración.» Concentración que pierde: «Soy muy torpe y en mi casa
se ríen mucho conmigo. No entienden cómo parezco tan ligero sobre el escenario y luego tropiezo con todo. Pero cuando se quieren echar unas risas me piden que cante. Eso sí que se me da mal.» Ríe y recuerda otra anécdota: «Una vez se rompió el botón y se me cayeron los pantalones. Tenía 16 años. Desde entonces, siempre llevo debajo una malla.» Se considera trabajador: «Sin trabajo, por más talento que uno tenga, no se llega a nada. En este aspecto, convivir conmigo es muy difícil, porque siempre estoy practicando.» Insiste: «Mira cómo bailo; sabrás más de mí que con una conversación normal.» Así que callo y observo. A la hora de vestirse y posar es puro conformismo. No se queja. Parece buena gente y entonces contesta: «Todos tenemos un lado oscuro, pero yo uso el escenario para sacarlo.»
PABLO MOTOS
Los cómicos estamos más entrenados. Pero si vienen los golpes, vienen igual.

Es amable y correcto, pero con la ironía a la que luego da rienda suelta en su programa ‘El hormiguero’. «Me pongo serio con la gente mediocre o con los que no respetan el tiempo de los demás. Cuando hay que discutir, como casi nunca me pongo serio, suelo impresionar… Y otras veces haces un comentario interesante y la gente se descojona y no entiendes por qué nadie te toma en serio.» Es un gran defensor del humor: «Se dice que lo más importante en la vida es la salud, pero inevitablemente se te va y entonces lo importante es la alegría. El día que el ser humano descubra para lo que sirve el sentido del humor será como el día que se descubrió la penicilina.» En su vida privada se confiesa alegre bipolar: «Es como si pensaras que Nacho Vidal está todo el día follando. También descansa.» No muestra preocupación por la imagen que da: «Dicen que doy mucha confianza. Pero parte de mi patrimonio como persona son mis enemigos.» Y sabe reírse de sí mismo: «Si no, sería imposible hacer un programa en el que todo el mundo es más alto y más guapo que yo.» Necesita sonreír para cantar y ponerse serio…: «En el sexo. Ahí las bromas… será por complejos de los hombres. Creemos que cualquier cosa amenaza nuestra hombría.» Cabezota y persistente, Pablo Motos es ya conocido en Hollywood: «Es una fantochada, pero viene Adam Sandler y me dice que le ha hablado muy bien de mí Will Smith. Ha sido nuestro pequeño Everest, que hemos conseguido subir porque al principio era inviable. Seguro que la tele la inventó otro cabezota.»

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