Diane Kruger “Busco nuevos retos”
Fecha: 31/08/2009La actriz alemana estrena “Malditos bastardos”, de Quentin Tarantino. Un desafío que llega en su mejor momento.
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Actriz-espía. En “Malditos bastardos”, Diane es una actriz alemana que conspira contra los nazis. Esta película inaugurará el Festival de San Sebastián, el 18 de septiembre.
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La deseada. En “Troya”, la película que la lanzó a la fama, encarnó a Elena de Esparta. Su rapto a mano de Orlando Bloom (París) desencadenará la guerra. La anécdota: ¡ganó siete kilos para interpretarla!
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Desde que, en 2004, se dio a conocer gracias a su participación en la épica ‘Troya’, la actriz alemana Diane Kruger se ha construido una carrera que combina comedias de acción como ‘La búsqueda’ (2004) con películas de mayor ambición artística como ‘Copying Beethoven’ (2006) o, ahora, ‘Malditos bastardos’, en la que ha trabajado a las órdenes de Quentin Tarantino. De ella y de su buen momento personal habla en exclusiva para WOMAN.
Su personaje en ‘Malditos bastardos’ contribuye nada menos que al hundimiento del Tercer Reich. Eso sí es una heroína.
Sí, es una gran mujer, una actriz que debe interpretar el papel de su vida para sobrevivir. Quentin me enseñó un montón de viejas películas protagonizadas por divas de los años 40, como Vilma Banky, una actriz húngara, o la alemana Hildegard Knef. Preferí no fijarme en Marlene Dietrich, era un modelo demasiado obvio. Es gracioso, porque las interpretaciones en esa época eran muy distintas a las de ahora. Las actrices sobreactuaban un poco, incluso hablaban más alto.
La película ridiculiza de forma brutal a los nazis. ¿Cómo cree que será recibida en Alemania?
Creo que para los alemanes será un alivio. Durante mucho tiempo han soportado un gran peso sobre los hombros a causa de lo que pasó durante el nazismo, y reírse de ello puede resultar balsámico.
¿Haber trabajado con Quentin Tarantino es uno de sus grandes logros?
Es un sueño que nunca pensé poder hacer realidad. La mayoría de los actores darían un brazo para trabajar con Quentin. Él no te elige a no ser que esté convencido al cien por cien de que eres ideal para el papel. No le importa que seas Brad Pitt o cualquier otra estrella, así que el mero hecho de que me escogiera fue muy signifi cativo.
Y no fue fácil. Durante mucho tiempo tuvo a otra actriz en mente. A mí no quería hacerme una prueba porque no se creía que yo fuera alemana.
¿Cómo?
¿Lo puede creer? Todos estos años han estado diciéndome que mi inglés tenía un acento demasiado alemán, y ahora resulta que no se creen que soy alemana. Tengo que decir que a veces me sale el acento alemán, sobre todo cuando me enfado. Entonces, Josh –el actor Joshua Jackson, su compañero desde hace tres años– sabe que ha llegado el momento de callarse y darme la razón (risas).
Hablando de Brad Pitt, ambos coincidieron en ‘Troya’. ¿Ha sido interesante volver a trabajar con él?
Sí, pero en ‘Troya’ no tuvimos escenas juntos. Me gustó verlo despojado de todo el peso de la celebridad, comportándose simplemente como un actor.
‘Troya’ fue la película que la puso en el mapa de Hollywood. ¿Cómo la recuerda?
Me sentí abrumada, porque el rodaje fue muy loco y porque había tantas estrellas en el reparto que se generó mucha prensa sobre ella y, de repente, todo el mundo hablaba de mí. Después de esa película, todos los papeles que me daban eran iconos o mujeres fatales. Fue un poco frustrante. Ahora, fi nalmente, se me están abriendo más puertas.
Parece usted decidida a seguir trabajando en Europa, ¿verdad?
No quiero que se me encasille como otra cara bonita de Hollywood. Soy europea y quiero hacer películas europeas. El cine europeo es más complejo, especialmente en sus personajes femeninos. Quiero trabajar en papeles que me asusten, y hacerlo a las órdenes de los mejores directores. Me encanta esta profesión y sigo intentando ampliar mi registro.
Eso se nota. Este año ha trabajado hasta en cuatro películas.
Sí, me encuentro muy bien profesionalmente, he tenido grandes oportunidades y espero que vendrán más. A eso contribuye mi vida personal, porque la comparto con alguien que me está ayudando a seguir el camino correcto.
¿Camino hacia Vancouver?
Sí, por motivos de trabajo él debe trasladarse allí, y yo con él. Es cierto que no es como vivir en París o en Nueva York, pero no siento ataduras. Tu hogar está donde está tu corazón, y el mío está junto a él.
¿Y no echará de menos codearse con el gremio?
Para nada. No soporto estar en esa burbuja en la que uno vive cuando está en Los
Ángeles o rodando una película. Eso no es la vida real. Al menos, no para mí. Yo crecí en un pueblecito en la Baja Sajonia en el que ni siquiera había un bar.
¿Cuáles eran sus ambiciones cuando se marchó de allí para ser modelo en París?
En realidad, no muchas. Nunca llegué a ser muy conocida. A los veintidós años ya estaba aburrida de viajar todo el tiempo y de no tener tiempo de hacer amigos.
Cuando eres joven, esa sensación de soledad puede resultar muy dura. En cualquier caso, ser modelo me ayudó a perder el miedo a la cámara.
¿Se imagina abandonando también el cine?
¿Por qué no? Tal vez dentro de veinte años, para dedicarme a mi familia y a otras
cosas. ¡Ojo!, no digo que vaya a dejar de actuar para ser madre. Mujeres como Cate Blanchett y Kate Winslet se las arreglan perfectamente para serlo y, a la vez, participar en grandes películas. Y yo pienso seguir trabajando duro durante un tiempo.




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