Personajes / Artículos

Valeria Mazza

Fecha: 05/06/2007 Marta Flores / Realización: Marta Lasierra
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Tiene una apariencia dócil, como de no haber roto un plato. Pero en el tú a tú intuimos que fue una niña más traviesa y rebelde de lo que parece. Es amante de los desafíos y por eso le propusimos uno: conocer en profundidad su entorno más cercano.

La top model argentina camina cual diva con el taconazo de Miu Miu por los jardines del Hotel Santo Mauro de Madrid, cuando por una pequeña puerta aparecen tres niños rubios como tres soles. Son Balthazar, Tiziano y Benicio, sus hijos, que vienen acompañados de un flamante papá, Alejandro Gravier, vestido de punta en blanco con look de dandi italiano.
Valeria acaba el shooting y se pone a jugar con ellos ataviada con el estilismo de la sesión y un albornoz por encima para protegerse del viento madrileño. Una estampa ideal que sorprende por la naturalidad y espontaneidad con la que concilia familia y trabajo. Su marido se acerca a nosotros y despliega sus estupendas armas de relaciones públicas. La pregunta es inevitable: «Alejandro, ¿no crees que os está faltando una niña.» Él se ríe y contesta directo: «Sí, lo estamos pensando.» En breve sabremos lo que piensa Valeria.
Pero antes de la entrevista, dos fotos más, una de ellas tumbada sobre la gravilla. No dice ni mu: las modelos profesionales no se quejan, aunque tengan categoría de top internacional.
Llevas desde el 26 de diciembre fuera de tu casa de Buenos Aires. ¿Cómo te tomas tener una vida tan nómada?
Ya va a hacer diecisiete años que llevo este tipo de vida, pero sí, es cierto que desde que he tenido a mis hijos la cosa ha cambiado. Todo se organiza en base al objetivo principal, que es la familia. Dividimos el año en distintas épocas. Durante unos meses hacemos viajes largos todos juntos (ahora hemos estado en Punta del Este y en Europa); luego hay viajes más cortos en los que me traslado sola o con Alejandro, y los niños se quedan en Buenos Aires.
¡Cuánto vaivén! ¿Eso no confunde un poco a los niños?
Ellos tienen muy claro que su casa está en Argentina. Allí está el resto de su familia: sus abuelos, sus tíos, sus primos... Pero también están acostumbrados a moverse de un lado a otro. Además, cuando nos trasladamos a una ciudad intentamos alojarnos siempre en el mismo hotel. Por ejemplo, saben que el Santo Mauro es su casa en Madrid.
Un pajarito nos ha comentado que ahora te apetecería tener una niña.
Vivir rodeada de hombres es maravilloso, no te creas. Solo tengo una hermana mayor, y por eso me encantaba la idea de tener varones. Creo que lo deseé tanto que ahora tengo cuatro. Pero… ¡claro que me gustaría tener una niña! Sobre todo, porque cuando vas a comprar ropa, la de chica es más linda (ríe). Además, por lo general, la mujer acompaña más en el futuro. El hombre se va con su mujer a casa de la suegra.
Si quieres, puedes lanzar desde aquí un mensaje a tus futuras nueras...
«No me llamen, no me busquen, no me pidan nada, no me encontrarán» (ríe). Fuera bromas, sería poco inteligente por mi parte enemistarme con ellas, porque eso me haría perder a mis hijos. Solo espero que sepan elegir.
La imagen que se tiene de ti y de tu familia es tan perfecta que hasta cuesta imaginar que alguna vez te enfades... ¿Cuáles son tus defectos?
Si todavía la gente no se ha enterado, ¿para qué se los vamos a contar? ¿Quieres verme de mal humor? Encuéntrame en un aeropuerto: odio los aviones. También me molesta la ineficiencia, porque para mí hacer las cosas bien o mal lleva el mismo tiempo. Y no soporto los gritos de mis niños.
Y en cuanto a tu marido, ¿no es celoso? Eso de ser imagen de Porcelanosa junto a George Clooney tiene su miga...
¡Uy, no! ¡Ya son muchos años casados! Además, nunca lo ha sido. Él es más de estar orgulloso de lo que tiene. En lugar de decir: «No miréis, que soy celoso», diría: «Mirad, mirad, que es mío.»
Recientemente hiciste unas declaraciones un tanto controvertidas. Te mostraste contraria a la posibilidad de que las parejas homosexuales pudieran adoptar hijos. ¿Te sorprendió la polémica?
Sí, porque yo solo dije lo que pensaba sin querer ofender a nadie. Cualquiera que me conoce sabe que yo estoy a favor de la familia convencional.
¿No es una visión conservadora?
Es la única que conozco y no tengo otro ejemplo. Y, además, creo que soy muy abierta: viajar me ha enseñado a no prejuzgar a nadie.

Una mujer de etiqueta
Aunque en sus inicios fuera conocida como la Schifffer de Suramérica, el tiempo le ha dado un merecido nombre propio.

Además de ser imagen de Porcelanosa, tiene su propia línea de belleza, VMBeauty (se comercializa en Argentina), y hasta sus propios vino y aceite: «De momento, están pensados para el consumo privado y el de nuestros amigos. Quizás en un futuro monte un museo –comenta divertida– con todos los trajes que utilicé en ocasiones especiales.»

¿Qué será de su futuro?
Ha participado en dos películas e incluso la llamaron en su momento para ser una Chica Bond, pero Valeria no se ve en el cine: «Me pongo muy nerviosa, no siento la actuación.» En cambio, le divierte mucho más la televisión: «Creo que todavía no han sacado de mí todo lo que puedo dar.

Hasta ahora he presentado galas y shows, pero me gustaría involucrarme en un programa más humano, que tenga más que ver con lo cotidiano. Lo haré, pero sin apuros, cuando realmente tenga tiempo.»

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