Mariola Orellana y Alicia Sánchez Camacho
Fecha: 06/11/2009
Mariola Orellana, posiblemente, tuviera el cuerpo menos canónicamente ‘bonito’ de todas las retratadas, y sin embargo es uno de esos cuerpos que hacen volver cabezas (masculinas) a su paso: Mucho pecho, mucha cadera, poca cintura, un reloj de arena. Es una mujer de armas tomar, y no solo en el cuerpo. Se expresa con una contundencia y seguridad tales como si estuviera fonando cada palabra en tipos negros. Sin embargo, ella, como las demás, se reconoce débil en lo emocional. «Lloro mucho», asegura. Tremendamente sincera, habló a tumba abierta de su carácter («tengo un genio tremendo»), de su matrimonio («yo roneo mucho, y mi marido Antonio Carmona– también, pero sabe que no debe preocuparse porque está a años luz de los demás; me hace reír, y por ahí me tiene ganada»), de su ambiente profesional («una pena, lo que impera es la mentira, pero nos salva la música y los artistas»), y de su menopausia («me niego a decir que es una época feliz; no lo es»). Me parece que es el tipo de mujer que debe fascinar a muchos hombres, pero atemorizarlos también. Y eróticamente, aparenta ser un volcán. Aparenta, digo, porque este tipo de mujeres, tan tremendas, suelen sacar esa coraza para proteger una parte dulce y sensible que no quieren sacar a la luz, y que sé positivamente que Mariola esconde bajo el disfraz de Afrodita (la de ‘Mazinger Z’, no la griega).
Me dio la impresión de que Alicia Sánchez- Camacho es una persona muy cerebral, que no hace las cosas a tontas y a locas. Se negó, por ejemplo, a responder a según qué preguntas, cuyas respuestas podrían dar lugar a malinterpretaciones. Desde luego, muy educada y amablemente, como corresponde a una mujer política hábil. Sin embargo, habló bastante claramente de su vida sexual y amorosa, y la sentí bastante cercana pese a la impuesta distancia de su posición. Reconoce que no ha habido muchos hombres en su vida, pero que ha amado profundamente a los que ha tenido. «Se trataba de hombres que quizás otras mujeres no encontrarían atractivos, pero yo sí, porque eran inteligentes, leían mucho y tenían mucha vida interior.» Dice que no es «mujer de juegos», pero cree que su mejor activo para seducir es el hecho de que es «muy dulce y cariñosa», aunque ella misma reconoce que esa faceta suya se contrapone con la imagen que da en lo profesional. Estoy segura de que lo es, porque el cariño que pone al hablar de su hijo (nacido por inseminación artifi cial, es madre soltera), no es de los fi ngidos, y por otro tipo de detalles surgidos en la conversación que prometí no revelar. También se dice directa: «En la vida siempre he asumido los retos, tanto los profesionales como los amorosos. No me han gustado muchos hombres, pero si un hombre me ha atraído de verdad, he ido a por él.» Me cayó bien y me pareció una mujer valiente, a la que imagino –por intuición y por ese sexto sentido que tenemos los novelistas para leer entre líneas– que la vida le ha dado muchos palos.




Comentarios recientes
No hay comentarios