Una mujer en la cima
Fecha: 24/02/2006El ejército es una salida profesional a la que cada vez se apuntan más mujeres. ¿Quieres conocer el día a día de una alférez? Teresa Mañas, especialista en la dura montaña, nos relata su intrépida e interesante experiencia.
9:40h y algunos grados bajo cero
La alférez Teresa Mañas llega al acuartelamiento de Aizoain (Pamplona). Allí está el regimiento América 66 de Cazadores de Montaña, formado por quinientos militares del Ejército de Tierra con un denominador común: su pasión por la montaña. Es una de las especialidades más duras de las Fuerzas Armadas. Teresa es hoy la única mujer del Ejército español diplomada en esta especialidad. Sabe que la vamos a acompañar durante todo el día para hacer un reportaje, pero se muestra natural. «Es un día inusual; llegué anoche desde Barcelona, donde he estado tres días instalando un rocódromo para la feria de la juventud. Hoy tengo que preparar otro viaje. Lo normal, aquí, es formar a las ocho de la mañana en chándal, hacer una sesión de educación física, ducha, desayuno y empezar con la instrucción.» Nos cuenta por qué decidió ser militar.
10:30h al calor de un café con leche…
«No te asustes, ¡son todos chicos!», comenta al entrar en la cafetería de oficiales. En Aizoain hay sólo tres mujeres con el empleo de oficial, pero a la alférez Mañas no parece imponerle en absoluto. «Dos hermanos de mi abuela habían estado en el Ejército. A mí me encantaba ver sus fotos…» Teresa ingresó en el Ejército en 1992.
Después de un año en la Academia de Lleida, otro en Toledo, un Curso Superior de Montaña en Jaca y varios destinos en diversas ciudades, Teresa ingresó en la Academia General Militar y obtuvo el empleo de alférez (el primer peldaño en la escala de oficiales dentro del Ejército). Cuenta con una dilatada experiencia que la ha capacitado para estar al frente de una sección, formada por unos treinta soldados, y en todo momento tiene presentes sus responsabilidades. «Cuando estás al mando de un grupo de personas, tienes que decidir lo que se hace en cada momento sabiendo que de tu decisión puede depender la vida de tu unidad; por eso, la montaña es un excelente campo de entrenamiento para un mando», afirma.
La responsabilidad no es algo que asuste a Teresa, quien confiesa que cuando las mujeres accedan a los cargos de coronel o general será cuando realmente cambien cosas dentro del Ejército. Actualmente, hay cerca de novecientas mujeres en los cuadros de mando de las Fuerzas Armadas, y otras quinientas preparándose para serlo. Pero aún faltan algunos años para que lleguen a los empleos más altos. No es fácil seguirla por los pasillos: en cinco minutos ha pasado por tres despachos. Algunos de los hombres que pertenecen a su sección esperan sus instrucciones. Esto no supone ningún problema: «Si notan que eres una persona que hace bien su trabajo, no tienen ninguna pega.» Todos se dirigen hacia la misma puerta. Es la hora de la comida.
13:10h en el comedor
Una teniente, que es médico, saluda a Teresa cuando se acerca a recoger la bandeja de la comida. «Somos sólo tres mujeres en esta zona del comedor.» ¿Se trata igual a los hombres que a las mujeres? «Las cosas han cambiado mucho. En el Ejército pasó igual que en cualquier empresa que incorpora de repente un cambi hubo gente que lo aceptó desde el primer momento, y otra a la que todavía le cuesta. En los acuartelamientos todos están habituados.» Después de comer, todos vuelven a sus tareas. La alférez Mañas se reúne en el patio con sus hombres para informarles sobre los detalles del viaje que ha preparado durante toda la mañana.
18:00h antes del arriado de bandera
La calma parece haberse adueñado del acuartelamiento. Es el momento de charlar con más calma: «Nunca ha habido diferencias en el sueldo, las mujeres cobran exactamente lo mismo que los hombres de su mismo cargo o empleo. Creo que el Ejército es la mejor empresa que hay en cuanto a protección familiar; tanto madres como padres pueden pedirse la excedencia.» La corneta nos interrumpe. Una tenue luz anaranjada tiñe el horizonte, y Teresa nos despide. Ella se queda en la base porque está de guardia, y es que hay trabajos donde, a veces, cuentan contigo las 24 horas del día.




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Militar por los cuatro costados. Lo digo con conocimiento de causa
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