Código: alta sociedad
La colección Crucero 2010 de Chanel recrea el universo estético de la “high society” veneciana que cautivó a la diseñadora de los años veinte.
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«Mágico», así describió Olivia Magnani, nieta de la legendaria actriz italiana Anna Magnani, su primer desfile de Chanel, el día que Lagerfeld presentó en Venecia la colección Crucero 2010 de la mítica casa francesa. A diferencia de las colecciones de prêt-à-porter, que dictan las tendencias que vemos más tarde en la calle, las líneas crucero o resort se adelantan cada temporada para proponer una maleta de entretiempo perfecta para las ricas ‘jet-setters’ que buscan prendas vacacionales, más ligeras y fáciles de combinar.
La invitación, con un dibujo en tonos pastel de Coco Chanel en la playa del Lido, mostraba una postal idílica de Venecia en los años 20. Entonces, la capital del Véneto era uno de los refugios favoritos de la diseñadora. Gabrielle visitó por primera vez la ciudad de los canales en 1919, junto al pintor José María Sert y su esposa Misia. Antes que Saint Tropez, la playa del Lido fue el lugar de recreo más chic de la alta sociedad.
Allí Coco conoció a Stravinsky y al coreógrafo ruso Serge Diaghilev; y se enamoró del encanto melancólico de sus tesoros, museos, pinturas y del brillo dorado de las cúpulas bizantinas de la basilíca de San Marcos.
Un viaje en el tiempo El desfi le tuvo lugar frente a la playa privada del hotel Excelsior –escenario de la adaptación cinematográfi ca de ‘Muerte en Venecia’, de Luchino Visconti (1971)–, coincidiendo con la puesta del sol. Karl Lagerfeld abrió el desfi le de Chanel con su modelo-fetiche, Baptiste Giabiconi, oculto tras una capa negra y un tricornio, como el playboy italiano Giacomo Casanova.
Tras él, un misterioso grupo de modelos vestidas de negro y la top model de los años noventa Tatjana Patitz, convertida en la madre del joven Tadzio, objeto de adoración (y obsesión) del protagonista de la novela de Thomas Mann.
Sobre la pasarela de madera, en la arena, los diseños del ‘kaiser’ mezclaban las rayas del uniforme de los gondoleros venecianos (imprescindibles en el fondo de armario de Coco Chanel) con «alusiones a las producciones de Cinecittá de los años 30 (las llamadas películas de ‘teléfono blanco’, en referencia al lujo excesivo de los decorados), las cintas mudas italianas de Lyda Borelli y Bertini, los colores de las obras renacentistas, la pintura de Carpaccio, toques de Fortuny, infl uencia bizantina y notas futuristas», en palabras de Lagerfeld.
Un imaginario que, para el deleite de su lista de clientas VIP, se traducía en una colección 100% llevable, con vestidos vaporosos en tonos crema, básicos marineros de punto, accesorios de rayas, botines peep-toe con cuña, brocados dorados y joyas inspiradas en la colección de la fascinante marquesa Luisa Casati.




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